divendres, 1 de maig del 2015

¿Más crecimiento? Una solución inviable para superar la crisis energética y climática

Publicat al web    Grupo de Energía, Economía y Dinámica de Sistemas de Universidad de Valladolid

Hace unos días se publicó nuestro último artículo en la revista Sustainability Science, que es de hecho una continuación del trabajo publicado en diciembre en el que se presentaba el modelo WoLiM y su aplicación al set de escenarios habituales en la proyección de escenarios futuros. En este trabajo y según las hipótesis consideradas, todos los escenarios explorados resultaban ser, a la postre, no factibles:
Los resultados muestran que una transición energética dirigida por la demanda y el mercado, como las realizadas en el pasado, no parece posible: si las tendencias de demanda continúan se prevé una fuerte escasez antes de 2020, especialmente para el sector del transporte, mientras que la generación de electricidad es incapaz de cubrir la demanda a partir de 2025-2050. Para poder encontrar escenarios que sean compatibles con las restricciones derivadas de los picos de los combustibles fósiles es preciso aplicar hipótesis que raramente son contempladas por las instituciones internacionales o los estudios de GEA como crecimientos económicos cero o negativos.
Por lo tanto, si estos escenarios eran no factibles, era obligado investigar qué escenarios podrían ser entonces factibles, y cuáles serían sus características principales. Así, hemos encontrado que existen elementos para esbozar 3 situaciones alternativas:
  • Escenario B: Un escenario en el que, frente a los declives del petróleo y gas, se estimula intensamente la extracción de carbón como sustituto principal. Los diferentes bloques económicos tienden a reducir sus intercambios comerciales con una competencia directa (que podría ser también violenta) por el acceso a los recursos en el resto del mundo. En términos macroeconómicos, el crecimiento a nivel global agregado aún podría aumentar a un ritmo de +1% al año hasta 2050, lo que en términos del actual sistema económico, sería insuficiente para generar altos niveles de bienestar. Así, en términos de democracia, bienestar o equidad, en este escenario saldríamos bastante mal parados, con un contexto idóneo para el surgimiento de dictaduras y tecnocracias. Sin embargo este escenario sería sólo válido a corto y medio plazo puesto que las enormes tasas de emisiones de efecto invernadero nos llevarían a una situación de caos climático.
  • Escenario C: En este escenario la adaptación a los límites energéticos se realiza por la vía “dolorosa”, esto es, no se pone en marcha ningún proceso para el cambio de modelo socioeconómico y entonces se produce una recesión generalizada en un contexto de regionalización. Se podrían en marcha dinámicas similares a las del escenario C pero en un contexto económico aún más degradado.
  • Escenario D: Se trata del contrapunto positivo. Así, asumiéndose que se produce un cambio de modelo planificado y consciente hacia un sistema no dependiente del crecimiento, una rápida y decidida transición hacia sistemas renovables y un reparto del consumo de energía a nivel mundial (o sea produciéndose un decrecimiento en el consumo de los países industrializados para que los países del Sur puedan alcanzar niveles de más altos), se esboza un escenario que permite entrever que un futuro más amable es posible con voluntad política y social.
  • (Existen otros 2 escenarios, BAU y A que resultan ser totalmente inviables)

Figura 1: Resultados para el escenario D en términos de consumo de energía primaria (izda) y eléctrica (dcha) por fuentes.
El artículo discute en detalle las implicaciones de la convergencia en consumo energético del escenario D en orden de magnitud: así, aquellas personas que vivimos en países industrializados deberíamos reducir nuestro consumo energético a un ritmo del 3% anual (-70% entre el año 2010 y 2050). Esto permitiría a aquellas personas que viven en el Sur (es decir el 70-75% de la población global), incrementar su consumo per cápita en +30% desde los niveles actuales. El nivel de convergencia (50-60 GJ per capita) se encuentra por debajo del umbral para alcanzar un alto nivel de desarrollo en el actual paradigm socioeconómico (Arto y otros 2015), pero se encuentra por encima del umbral para cubrir las necesidades básicas para una vida digna.
¿Cómo repercutirían en el GDP de los diferentes países estas sendas de consumo energético? Encontramos que, aproximadamente, el nivel de convergencia global se encontraría entorno a 12.000 US$, es decir en un nivel ligeramente superior a la media mundial actual. Algunos países que se encuentran actualmente en estos valores son Brasil, Costa Rica, Montenegro o Tailandia. Esto se traduciría en que los habitantes de los países industrializados deberíamos reducir nuestra renta entorno a 4 veces hasta 2050, lo que permitiría a los habitantes del Sur aumentar la suya unas 3 veces en ese mismo tiempo. Aquí es importante resaltar que existe una abundancia de datos abrumadora que indica que, a partir de un determinado umbral de GDP, los incrementos de éste no se traducen en mejoras de bienestar.
De hecho, si buscamos algunos de estos países que cumplen el doble objetivo de situarse en los niveles de convergencia encontrados de consumo de energía y renta, encontramos países con altos niveles de Índice de Desarrollo Humano (IDH) como Montenegro (IDH=0.791), Uruguay (0.789) o Costa Rica (0.77).

Figura 2: Consumo total de energía primaria (izqda) y PIB per capita (dcha) del mundo dividido en 2 grandes bloques (industrializados, azul y Sur, rojo). Hasta 2010 datos históricos, a partir de ese año y hasta 2050 se proyectan los escenarios de convergencia.
Por supuesto, hay muchos matices que no pueden ser resumidos en esta breve entrada, por ello, aquellos interesados tenéis disponible una copia del texto aquí (de momento en inglés).
 
Figura 3: Emisiones de CO2 por escenario. En esta figura se puede apreciar cómo aquellos escenarios dónde se limita el crecimiento presentan un gran potencial de reducción de emisiones de efecto invernadero, estrategia que ya ha sido propuesta por algunos climatólogos eminentes como Kevin Anderson o Alice Bows-Larkin.

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