dijous, 29 de desembre de 2011

Obsolescència programada



6 minuts per explicar perquè el sistema econòmic basat en el creixement és contradictori amb la sostenibilitat


dijous, 22 de desembre de 2011

Decrecimiento sostenible, per Joan Martínez Alier

Recuperació de l’article de Joan Martínez Alier “Decrecimiento sostenible” publicat a la revista “sinpermiso” el 22/02/2009
http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=2367


Decrecimiento sostenible

 Joan Martínez Alier
    
La crisis económica actual ha puesto a John Maynard Keynes de moda porque existe capacidad industrial en las economías occidentales que no se aprovecha. Ante el aumento del desempleo, la receta adecuada es un mayor gasto público. Así habrá dinero para cambiar de automóvil y comprar el exceso de viviendas que deprime la industria de la construcción en Estados Unidos, en Reino Unido y en España. Keynes quería que la economía saliera de la crisis de 1929. Dijo explícitamente que lo que ocurriera a largo plazo, una vez la economía se recuperara de las dificultades, no le importaba. Fueron economistas posteriores como Harrod y Domar los que convirtieron el keynesianismo en una doctrina de crecimiento económico a largo plazo. Más tarde llegaron o resucitaron los neoliberales como Hayek, quienes aseguraron que el mercado sabía mucho más que el Estado. Ahora estamos escuchando a banqueros que piden que nacionalicen sus bancos, por favor. Estamos viendo la resurrección de Keynes (o su reencarnación en Krugman y Stiglitz). Pero podemos preguntarnos, ¿un Keynes de corto plazo, para salir de la crisis, o un Keynes también de largo plazo para seguir una senda virtuosa de crecimiento económico?
Es ahí donde entra la actual crítica de la Economía Ecológica. El crecimiento económico se ha basado en la energía del carbón, el petróleo y el gas natural. Parece aconsejable un keynesianismo verde que aumente la inversión pública en conservación de energía, en instalaciones fotovoltaicas, en transporte público urbano y rehabilitación de viviendas, en agricultura orgánica. Pero no lo parece continuar en la fe del crecimiento económico. En los países ricos debe darse un ligero decrecimiento económico que sea socialmente sostenible. Debemos entrar en una transición socio-ecológica. La economía ha de decrecer en términos de materiales y de consumo energético. Existe ya un acuerdo social en Europa para que las emisiones de dióxido de carbono se recorten un 20% con respecto a las de 1990, pero lo que no se había previsto es que, de hecho, al decrecer el PIB esas emisiones ya están disminuyendo.

Pero no sólo hay razones ecológicas para el decrecimiento. Hay psicólogos que han averiguado que la felicidad no aumenta con el aumento del PIB per cápita. Mejor dicho, sí que aumenta a niveles muy bajos, pero no después. Ahora bien, el decrecimiento económico provoca dificultades sociales que hemos de afrontar para que la propuesta antes citada pueda ser socialmente aceptada. Si la productividad del trabajo (por ejemplo, el número de automóviles que un trabajador produce al año) crece el 2% anualmente pero la economía no hace lo propio, eso llevará a un aumento del desempleo. La respuesta ha de ser doble. Los aumentos de productividad no están bien medidos. Si hay sustitución de energía humana por energía de máquinas, ¿los precios de esta energía tienen en cuenta el agotamiento de recursos, las externalidades negativas? Sabemos que no es así. Además, hay que separar el derecho a recibir una remuneración del hecho de tener empleo asalariado. Esa separación ya existe en muchos casos (niños y jóvenes, pensionistas, personas que perciben el seguro de desempleo), pero debe ampliarse más. Hay que redefinir el significado de 'empleo' -teniendo en cuenta los servicios domésticos no remunerados y el sector del voluntariado- y hay que introducir o ampliar la cobertura de la Renta de Ciudadano o Renta Básica.
Cabe plantear otra objeción. ¿Quién pagará la montaña de créditos, las hipotecas y la deuda pública si la economía no crece? La respuesta debe ser que nadie. No podemos forzar a la economía a crecer al ritmo del interés compuesto con que se acumulan las deudas. El sistema financiero debe tener reglas distintas de las actuales. En Europa y Estados Unidos lo que es nuevo no es, pues, el keynesianismo, ni tan sólo el keynesianismo verde. Lo nuevo es el movimiento social por el decrecimiento sostenible. La crisis abre expectativas para nuevas instituciones y hábitos sociales. El objetivo en los países ricos debe ser vivir de forma óptima dejando de lado el imperativo del crecimiento económico.

Joan Martínez Alier es catedrático del Departamento de Economía e Historia Económica de la Universidad Autónoma de Barcelona

El Decrecimiento ya no es una locura


Recuperació de l’article d’Eric Dupin “ La décroissance, une idée qui chemine sous la récession” publicat a “Le Mon Diplomatique” al 2009 en el que fa un repàs de la història del moviment del decreixement a França i explica la relació que ha tingut amb els partits polítics i els moviments ecologistes
http://www.monde-diplomatique.fr/2009/08/DUPIN/17702

EL DECRECIMIENTO YA NO PARECE UNA LOCURA

La crisis ecológica impuso poco a poco la necesidad de definir el progreso humano de un modo distinto al que imponen el productivismo y la confianza ciega en el avance de las ciencias y las técnicas. En Francia, crecen los adeptos al decrecimiento, tanto cerca de los partidos de la derecha antiliberal como entre el gran público.

por Eric Dupin
Traducción: Lucía Vera


Había que ver el aire desconcertado de François Fillon, ese 14 de octubre de 2008, en que Yves Cochet defendía la tesis del decrecimiento desde lo alto de la tribuna de la Asamblea Nacional de Francia. Al diagnosticar una “crisis antropológica”, el diputado Verde de París afirmaba, en medio de las exclamaciones de la derecha, que “ahora la búsqueda del crecimiento resulta antieconómica, antisocial y antiecológica”. Su llamado a una “sociedad sobria” no tenía posibilidad alguna de ganar la adhesión del hemiciclo. Sin embargo, la provocadora idea del “decrecimiento” logró dar inicio al debate público.

La recesión también entró en ese debate. Seguramente el decrecimiento “no tiene nada que ver con la inversa aritmética del crecimiento”, como lo señala Cochet (1), el único político francés de envergadura que defiende esta idea. De todas maneras, el cuestionamiento del crecimiento aparece como una consecuencia lógica de la doble crisis económica y ecológica que sacude al planeta. Súbitamente, se escucha a los pensadores del decrecimiento de manera más atenta. “Soy mucho más solicitado”, se regocija Serge Latouche, uno de los pioneros. “Las salas están llenas en nuestros debates”, dice también Paul Ariès, otro intelectual de referencia de esta corriente de pensamiento.

La propia palabra “decrecimiento” es cada vez más utilizada, incluso fuera de los restringidos círculos de la ecología radical. “En un momento en que los adeptos al decrecimiento ven que sus argumentos son apoyados por la realidad, ¿existe acaso una alternativa entre el decrecimiento súbito o implícito, como es la recesión actual, y el decrecimiento conducido?”, se interrogaba durante la campaña europea Nicolas Hulot, quien, sin embargo, es usualmente calificado de “ecotartufo” por los objetores del crecimiento (2). En su carácter de puntal de Europe Ecologie, el animador declaraba dudar del “crecimiento verde” y pensaba más bien en un “crecimiento selectivo acompañado de un decrecimiento elegido”. “Sólo el decrecimiento salvará al planeta”, expresó el fotógrafo Yann Arthus-Bertrand, cuya película Home, ampliamente financiada por el grupo de productos de lujo Pinault Printemps Redoute (PPR), parece haber contribuido al éxito electoral primaveral de los ecologistas (3).

Algunos partidarios del decrecimiento están convencidos de que la crisis actual constituye una formidable oportunidad para su causa. “¡Que la crisis se agrave!”, exclamó Latouche, retomando el título de una obra del banquero arrepentido François Partant. “Es una buena noticia: la crisis finalmente llegó y es una ocasión para que la humanidad pueda recuperarse”, explicaba ese partidario de la “pedagogía de las catástrofes”, desarrollada en otro tiempo por el escritor Denis de Rougemont (4).

Sin llegar tan lejos, Cochet piensa también que sólo al chocar con los límites de la biosfera la humanidad se verá obligada a volverse razonable. “Ya no habrá más crecimiento por razones objetivas. El decrecimiento es nuestro destino obligado”, previene el diputado ecologista, “geólogo político y un profundo materialista”. Entonces no queda más que esperar que la crisis acelere la toma de conciencia y “preparar un decrecimiento que sea democrático y equitativo”.

Pero este punto de vista optimista está lejos de ser compartido por todos. “No estamos para nada de acuerdo con esta pedagogía de las catástrofes”, se diferencia Vincent Cheynet. El jefe de Redacción del diario La Décroissance piensa que, “si bien la crisis ofrece una oportunidad de interrogarse y cuestionarse, también hay riesgos de que engendre crispaciones y fenómenos de miedo”. “Una crisis importante sería la peor de las situaciones”, piensa Cheynet. “La crisis es una ocasión para recordar que el crecimiento ya no es posible; pero en esos períodos las personas tienden a replegarse sobre sus intereses particulares”, observa Jean-Luc Pasquines, animador del Movimiento de los Objetores del Crecimiento (MOC). Ariès señala, además, la ambivalencia de la crisis: “Por un lado, lleva el sentimiento de urgencia ecológica cada vez más lejos, ya que el momento se presta para la defensa del poder de compra y de los empleos. (…) Pero también muestra que vivimos sobre mentiras desde hace décadas (5)”. La inquietud le disputa un lugar a la esperanza entre aquellos que dudan que la recesión pavimente el camino hacia el decrecimiento.
 

Tímida entrada a la política


El nuevo impacto del tema contrasta con la gran debilidad de las fuerzas políticas que lo invocan. El Partido por el Decrecimiento (PPLD) fue creado en 2006 por Cheynet, ex publicitario y fundador de la asociación Casseurs du pub para que “la urgencia fuera a la conquista de las instituciones”. Sin embargo, los conflictos entre las personas le impidieron existir realmente. “Crear un partido político es muy difícil en ambientes bastante anárquicos”, suspira Cheynet, que no se lleva demasiado bien con todos los “partidarios del decrecimiento”. Nuevos equipos intentaron relanzar recientemente el PPLD. Al mismo tiempo que afirma que el partido atrae “a personas más jóvenes que vienen del mundo asociativo”, su portavoz, Vincent Liegey, reconoce “estamos tanteando un poco”. El PPLD se niega a reivindicar alguna cantidad de adherentes. “No queremos convertirnos en un partido masivo, no buscamos ni adherentes ni electores”, dice curiosamente Rémy Cardinal, otro portavoz de este micropartido.

El Movimiento de los Objetores del Crecimiento se lanzó en 2007. Reúne a unas doscientas personas y a una decena de representantes electos locales en una red muy descentralizada. Como agrupa a militantes experimentados, –como Pasquines, quien fue vocero del PPLD, o Christian Stunt, ex miembro de los Amigos de la Tierra y de los Verdes–, el movimiento se felicita, según dice Stunt, por la adhesión de “muchas mujeres y jóvenes” sus filas.

Al crear juntos la Asociación de Objetores del Crecimiento (ADOC-Francia), el MOC y el PPLD han emprendido un proceso de acercamiento. Ambos movimientos se presentaron en las últimas elecciones europeas bajo el lema “Europe Décroissance” (“Por el decrecimiento de Europa”). Por no disponer de “ningún recurso” y al querer “hacer política de otra manera”, no presentaron boletas para la votación sino que le pidieron a sus electores que las imprimieran ellos mismos, desde de su sitio de Internet. El resultado era previsible: Pasquines, cabeza de lista en la Región Parisina, obtuvo el 0,04% de los votos computados.

Las ideas del decrecimiento tienen un eco sin parangón con estas cifras. “Estoy contra la creación de un partido, en cualquier caso es prematuro”, afirma Latouche. La cantidad de lectores del mensual La Décroissance, fundado por Cheynet en 2004, revela el impacto de esta corriente. Se difunden 20.000 ejemplares –13.000 de ellos en kioscos– y hace uso de un tono polémico cuyas principales víctimas son los “ecotartufos” del “capitalismo verde” y el “desarrollo sostenible”, sometidos a fuertes burlas. Cheynet lo asume: “Estamos en una lógica de disenso que participa en la vivificación de la democracia”.

La revista ecologista Silence, que difunde 6.000 ejemplares desde 1982, publicó en 1993, sin ningún éxito, un primer dossier sobre el decrecimiento, que contenía extractos del libro fundador del inventor del concepto, Nicholas Georgescu-Roegen. Las cosas fueron distintas en el segundo intento, en 2002, cuando surgió el concepto en un coloquio realizado en la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) por la asociación Línea de Horizonte–Los amigos de François Partant, y en el que participaron 700 personas, entre las cuales estuvieron José Bové, Ivan Illitch y Latouche. El número tuvo un gran éxito; Silence dedicó luego varias entregas a los distintos aspectos de ese proyecto. “El decrecimiento es, tal vez, el tema del siglo XXI, pero no sé nada sobre eso”, atempera Michel Bernard, uno de los animadores de la revista, con base en Lyon, al igual que La Décroissance.

Desde 2008, esta corriente de pensamiento dispone también de una publicación intelectual bien elaborada: Entropía. Dirigida por Jean-Claude Besson-Girard, esta “revista teórica y política del decrecimiento”, explora con una loable apertura de espíritu los numerosos problemas que plantea la perspectiva del decrecimiento (6).

Este grupo mantiene vínculos más o menos informales con toda una serie de organizaciones, como las redes ant-inucleares o anti-OGM (Organismos Genéticamente Modificados), el movimiento internacional “Slow Food” (7) o “Slow Cities” y, por supuesto, con todas las asociaciones antipublicitarias: los militantes del decrecimiento prefieren con frecuencia la acción asociativa concreta. La revista Silence privilegia el relato de experiencias que prefiguran la sociedad a construir. “Las ganas de cambiar las cosas pasan por la realización de alternativas”, señala Guillaume Gamblin, uno de sus animadores.

Stunt encarna bien esa militancia anclada en lo concreto. Viejo militante de la ecología política, hoy adhiere al MOC. Pero este guardia forestal jubilado, cuyos hijos producen “cereales al estilo antiguo”, sigue trabajando sobre el tema del “bosque campesino de proximidad”. Practica el decrecimiento: vive en una casa que él mismo ha construido con materiales locales, sin conexión a la red eléctrica, pero que funciona con energía solar. Stunt se siente como en casa en la región francesa de las Cévennes, “donde centenas de personas viven de esa misma manera”. Miembro de la asociación de Habitantes de Viviendas Efímeras o Móviles (Halem), Stunt relata cómo, en abril pasado, una manifestación bloqueó la alcaldía de Saint-Jean-du-Gard que había desmontado una tienda de tipo mongol instalada sin autorización. “Así nos hacemos cargo de la defensa de personas que viven en casas rodantes después de haber sido expulsadas, y que son, frecuentemente, jóvenes de la región parisina”, agrega. La asociación Derecho a la Vivienda (DAL)  le ha propuesto a su asociación integrar el Consejo de Administración.
 

Anticapitalismo y antiproductivismo


Las ideas sobre el decrecimiento no son de ayer. Estuvieron incluso más extendidas en los años 1970 que hoy. Podemos recordar el cómic alegremente antiproductivista de Gébé L’An 01 (El año 01), publicado desde los 70 en Politique Hebdo (8). Y de su consigna un tanto subversiva: “Paramos todo”. El mensual La Gueule Ouverte (La boca abierta) (1972-1980), que anunciaba muy simplemente “el fin del mundo”, destilaba durante esa década una reflexión anticipada sobre el decrecimiento.

Hace unos treinta años, el cuestionamiento al productivismo estaba limitado a un espacio ideológico cerrado. No penetraba en la izquierda, dominada todavía por el Partido Comunista (PC) y por un marxismo ingenuamente “progresista”. Aunque hoy esta corriente es más marginal, también dialoga con facilidad con una izquierda que ha perdido sus certidumbres. Con la crisis medioambiental y el cuestionamiento del valor trabajo, la idea de un casamiento entre anticapitalismo y antiproductivismo avanza.

“El decrecimiento expresa, con un vocabulario nuevo, viejas cuestiones planteadas al movimiento obrero –sostiene Paul Ariès, quien fue comunista en su juventud–. Yo mismo he llegado aquí por la crítica de la alienación. ‘El derecho a la pereza’, ‘vivir y trabajar en la misma región’…: ¡la izquierda no siempre tomó el camino del productivismo!”

La evolución de Jean-Luc Mélenchon es sintomática de la influencia que adquirieron las ideas del decrecimiento en el seno de la izquierda. El fundador del Partido de Izquierda (PG), proveniente de una estricta tradición marxista, que fue en primer lugar militante trotskista lambertista, y después socialista, saluda hoy “la potencia de interrogación” de los partidarios del decrecimiento. “Hay que pensar nuestro modo de vida de otra manera y preguntarse, por ejemplo, si debemos ir cada vez más rápido”, afirma, antes de criticar “el productivismo que insinúa la idea de que todo lo que es deseable debe volverse necesario”. A él se unió Franck Pupunat, animador del pequeño grupo Utopía, cercano a algunas tesis del decrecimiento, y que agrupa adherentes de varios partidos de izquierda. Ariès también acaba de sumarse a ellos.

El Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) también dialoga con los “partidarios del decrecimiento”. Algunas negociaciones, que finalmente fracasaron, habían estudiado la posibilidad de confiar a un militante del decrecimiento el primer lugar en la lista presentada por el NPA y el PG en las elecciones europeas de la región sudeste, donde esta corriente está más consolidada. Representantes de ambos partidos participaron en la “Contre-Grenelle de l’environnement” (Contra-consulta sobre el medioambiente), que tuvo lugar en Lyon, en mayo pasado, para denunciar las ilusiones del “desarrollo sostenible”.

Paradójicamente, las ideas sobre decrecimiento ya no se encuentran entre los Verdes. Cochet se siente muy aislado dentro de su partido. Sin embargo, algunas de sus posiciones no lo ayudan a ser escuchado. El diputado ecologista de París provocó un escándalo, en abril de 2009, al proponer una disminución del monto de las prestaciones familiares a partir del tercer niño, a causa de que un nuevo recién nacido tendría “un costo ecológico comparable a 620 trayectos París-Nueva York”. Él se considera un “neo-malthusiano”, aun cuando admite que su razonamiento es “tal vez demasiado científico”.

 
“Vivir mejor con menos”


La sed de respetabilidad de los Verdes y el peso de sus representantes electos los han alejado de la tesis de formación ecologista que temen que puedan asustar a los electores. Dominique Voynet habría pensado incluso en cambiar el nombre de su partido por el de “Partido del desarrollo sostenible”. En diciembre de 2008, por primera vez, la moción del congreso del partido hizo referencia al “decrecimiento”, pero limitándolo al de la “huella ecológica”. El programa de las listas de Europe Ecologie retomó la misma fórmula, pero agregándole la disminución “del consumo cuantitativo de carne”. En cuanto al Partido Socialista (PS), la ausencia de curiosidad intelectual de sus dirigentes parece protegerlo de cualquier contacto con estas ideas.

¿El decrecimiento es algo más que un eslogan? Ariès habla de “palabra-obús” destinada a quebrantar el productivismo, y Cheynet alaba la capacidad de ese vocablo para “interpelar” a la sociedad. Pero la gran debilidad de este estandarte consiste en no decir nada sobre el futuro deseado. Ningún “objetor del crecimiento” preconiza una simple disminución de la producción en una sociedad con equilibrios que no han cambiado, disminución que podría agravar la pobreza. Latouche concede que los menos favorecidos, especialmente en África, necesitan elevar su nivel de vida material, aun cuando no deberían imitar el modo de vida occidental.

Antes que nada, este espacio se debate entre profundas divergencias filosóficas. Cheynet tiene posiciones republicanas y universalistas, mientras que el africanista Latouche es un declarado “relativista cultural”. “Mi perspectiva es claramente republicana, democrática y humanista”, declara el dueño de La Décroissance, que estuvo comprometido con el Centro en su juventud. “El Estado-nación está superado y tampoco es deseable”, replica Latouche, a quien “no le gusta la palabra universal”. Ariès se ubica del lado de las posiciones republicanas, al tiempo que trabaja con los católicos de izquierda de la revista Golias. Pierre Rabhi, una figura del decrecimiento que intentó ser candidato en la elección presidencial de 2002, representa, por su parte, una corriente espiritualista.

Aunque este espacio está mayoritariamente inclinado hacia la izquierda, su crítica radical al productivismo puede alimentar interpretaciones de inspiraciones muy diferentes. Políticamente, como lo reconoce Cheynet, van “desde la extrema derecha a la extrema izquierda”. Así, el pensador de la “Nueva Derecha”, Alain de Benoist, publicó en 2007 una obra titulada Demain, la décroissance! Penser l’ecologie jusqu’au bout (Mañana, ¡el decrecimiento! Pensar la ecología a fondo).

La relación con la democracia también lo divide. Se oponen a quienes quieren dedicarse a las instituciones y presentarse a elecciones, como Cheynet, y quienes privilegian la democracia directa o el mandato imperativo. “La desconfianza en relación a la democracia representativa es muy fuerte en estos ambientes”, observa el investigador Fabrice Flipo. “Se requiere un refuerzo de la democracia directa, pero también de la democracia representativa”, matiza Ariès. Latouche expresa esta ambigüedad de otro modo: “Creo ser profundamente democrático”, afirma antes de agregar inmediatamente: “Pero no sé muy bien qué es la democracia”.

Pocos partidarios del decrecimiento se arriesgan a precisar a qué se parecería la sociedad a la que aspiran. Sin embargo, en 2002 Cheynet intentó ese ejercicio (9). En “una economía sana (...) el transporte aéreo y los vehículos con motor de explosión estarían condenados a desaparecer (...), reemplazados por barcos a vela, la bicicleta, el tren y la tracción animal”. Se buscaría también “el final de los grandes supermercados, en beneficio de los comercios de proximidad y de los mercados; el final de los productos manufacturados poco caros, en beneficio de objetos producidos localmente”. Aunque la relocalización de las producciones es una idea compartida por todas las corrientes del decrecimiento, muchas de las cuales incluso presentan la idea de instituir monedas locales, no todo el mundo está de acuerdo en llegar tan lejos.

Por otra parte, resulta difícil ver cómo semejante programa podría convencer a una mayoría de electores. Latouche prefiere insistir con el método de elaboración de una “sociedad autónoma” donde rijan las ocho “R”: “Revaluar, Reconceptualizar, Reestructurar, Redistribuir, Relocalizar, Reducir, Reutilizar, Reciclar” (10). Al mismo tiempo que sueña con una sociedad de pequeñas ciudades federadas, aboga en favor de arbitrajes: “El compromiso que debe encontrarse entre la autonomía, casi total pero muy frugal, entre el cazador-recolector y la tecno-alienación, también casi total de nuestros contemporáneos, es un problema político”.

Algunos objetores del crecimiento evitan estas delicadas cuestiones refugiándose en acciones individuales de “sobriedad voluntaria”. Otros creen en las virtudes ejemplares de las iniciativas locales, como la de las “Ciudades en transición”, que agrupan a cerca de ciento treinta comunas –mayoritariamente en Gran Bretaña– comprometidas con el decrecimiento energético y la relocalización.

Pero al decrecimiento le sigue faltando una definición política positiva tan movilizadora como lo fue el socialismo en su momento. “Tenemos dificultades para inventar un nuevo relato para el imaginario colectivo”, deplora Cochet. “¿Qué utopía movilizadora?” se interroga, para responder a la pregunta “¿cómo vivir mejor con menos?” La fórmula “menos bienes, más vínculos”, sin duda no basta. “Ampliar la gratuidad de los bienes de los cuales hacemos un buen uso y prohibir aquellos de los que se hace un mal uso”, preconiza Ariès, precisando que la definición de esos usos será producto de una deliberación política. Y agrega: “El objetivo es reducir las desigualdades sociales”. En realidad, el decrecimiento afectará primero e inevitablemente, a los más ricos, tanto a nivel planetario como en cada país.

Finalmente, lo que en estos debates se transparenta como una filigrana es la cuestión filosófica de la “buena vida”. El desarrollo económico dictado por la dinámica propia del progreso técnico, debería ser sustituido por una lógica de arbitraje democrático. El filósofo Patrick Viveret, que se interesa en los cuestionamientos fundadores del decrecimiento, aunque sin adherir a sus respuestas, rechaza “la prohibición de plantear la felicidad como una cuestión política”, con el pretexto de que eso fue lo que los totalitarismos se arriesgaron a hacer: “Si rechazamos plantear democráticamente la cuestión de un mejor bienestar, ¿en nombre de qué fundar un pensamiento crítico del modo de desarrollo actual?” Liberales o socialistas, los progresistas tienen en común la búsqueda del aumento de las riquezas materiales, reduciendo la cuestión de la felicidad a un asunto privado. Si la finalidad de la organización de las sociedades humanas, confrontadas a los límites físicos de la naturaleza, escapara a ese presupuesto materialista, se abriría un vertiginoso espacio de indeterminación política.


1 Las citas sin referencias provienen de entrevistas con el autor.

2 Nicolas Hulot, “L’enjeu crucial des élections européennes“, Le  Monde, París, 15-5-09.

3 Michel Guerrin y Nathaniel Herzberg, “Arthus-Bertrand, l’image de marque”, Le Monde, París, 4-6-09.

4 Serge Latouche, “Que la crise s’aggrave!”, Politis, París, 13-11-08.

5 Laure Nouhalat, “Rendre la décroissance désirable”, entrevista de Paul Ariès, Libération, París, 2-5-09.

6 Para una crítica radical de esta corriente de pensamiento, véase especialmente los Cahiers marxistes, N° 235, Bruselas, mayo-junio de 2007 y “La décroissance, un point de vue parfaitement réactionnaire”, Lutte de classe, N° 121, París, julio de 2009.

7 Véase Carlo Petrini, “Por una gastronomía militante”, Le Monde diplomatique, ed. Cono Sur, Buenos Aires, agosto de 2006.

8 Gébé, L’An 01, cómic reeditado por la Association, París, 2004, y film epónimo (con Jacques Doillon), MK2, 2006.

9 Bruno Clémentin y Vincent Cheynet, “La décroissance soutenable“, Silence, Lyon, febrero de 2002.

10 Serge Latouche, “Pour une société autonome”, Entropia, n° 5, Malaucène, otoño boreal de 2008.

E.D.

diumenge, 18 de desembre de 2011

dimecres, 7 de desembre de 2011

Economia del be comú

Aquesta és una proposta econòmica  basada  en premiar, a través del preu dels productes , a les empreses que treballen en favor del be comú i castigar les que tenen un comportament contrari.

Adjuntem el vídeo  i el llibre que expliquen la idea



Ves al llibre:


dimarts, 6 de desembre de 2011

Seminari al MACBA



Gestió Econòmica Sense Creixement ( Peter A. Victor)

Traducció de l’article de Peter A. Victor, 2008
Redefining  Prosperity Project
Confronting Structure – Achieving Economic Sustainability 

L’autor crea un model matemàtic  per simular diferents escenaris de futur  i compara què és el que podria succeir al Canadà en tres situacions bàsiques: Nº 1 una economia que continua  fent  el de sempre; Nº 2  una economia sense creixement econòmic i sense cap aplicació de mesures especials per contrarestar els efectes negatius que això comporta  i Nº 3 una economia  amb un creixement baix o nul acompanyat de  mesures polítiques  per contrarestar els efectes negatius descrits en la situació Nº 2 . El model  parteix de les dades actuals de l’economia canadenca i estudia el procés fins el 2035.
La importància d’aquest estudi és  que el  model es pot aplicar  a les economies d’altres països,  especialment  els occidentals i que , per tant, pot ajudar a entendre i a debatre quines accions polítiques s’haurien d’aplicar per aconseguir una situació econòmica que sense créixer pogués  tenir nivells d’atur i de pobresa molt baixos i mantenir  l’estabilitat en els principals paràmetres econòmics.  


Redefinició del Projecte de Prosperitat
Fent Front a  l'Estructura – Aconseguint  la Sostenibilitat Econòmica
Gestió  Sense  Creixement
Peter A. Victor
Professor d'Estudis Ambientals
Universitat de York, Canadà

Introducció

Després de la guerra mundial, l’objectiu del creixement  econòmic  va esdevenir l’objectiu general de la política econòmica dels governs de tot el món, una posició que es manté fins al dia d'avui, fins i tot entre els països més desenvolupats. (OECD 2008). Per raons que ja s’estan  explorant en altres aspectes del projecte de redefinició de la prosperitat, és temps de  reconsiderar la confiança en el creixement econòmic per  crear ocupació, generar ingressos creixents per als serveis públics sense augmentar els impostos i per a l’obtenció de beneficis per part de les empreses, la competitivitat internacional i la inversió.

Temes similars als descrits s’han estudiat en el context canadenc. (Rosenbluth
i Víctor de 2004; Víctor i Rosenbluth 2007;Víctor 2008). Aquest estudi presenta una característica distintiva que és l'ús de LowGrow, un model de sistemes interactius de l'economia canadenca dissenyat específicament per  respondre a la pregunta: podem
tenir plena ocupació, ausència de pobresa, equilibri fiscal i reducció d’emissions d'efecte hivernacle sense haver de dependre del creixement econòmic?

Aquest article comença amb una breu descripció de LowGrow i algunes 
simulacions il·lustratives  de baix / no creixement que estan  directament relacionades amb els temes més rellevants sobre la redefinició del Projecte Prosperitat. Segueixen uns breus comentaris sobre les orientacions polítiques  extretes a partir de les simulacions i finalitza amb una consideració més detallada  sobre l'ocupació en una economia de creixement baix/nul i sobre la generació d'ingressos per als serveis públics.

Explorant el baix creixement i el no creixement a Canadà mitjançant LowGrow

LowGrow és un model quantitatiu aplicat a l'economia canadenca i dissenyat per facilitar l'exploració de diferents hipòtesis, objectius i mesures polítiques. La Figura 1 mostra l'estructura simplificada de LowGrow. La demanda agregada (macro)  es determina normalment  com la suma de la despesa de consum (C), despesa d'inversió (I), la despesa pública (G), i la diferència entre les exportacions (X) i importacions (I). El total de la seva suma representa el PIB mesurat com a  despesa. Per a cada un d'aquests components del model hi ha un equació diferent. Aquest model s’ha calculat amb les dades del Canadà des de 1981 a 2005 aproximadament i en funció de la variable.
La producció econòmica s’estima per una funció de producció Cobb-Douglas a on la funció macro de l'oferta depèn del  treball (L) i el capital utilitzats (K). La variable temps (t) representa els canvis en la productivitat deguts a les millores en la tecnologia, habilitats de treball i organització. La funció de producció es mostra com la oferta macro a la part inferior de la figura 1, la qual estima el treball (L) i el capital (K) necessaris per a produir el PIB  i que, a la vegada,  permeten els canvis en la productivitat a través del temps.

Hi ha una segona relació important entre la demanda agregada i la funció de producció. Les despeses d'inversió (menys l’amortització) que formen part de la demanda agregada, se sumen a l’estoc de capital que veu incrementada la seva la capacitat productiva. A més, capital i treball esdevenen més productius en el transcurs del temps. D'això es desprèn que, en igualtat de condicions, sense un augment de la demanda agregada aquests increments de capital i de productivitat redueixen  l'ocupació. És necessari, per tant,  el creixement econòmic (és a dir, l’augment del PIB) per evitar el increment d’atur com a conseqüència de l'augment de la capacitat productiva.

A LowGrow la població es determina exògenament la qual cosa permet escollir entre les tres projeccions estadístiques canadenques. La població és també una de les variables que determinen les despeses en consum a l'economia. A LowGrow la força del treball ( població activa)  s'estima en funció del PIB i la població.
Figura 1
L'estructura d'alt nivell de LowGrow
Font: Víctor 2008
A LowGrow no existeix un sector monetari. Per simplificar, s'assumeix que el banc central de Canadà regula l'oferta  de diners per mantenir la inflació a un nivell proper al 2% anual. LowGrow inclou un conjunt exògen de taxes d'interès que es manté constant a cada iteració del model. Un cost més alt del crèdit desanima la inversió que, a la vegada, redueix la demanda agregada. També eleva el cost governamental  per pagar el deute públic. El nivell dels preus no està inclòs com una variable a LowGrow, encara que el model adverteix  de les  pressions inflacionàries quan l'atur cau per sota del 4% (plena ocupació efectiva a Canadà). 
LowGrow inclou característiques que són particularment rellevants per explorar el creixement econòmic baix/nul. Inclou les emissions de diòxid de carbó i altres gasos d'efecte hivernacle, un impost  per el carboni, un submodel forestal, una provisió de redistribució dels ingressos i una mesura de la  pobresa mitjançant l’índex de pobresa humana de les Nacions Unides (es a dir, l'IPH-2 per a països de l'OCDE. Consulteu  el programa 2006 per al Desenvolupament de les Nacions Unides). LowGrow permet  fons addicionals sobre la despesa en  salut i en programes de reducció de l'analfabetisme d'adults (ambdós inclosos en l'IPH-2) i estima el seu impacte  sobre la longevitat i l'alfabetització d'adults amb les equacions extretes de la literatura.
A través de les simulacions de LowGrow es poden estimar les  implicacions  dels canvis en la despesa pública a través d'una varietat de polítiques fiscals, entre elles: la variació del percentatge anual  de la despesa pública que pot variar en funció del temps i de l’equilibri pressupostari. LowGrow fa un seguiment de la posició fiscal global dels tres nivells de govern de forma conjunta  (federal, provincial i municipal) mitjançant el càlcul del total d’ingressos i despeses i estimant el pagament del deute basat  en el registre històric. A mesura que el nivell d'endeutament del sector públic disminueix, la ratio dels impostos sobre els ingressos personals i els beneficis també disminueix automàticament en el model de LowGrow, cosa que en línies generals és coherent  amb la política que duu a terme el govern  de  Canadà.
A LowGrow, com a l'economia que representa, el creixement econòmic és degut a la inversió neta que es suma als  actius productius, al creixement del mercat laboral, a l’augment de la productivitat, al creixement de la balança comercial neta, al creixement de les despeses del govern i al creixement de la població. Mitjançant la reducció de les taxes de creixement de cada un d'aquests factors per separat o combinats es poden investigar escenaris de baix/ no creixement. 

Fer el de sempre (business as usual)

És convenient començar a analitzar els escenaris de baix creixement i no creixement establint un cas base caracteritzat per l’absència d'intervencions polítiques. Aquest és el cas  “business as usual”,  “fer el de sempre”,  il·lustrat a la Figura 2.
Figura 2
Fer el de sempre
Font: Victor 2008
A l’escenari  “fer el de sempre”, en el període estudiat que va del inici de 2005 fins al 2035, el PIB real  per càpita augmenta en  més del doble,  la taxa d'atur s'eleva i després cau fins acabar  per sobre del seu valor inicial, la ràtio entre el deute públic i el PIB disminueix  en gairebé un 40%  ja que els governs  canadencs continuaran tenint  excedents pressupostaris, L’índex de pobresa humana  augmenta, en gran part a causa de l'augment previst del nombre absolut de persones desocupades  i les emissions de gasos d'efecte hivernacle augmenta en gairebé el 80%. 

Un desastre sense creixement

El creixement econòmic és desitjat no només pel que ofereix en termes d'augment del nivell  de vida  sinó també pel temor del que podria passar si l’economia moderna decidís desenganxar-se del creixement deliberadament. Aquests temors estan ben fonamentats. A l’economia moderna tant les seves institucions públiques, privades o sense afany de lucre, com els ciutadans de forma individual,  confien en el creixement. L' esperen,  fan plans comptant amb  ell i  creuen en ell.  Adaptar-se a la vida sense un creixement econòmic podria ser una experiència punyent i podrien  anar malament  moltes coses tal com es mostra a la figura 3. En aquest escenari, cap al 2030, el  creixement del PIB  per càpita arribaria a cero eliminant el creixements en la despesa pública, la productivitat  i la població  i aconseguint una  inversió neta igual a cero i un equilibri en el saldo de la balança comercial durant un període de temps començant al 2010.

S’observa que el  PIB per càpita  creix  lleugerament fins que tots els factors que contribueixen al creixement desapareixen  i després torna  a caure al mateix nivell de començaments del  2005. Mentre, la taxa d'atur literalment sortiria  de gràfic, provocant un dramàtic augment de la pobresa. Certament,  la misèria humana que comporta  aquesta situació  s’ha d’evitar a tota costa.


Figura 3 
Un  desastre sense creixement
Font: Victor 2008 
Un millor escenari de creixement baix/nul 

Amb LowGrow  es poden examinar una àmplia gamma d'escenaris de baix creixement i de no creixement. Alguns no són molt millors que el desastre sense  creixement que acabem de descriure , però d’altres prometen més. Un  escenari prometedor és el que es mostra a la figura 4.

En comparació amb l'escenari “fer el de sempre”, el PIB per càpita creix més lentament, estabilitzant-se  al voltant de 2028, moment en què la taxa d'atur és del 5,7%. La taxa d'atur segueix disminuint fins  a un  4.0%  al 2035. Cap a l'any 2020  l'índex de pobresa disminueix del 10,7 fins al 4,9 i s’estabilitza. Aquest és un nivell  sense precedents internacionals. La ràtio deute/PIB  disminueix  fins  a prop del 30% i es manté a aquest nivell fins el 2035. Les emissions  d'efecte hivernacle són a l‘inici de 1035  un 31% inferiors a les del 2005 i un 41% inferiors a les del  seu punt culminant al 2010. Aquests resultats s’obtenen  desaccelerant  el creixement de les despeses públiques, la inversió neta i la productivitat, amb un saldo positiu de la balança  comercial neta, el cessament del creixement de la població, una reducció de la jornada de treball, l’aplicació d’un impost neutral sobre el carboni, i l'augment de la despesa governamental en programes contra la pobresa, d'alfabetització d'adults i de la cura de la salut.
Figura 4
Un millor escenari de  baix/ no creixement
Font: Víctor 2008
Direccions polítiques  per a un escenari de creixement baix/nul

El contrast entre els escenaris de les figures 3 i 4 és impressionant i, naturalment,  planteja preguntes sobre el que fa la diferència. L’escenari  “desastre sense creixement” es basa en l'eliminació sistemàtica de tots els factors representats a LowGrow que contribueixen al creixement sense cap tipus d'ajust compensador. L’escenari de “Un millor escenari de  creixement baix/nul” resulta de l’aplicació  d'una àmplia gamma de mesures de polítiques, algunes  més controvertides que altres , que requeririen transformar l’escenari de “fer el de sempre” de la fig. 2 al tipus d'escenari  il·lustrat a la  figura 4. En resum, aquestes mesures de política inclouen:
  •  Inversió:  reducció de la inversió neta. Canvi de la inversió en béns privats cap  a béns públics a través de canvis en els impostos i les despeses.
  • Força de treball: estabilització a través del canvi en  l'estructura d'edats de la població i l'estabilització de la població.
  • Població:estabilització a través de canvis en la política de migració
  • Pobresa: “trickle down” (degoteig)*  reemplaçat per programes enfocats contra la pobresa i adreçats als determinants socials de la malaltia i a garantir un suport més directe als ingressos.
  • Canvi tecnològic: més lent, més discriminador, més preventiu que no pas “end of pipe” ( final de canonada)**, a través de l'avaluació de tecnologies i canvis en l'educació de científics i enginyers.
  •  Despesa pública: una disminució de la taxa de creixent de la despesa.
  • Comerç: una balança comercial neta positiva i estable (i diversificació dels mercats).
  • Jornada de treball: més curta, més lleure mitjançant canvis en la remuneració, l'organització del treball i de la jornada laboral estàndard  i  polítiques actives del mercat de treball .
  • Gasos d'efecte hivernacle: Ingressos a partir d’un impost neutral sobre el carboni. 
      Per complementar aquestes polítiques:
  • Consum: Més béns públics, menys béns de posició (d’estatus) mitjançant canvis en la fiscalitat i en el marketing. 
  • Medi ambient i recursos:  limitacions  en el  flux de materials i en la utilització de l'espai mitjançant una millor planificació de l'ús de la terra i la protecció dels hàbitats, així com  una reforma fiscal ecològica.
  •  Localització: polítiques fiscals i comercials per enfortir les economies locals
En les dues seccions següents es fa una mirada més detallada de dues àrees polítiques específiques en relació a l’escenari de  baix/ no creixement: les estratègies per a  la plena ocupació i el finançament dels programes de govern.

Creixement econòmic i ocupació

"Llegint  la literatura oficial o professional dels països occidentals d'abans de 1950  es troba, de fet, molt poc interès en el creixement econòmic com a objectiu  polític” (Arndt 1978, citat a Victor 2008.)  Aquesta situació va canviar a la dècada de 1950 de manera que al 1960 l'enquesta econòmica mundial de  la ONU declarava que “la reinterpretació, a la Carta de les Nacions Unides, de l'objectiu de plena ocupació per  adoptar l’objectiu del creixement econòmic constitueix un segon canvi fonamental en el pensament de la política pública. "(Nacions Unides 1960, citat en Arndt 1978 i Victor 2008).

Aquesta declaració de l'ONU es basa en el coneixement dels primers treballs sobre el creixement econòmic de Harrod, Domar i altres, dels quals es deriva que si  la despesa agregada requerida per a la plena ocupació a curt termini amplia la capacitat productiva de l'economia, seran necessaris en el futur  més augments en la despesa agregada si es vol mantenir la plena ocupació. Aquesta relació entre el creixement i l'ocupació s'accentua si la grandària de la força del  treball també augmenta.

L'equació 1 expressa la relació entre el PIB, la productivitat, la força de treball i la desocupació:

PIB = P (1-U) L                                                        (1)

A on:
PIB és el producte interior brut real
P és la productivitat (el PIB real per persona ocupada)
L és la força de treball o població activa (empleats més aturats)
U és la taxa d'atur (aturats / població activa)

Entre 1976 i 2005, el PIB real de Canadà va augmentar un 127,6 %, la productivitat un 37,2 % i la mà d'obra un 65.3 %, mentre que la taxa d'atur va caure del 7,1% al 6,8%. El creixement substancial del PIB només va tenir un petit impacte en la taxa d'atur, ja que tant la productivitat com la força de treball també van créixer. El nombre absolut de persones aturades en realitat va créixer un 27,7%. Al Regne Unit durant el mateix període, el PIB real va augmentar un 133,3%, la productivitat un  102,9% i la força de treball un 14,4%, mentre que la taxa d'atur va caure del 5,4% al 4,9% amb un augment del 4,4% en el nombre de desocupats.

Una via possible per sortir del dilema  creat per aquestes influencies oposades sobre l'atur  és  reduir  el  promig d'hores  treballades  per treballador:  per  tal  de convertir la desocupació per a uns quants en més oci per a molts. Si més persones treballessin  menys hores seria  possible tenir plena ocupació sense haver de dependre tant del creixement econòmic.
De 1976 a 2005 el promig d'hores treballades a l'any pels  canadencs ha disminuït en un 6,3%.  Si la disminució del promig d'hores treballades hagués estat del 9,1% en comptes del 6,3%, al 2005  la taxa d'atur  hagués  estat de 4%  i no del  6,8%   per al mateix augment del PIB i de la força de treball. Al 2005, els treballadors canadencs encara estaven treballant més hores, en  promig, que a molts dels països de la OCDE  incloent Àustria, Bèlgica, Dinamarca, França, Alemanya, Irlanda, Noruega, Suècia i el Regne Unit. Si no hi hagués hagut cap disminució en el promig d'hores treballades entre 1976 i 2005, la taxa d'atur hauria estat del 12,7 % per al mateix increment del PIB, productivitat i força de treball. 
Al Regne Unit, el nombre mitjà d'hores treballades per any va disminuir en un 10,7%  entre 1976 i 2005. Si la disminució de la mitjana d'hores treballades hagués estat del 11,5%,  la taxa d'atur hagués estat del 4% al 2005, donats els mateixos augments del PIB, la productivitat i la força de treball.
La duració de la jornada laboral, inclosos els dies de vacances,  pot tenir un impacte important en la taxa d'atur.  Repartint  la mateixa quantitat de treball entre un major nombre d'empleats la taxa d'atur
La jornada de treball reduïda és  un dels factors inclosos en el escenari de baix/ no creixement de  la figura 3. Durant els 30 anys de simulació, la setmana de treball disminueix un 14,1% en el període 2010-2035 de tal manera que el promig d'hores anuals treballades al Canadà  disminueix de 1.737 al 2005 a 1.492 al 2034. Aquests valors son comparables als nivells propers o ja superats al 2006 per Suècia (1.587), França (1.546), Alemanya (1.437), els Països Baixos (1.367) i Noruega (1.360) (OECD 2007).
Els països europeus han estat més proactius que Canadà i EEUU en la reducció del temps de treball com a instrument de política d'ocupació. L'aritmètica de reduir la taxa d'atur reduint el promig d'hores de cada treballador és convincent. L'assoliment d'aquests guanys en l'ocupació en el món real és una altra cosa però en una revisió dels estudis sobre els efectes de la reducció del temps de treball en l'ocupació, Bosch troba que la majoria de països experimenta un guany del  “25 al 70%  de l'efecte aritmèticament possible” (Bosch, 2000, p.180). Bosch ha examinat l'experiència europea i les sis condicions que ell ha identificat com particularment importants per a l'èxit o el fracàs d'aquesta política es resumeixen en la Taula 1.  Assenyala que  per fer factible una política de reducció de temps de treball per reduir l'atur, la situació política general ha de ser l’adequada. Hi ha d'haver l'acceptació dels empleats, dels sindicats i dels empresaris i el suport de l'Estat.

Taula  1
Polítiques per reduir la jornada laboral
  1. Compensació de salaris - Si la reducció de la jornada laboral i el increment salarial són negociats com un únic paquet, llavors una major reducció de temps de treball pot ser compensat amb augments salarials més baixos. "(ibid p. 182) Això podria ser més difícil amb un creixement baix o nul
  2. Canvis en l'organització del treball - “Les reduccions importants en les hores treball generalment hauran de venir  acompanyades de canvis en l’organització del treball “ (ibíd. p.183) , d'altre manera les empreses tornaran a implantar hores extres i els efectes sobre l'ocupació no es materialitzaran 
  3. Manca de ma d'obra qualificada - "Les polítiques de formació activa són un complement indispensable en les polítiques sobre la reducció de les hores de treball" (ibíd. p.183)  ja que s’ha de garantir que hi hagi treballadors preparats amb la qualificació necessària per  completar la feina que queda per fer  quan els treballadors qualificats redueixin  les seves hores.
  4. Cost fix per empleat – El fet que les prestacions es paguin en base a les persones empleades  en lloc de en base a les hores treballades és un obstacle per a la reducció de les hores de treball  perquè resulta costós pels empresaris. Canadà comparteix amb la majoria de països europeus occidentals la pràctica del finançament de programes socials a través de les contribucions que, en general, provenen dels guanys o  dels impostos. Aquesta pràctica  minimitza aquest el problema dels costos fixos 
  5. L'evolució dels ingressos - "la taxa decreixent del salari real que s’estén a la majoria de els països industrialitzats ha reduït l'àmbit per aplicar reduccions  del temps de treball i dels  augments salarials simultàniament. "(ibid. p.184) Això és un seriós obstacle a menys que hi hagi un ampli suport en l'assoliment de la  prosperitat sense creixement tot i que aquest obstacle es pot mitigar mitjançant  una major redistribució dels ingressos. "Una condició prèvia fonamental per a les polítiques del  temps de treball duta a terme a Alemanya i Dinamarca, per exemple, va ser una distribució dels ingressos estable i relativament equitativa " (ibíd. p.185).
  6. La normalització de les hores de treball – qualsevol  reducció de la jornada de treball estàndard ha de tenir un fort impacte en les hores reals treballades. Si només genera més hores extres per a aquells que ja tenen un lloc de treball aquesta mesura que fallarà en l'objectiu de crear ocupació. És imprescindible que la reorganització del treball  permeti una major flexibilitat de les hores treballades.
Font: Víctor 2008 resumit per  de Bosch 2000
Quant a la política de treball en el futur, Bosch arriba a la conclusió que “les jornades de treball més curtes  són un indicador de prosperitat ". (Bosch, 2000, p. 192) Així ha estat en el passat, encara que recentment hem vist el ressorgiment d'un sector que treballa llargues jornades i "no aconsegueix l'equilibri desitjat en les seves vides entre el treball remunerat, la vida familiar i el temps personal i cívic "(Figart and Golden 2000) Aquests són generalment homes amb alts nivells  d'educació en llocs de direcció. Al mateix temps hi ha persones, més sovint dones, que estan subocupades i mal remunerades. Aquestes circumstàncies contribueixen a accentuar l’augment de la desigualtat en els ingressos. 

El finançament públic dels serveis en un creixement econòmic baix/nul 

El creixement econòmic proporciona als governs un augment de recursos sense un augment d'impostos. En èpoques de creixement ràpid, els ingressos procedents dels impostos dels beneficis de societat, impostos sobre la renda i del valor afegit tendeixen a augmentar més ràpidament que l'economia en el seu conjunt i això permet als governs proporcionar més serveis, invertir més en infraestructures, reduir el deute, reduir impostos, o alguna combinació de tot això. Aquestes són circumstàncies benvingudes  pels governs ja que hi  tenen tant a guanyar amb el creixement econòmic com qualsevol altre. Com es podria aconseguir una manera diferent d’enfocar una economia que renuncia al creixement econòmic com a objectiu polític? 
La comparació de l'escenari  de” creixement baix/nul” (figura 4) i  l'escenari “fer el de sempre” ens pot donar una idea d’aquesta nova perspectiva.
La Taula 2 mostra els valors d'algunes variables clau a l'any base (2004) i als anys 2028 i 2034 per a cada un dels dos escenaris. 
En aquest il·lustratiu  escenari de creixement baix/nul, el PIB per càpita augmenta un 48% des del 2004 al 2028  i després s'estabilitza. El PIB segueix una trajectòria similar arribant a un increment del 61% abans d'estabilitzar-se. Aquest pic en el increment del percentatge del PIB és deu al increment de la població que cessa al voltant de 2025. La Taula 2 mostra com la composició del PIB canvia en el temps en cada un dels escenaris. A l'escenari fer el de sempre la participació  de cada un dels principals components del PIB canvia molt poc, amb un lleuger augment de la proporció de les despeses en consum acompanyat de lleugers descensos en la participació pública  i de les despeses en inversió empresarial. La balança comercial neta fluctua entre el 0 i el 2% del PIB.
A l'escenari de creixement baix/nul la proporció de les despeses en consum es manté al voltant del 58 per cent, les despeses en inversió  empresarial declinen fins  al 12,2%  com a  conseqüència del descens de  la inversió neta cap a nivells de reposició, les despeses públiques en béns i serveis, incloent la inversió pública, s'eleven al 24,5% del PIB i la balança comercial neta s'eleva al 5,3%. L'augment en la proporció de la despesa pública inclou l'augment de les despeses anuals en alfabetització d'adults (0 $ al 2028 i 2034, màxim de 831 m$ al 2012) i cura de la salut (augment fins a 5 b$ a partir de 2019). A més,  la pobresa és eliminada mitjançant l'augment de les transferències a les llars de 10.3 b$ a 2028, 9.6 b$ a 2034 amb un màxim de 15,0 b$ a 2019. La suma total d'aquestes despeses es troba en el seu nivell màxim a l'any 2019 amb 20.0 b$ i disminueix fins a 15.3 b$ al 2028 i fins a 14.6 b$ al 2034, que representen el 3,8%, 2,6% i 2,5% de les despeses totals del govern respectivament.

Taula 2
Comparació dels escenaris fer el de sempre i baix/ no creixement
Any base
Fer com sempre
Fer com sempre
Creixement baix/nul
Creixement baix/nul
Unitats
2004
2008
2034
2028
2034
PIB
m$
1.121.318
2.425.258
2.951.727
1.801.544
1.800.01
PIB per càpita
$
38.053
63.201
74.474
51.894
51.873
Despesa de govern total
m$
247.772
501.666
600.285
413.781
438.507
Despesa de govern per càpita
$
7.589
13.708
15.152
11.919
12.631
Deute/PIB
%
62.1
27.2
22.1
28.5
30.0
Ràtio  ingressos sobre  beneficis
%
23.4
17.1
15.7
17.9
20.8
Ràtio impostos  sobre  beneficis
%
24.3
17.7
16.3
16.1
19.6
Impostos sobre el carboni
$/tona carboni
0
0
0
200
200
Composició del PIB
Consum
%
57.0
58.7
58.6
58.4
58.0
Inversions Empreses
%
19.6
19.6
19.2
13.1
12.2
Govern
%
21.7
20.7
20.3
23.0
24.4
Balança comercial neta
%
1.8
1.1
1.9
5.5
5.4