diumenge, 28 de febrer de 2016

Paris 2015: el único margen, el estado de emergencia mundial

Publicat a Usted no se lo cree

FB_IMG_1435957882332Muchas personas conocedoras del problema climático saben, o intuyen, que la gravedad de la situación es muy superior, y sus consecuencias mucho peores, que lo que puede deducirse de las informaciones y humor de los medios de comunicación generalistas. Sospechan además, con fundamento, que el contenido de los informes del IPCC constituye una muestra de conservadurismo científico favorecido por la supuesta necesidad de no alarmar y presionado por la influencia del negacionismo organizado (1,2).
Pero pongámonos institucionales por un momento y examinemos qué opciones dice creer el “establishment” de la UNFCCC [United Nations Convention Framework on Climate Change] que le quedan a esta civilización global para evitar su propia autodestrucción por la vía climática. Partamos pues de los datos “oficiales” y veamos qué margen de maniobra ofrecerían si fueran ciertos.
La posición de partida, desde la cumbre de Durban de 2011 y cuyos orígenes se remontan nada menos que a la cumbre de Rio de 1992, sugiere que la temperatura media de la Tierra no debe ser superior en +2 °C al promedio preindustrial (3). Por su parte, los datos “oficiales”, sustanciados en los informes del IPCC,  asumen que, con el fin de jugar a alcanzar esta meta con el 66% de probabilidades (que corresponden al literal likely, según la terminología del IPCC), la cantidad máxima de CO2 vertido a la atmósfera entre 2011 y 2100 no debe ser superior a 1 Tt CO2 (1 teratonelada de CO2, o mil billones de kilos) (4). Esto lleva a que, para no superar este (supuesto) máximo permitido, sólo nos sea posible verter 650 Gt CO2 procedentes del sistema energético, a contar desde 2015, una vez descontadas las contribuciones de la deforestación y la industria del cemento (5). Esta es la situación de partida de la COP21.
A partir del último Informe de Síntesis del IPCC se ha calculado con todo rigor que intentar esto requiere nada menos que comenzar a reducir las emisiones inmediatamente (ya vamos tarde), que el ritmo de reducción sea ya del 10% anual en 2025 (!), y que ese ritmo de reducción del 10% sea mantenido durante 25 años, de forma sostenida (!!), de manera que las emisiones sean virtualmente cero en 2050. Todo ello en referencia solamente a las originadas en el sistema energético mundial, alimentación y transporte incluidos.
Eso es en promedio, de modo que los países más ricos o industrializados deberían hacer un esfuerzo todavía mayor, y no digamos aquellos individuos, comunidades o condominios con un nivel de vida superior al promedio de cada país. Todo ello siempre que estas contribuciones a la respuesta no tengan en cuenta las emisiones históricas, a saber, la responsabilidad real de cada uno al estropicio, también la del pasado. De ser así, muchos de nosotros tendríamos que estar ya en emisiones negativas.

¿Se puede?

Pero volvamos a la factibilidad global de la respuesta aparentemente necesaria. Reducir las emisiones un 10% anual, sólo del sistema energético, es una auténtica barbaridad. Reducciones de emisiones del orden del 5% sólo se han dado, en el pasado, en Francia entre 1980 y 1985, cuando sustituyó buena parte de la energía procedente del carbón por un parque nuclear monumental (6) – acción que ahora sabemos ya inútil por la llegada del pico del uranio (7).  En todo caso no supuso reducción alguna de la energía neta a disposición de la sociedad. O tras el colapso de la Unión Soviética durante unos cinco años, con las consabidas reducciones drásticas en la esperanza de vida de sus habitantes (8) o incluso de la vida animal (9) pues, entonces sí, la energía disponible se redujo en gran medida. También vieron reducido su aporte energético los países denominados “satélites”, por ejemplo Cuba o Corea del Norte, pero con resultado desigual – como veremos.

corporate cookbookLo cierto es que una reducción de esta magnitud, y sostenida durante tanto tiempo, si bien es técnicamente necesaria, produce un quebranto fundamental en toda sociedad que lo intente, sin que dispongamos – por ahora – de modelos de sociedades alternativas políticamente viables a gran escala. Por tanto, es de prever que eso no va a ocurrir, desde luego no voluntariamente. Es pues preciso explorar otras alternativas.
Si algo caracteriza el rumbo que ha tomado la modernidad es el imponente desarrollo de la tecnología. Así, muchas personas, y todos los organismos e instituciones, acuden a este terreno en busca de respuestas. Es bien legítimo sospechar que el recurso al mismo instrumento que ha causado el problema no vaya a hacer sino complicar las cosas todavía más. Pero también es posible explorar esta respuesta siempre que tengamos presente que, como decía el sabio, cuando sólo se tiene un martillo, todo parecen clavos. Veamos pues someramente qué puede aportarnos este camino.
Las respuestas tecnológicas que se manejan y las únicas que cuentan, al decir de algunos, con cierto grado de verosimilitud de cara al objetivo de los 2 °C, son básicamente dos: 1) la generación de energía a partir de la biomasa (árboles y plantas) con captación y almacenamiento del CO2 generado (geoingeniería light); y 2) la denominada “gestión de la radiación solar” (geoingeniería hard), emulando el efecto de apantallamiento de los aerosoles de azufre emitidos por las erupciones volcánicas, singularmente las explosivas. Examinémoslas someramente.

Quemar y enterrar biosfera

Si no deseamos emplear el resultado de un proceso digamos industrial (aunque realizado por la propia naturaleza) de concentración de energía procedente de la fotosíntesis del pasado, a saber, los combustibles fósiles, para no añadir más carbono a la atmósfera, podemos usar la capacidad de fotosíntesis del presente para absorber el carbono de la atmosfera actualmente en exceso, mediante los seres ahora vivos o todavía por nacer. Pero ahora con la condición de que el CO2 generado – inevitablemente – tras su incineración con fines energéticos sea confinado en algún sitio, en principio para toda la eternidad, un poco como ocurre con los residuos nucleares. Idealmente, lo mismo podríamos hacer con la combustión de cualquiera de los combustibles fósiles – carbón, petróleo o gas natural – con la única diferencia de que no estaríamos retirando previamente carbono de la atmósfera para después enterrarlo.
Pero la generación de energía eléctrica a partir de la biomasa con secuestro del CO2 (BECCS, BioEnergy with Carbon Capture and Sequestration) presenta todos los problemas de la generación con biomasa y todos los problemas del CCS. Los de la biomasa tienen que ver con su coste excesivo, que no es otra cosa que la materialización de una tasa de retorno energética (TRE) bajísima, inferior a la unidad en muchos casos (10,11). Y es que suponer que podemos producir  gratis lo que la Tierra ha necesitado millones de años en concentrar es de una arrogancia antropológica excesiva.  Todo ello sin contar con que la competición de estas plantaciones energéticas con las destinadas a la alimentación iría sin duda en detrimento de estas últimas (12). Pero vamos a suponer que esto de la biomasa funciona, que ya es suponer, y que puede funcionar a escala masiva, lo que sin duda es suponer demasiado. Solo para poder seguir con el razonamiento BECCS.
Preguntémonos ahora por el secuestro de CO2, sobre el cual bastará con tener en cuenta dos cuestiones principales, que llevan a una conclusión. Una, que para ese proceso de almacenamiento – subterráneo o suboceánico – tenga lugar se requiere desde luego una energía adicional, que puede llegar a ser del 80% de la energía de base (13), y que desde luego habrá que generar supongamos, por simplificar, que toda ella en la misma instalación. Luego ya vemos que el rendimiento de la planta va a disminuir, porque para entregar la misma energía que antes al sistema eléctrico habré tenido que producir más energía que sin todo el montaje necesario para el almacenamiento. Otra, que el porcentaje de gas carbónico captable, conducible y almacenable sin fisuras (o sea permanentemente) está hoy todavía lejos del 100% (14).
Nos damos cuenta aquí de un límite. ¿Qué ocurre si consigo enterrar una cantidad de CO2 que no alcanza a ser la que corresponde a la generación en exceso que he tenido que realizar precisamente para almacenar el gas? Pues que mejor que no haga nada, porque estaré entregando la misma energía al sistema eléctrico y emitiendo más CO2 que antes, entre otros inconvenientes no menos onerosos.
Pues bien. Tras muchos años de investigación, plantas piloto, y decenas de miles de millones de euros, dólares y demás destinados a este campo CCS, este umbral no ha sido superado. Muchos proyectos han sido abandonados al haberse convertido en un sumidero inacabable de dinero, sin perspectivas de mejora suficiente (15). Algunos se mantienen todavía gracias a fondos públicos en grandes cantidades, requiriendo revisiones permanentes de presupuesto (16). Pero recuerde: si en algún momento ve que una instalación ha tenido cierto éxito tecnológico, no dé el problema por resuelto. El problema seguirá residiendo en la necesaria escalabilidad, en su despliegue masivo. Según la moderada Agencia Internacional de la Energía habría que hacer como mínimo 1.500 instalaciones de CCS antes de 2035, y que funcionaran (17).

Gestionar la radiación solar

De la otra tecnología en la reserva, la “gestión de la radiación solar” (SRM: Solar Radiation Management) ya ni le hablo, y no sólo por no alargarme demasiado (traté este tema aquí). Muchos científicos se han referido, ya desde los años 50, al vertido masivo de gases de efecto invernadero a la atmósfera como un experimento, sólo que a escala planetaria (18). Tal como ellos nos advirtieron, el invento ha salido mal, y ahora queremos reparar el desarreglo con experimentos de mayor calado todavía y para los que no disponemos, ni podremos disponer nunca, ni de prototipos para hacer pruebas, ni de margen de aprendizaje suficiente, ni tan sólo de un lugar adonde huir si no funcionan.
De modo que con una tecnología (BECCS) en el mejor de los casos o dejamos de cultivar alimentos o no le hacemos al sistema climático ni cosquillas, y con la otra (SRM) corremos el riesgo de arañarlo hasta tal punto que se nos desangre a ojos vista, no sin antes revolverse furiosamente contra todos nosotros.
Por lo demás, querido lector, le supongo mínimamente familiarizado con las limitaciones de las energías alternativas (19). Efectivamente, todas las energías llamadas renovables comienzan a presentar problemas a partir de cierto punto de su necesaria escalabilidad, en forma de interacciones excesivas entre sí y con el entorno, y de rendimientos decrecientes, cuando no de escasez de los materiales necesarios. Su baja densidad energética es también un hándicap insuperable (20), y la reducción de la tasa de retorno energética por debajo de la unidad cuando se implantan acumuladores para contrarrestar su intermitencia no las hacen aptas para sustituir a los combustibles fósiles a la escala necesaria para mantener el orden actual (21).
Además no hay todavía un acuerdo suficiente entre la comunidad científica sobre cuál pueda ser la cantidad máxima de energía concentrable por unidad de tiempo con el uso de estos equipos, pero todo apunta a que no sólo es menor que la que actualmente nos suministran los combustibles fósiles, sino mucho menor (22). Así, cuando oiga hablar de “un 100% renovable” frunza el ceño primero, y pregúntese después a qué cantidad de watios sin interrupción corresponde ese 100%.
Está bien como meta, y algún día será así sin duda. La lucha por las energías renovables es de las que más sentido tienen en la actualidad. Pero de ahí a creer que pueden sustituir a las fósiles, o más o menos, hay un trecho físicamente insuperable. No le dé más vueltas: la energía neta a disposición de la sociedad, renovable o no, aquello que hace que las cosas funcionen, que nosotros funcionemos, es ya menguante y lo será cada día más. Ello equivale a que la capacidad de carga de la Tierra, ese “ghost acreage” del que hablaba William Catton (23), disminuya inexorablemente.

Lo que hay bajo la alfombra

Hemos visto los caminos oficiales, los que serán venteados por los medios de comunicación sin matiz ni letra pequeña ninguna en relación a París 2015. Nos hablarán de un “desacoplo” entre la actividad económica y la energía – sólo posible a nivel global si alguna vez dejan de cumplirse las leyes de la termodinámica; nos hablarán de transiciones hacia energías verdes o bajas en carbono mediante la implantación de impuestos que no superan las propias fluctuaciones en los precios de mercado de los combustibles fósiles. Pero en ningún momento se cuestionará el crecimiento, auténtico tabú comunicativo de nuestros días y resultado del dominio totalizante del mercado y del sistema financiero sobre todos los órdenes de la vida. Se querrá mantener la ilusión del “incrementalismo escapista” (24), pues la radicalidad de las acciones necesarias queda bien fuera de la conservadora agenda mediática y de unas instituciones internacionales pensadas sólo para cuando se creía que todo crecimiento era bueno.
En todo caso es fundamental saber que, para llegar a ese escenario oficial, y proponer estas soluciones oficiales, ha habido que realizar distintas suposiciones, muchas de ellas heroicas – o sea, rayanas en lo inverosímil.
La primera suposición consiste en creer que lo que es técnicamente viable lo es también económicamente, o es política y socialmente aceptable. En principio, mañana mismo podríamos dejar de verter todo gas a la atmósfera salvo nuestra propia respiración. Pero, sin más preámbulos, moriríamos (casi) todos de sed o de hambre en pocas semanas. Reducir las emisiones al 10% anual supone en todo caso reducir también en gran medida la cantidad de energía neta a disposición de la sociedad. Lo cual, sin más preámbulos, produciría asimismo una importante reducción de la población. Pero cuidado, porque hay maneras distintas de hacer las cosas, en función del criterio ético que se priorice y de la importancia que se le otorgue. El caso de Cuba es paradigmático a este respecto: su “periodo especial”, consecutivo a la caída de la URSS en 1989 y por tanto a la drástica reducción de sus suministros energéticos, evitó los decesos al máximo, y concluyó con una reducción promedio de la masa corporal de la población de 7 kg (25). En los demás lugares murieron millones de personas, también en Corea del Norte (26).
Hay una segunda suposición, y es que en todo lo anterior no se han considerado otros gases de efecto invernadero distintos del CO2, ni tampoco la pérdida de apantallamiento (efecto de enfriamiento) resultante de la reducción de los aerosoles de azufre que origina la combustión del carbón. El forzamiento climático conjunto resultante de todos los gases de efecto invernadero distintos del CO2 de origen antrópico es comparable en orden de magnitud al del propio CO2. Por otra parte, la reducción de la combustión del carbón produciría una disminución de los aerosoles de azufre capaz de provocar un aumento de la temperatura media de la Tierra entre 1 y 3 °C (27).
La tercera suposición está relacionada con la afirmación de que dos grados más son “soportables”, “seguros”, o casi. Esto se lo he oído decir a personas relevantes, bien informadas, añadiendo que eso es “lo que dice la comunidad científica”. Querido lector, esto es falso. Esto no sólo no lo dice la comunidad científica, sino que esta misma comunidad dice exactamente todo lo contrario. A diferencia de lo que se suele creer, esta es una posición meramente política, sin respaldo científico alguno (28). Puede ver la historia económico-religiosa de los famosos 2 grados aquí.
Burning emebrs
“Burning embers”: Los “cinco motivos de preocupación” tal como fueron establecidos en el informe del IPCC de 2001 y su revisión de 2009, que no llegó a ser incluida en el informe de 2009 – aunque si en el de 2014.
Lo que dice la comunidad científica es que una temperatura media de la Tierra dos grados superior a la preindustrial corresponde a un nivel del mar 15-25 metros superior al actual – una vez el planeta haya alcanzado un nuevo equilibrio, como ocurrió en los últimos interglaciares (29). Lo que dice la comunidad científica es que dos grados más respecto a la temperatura preindustrial hacen que la mayoría de los denominados “cinco motivos de preocupación” de la figura entren en zona roja. Lo que en realidad dice la comunidad científica es que +2 °C son de hecho la “frontera entre el cambio climático peligroso y el muy peligroso” (30), y que son una “receta para el desastre” (31). De modo que, conocedores ya de las consecuencias, llevan años, décadas incluso, advirtiendo que plantear este objetivo como “seguro” constituye un engaño masivo de proporciones bíblicas además de una irresponsabilidad de magnitud insuperable.
Todo esto lo dice la comunidad científica, al menos en privado, pero hoy sabemos ya que esta comunidad, conservadora por naturaleza (y necesidad), está sometida a un conjunto de procesos inherentes, y condicionantes externos, que hacen que, cuando se manifiesta, lo haga siempre de forma moderada, y casi siempre de forma muy moderada (32). Son distintos los factores que influyen, y que fueron desgranados aquí antes de que hubiera sido analizada con rigor la influencia y el marcaje de la agenda científica por parte del negacionismo organizado en el efecto denominado seepage, o “filtración” (33). Ya estamos acostumbrados a que cada informe del IPCC sea más alarmante que el anterior en casi todas sus previsiones, por lo que podemos preguntarnos cuántos empeoramientos más serán necesarios para que la correspondencia entre lo afirmado y la realidad sea la correcta. Más acostumbrados estamos todavía a que, cuando se realizan medidas in situ, los resultados siempre sean “peores que lo esperado”, peores en todo caso que las peores situaciones imaginadas en los informes. No es el caso de la evolución de las emisiones, que se sitúa en el límite superior de todos los escenarios considerados (34), de modo que lo que no está todavía bien caracterizado es el propio sistema climático. Aunque sí sabemos hacia qué costado cojea.
Y no es un problema estrictamente científico: vale la pena a este respecto conocer la opinión de un insider, Kevin Anderson, del Tyndall Centre for Climate Change Research de la Universidad of Manchester, expresada en Nature, la revista científica de mayor prestigio mundial, el pasado mes de octubre:
“Ocurre simplemente que nosotros los científicos no estamos preparados para aceptar las revolucionarias implicaciones de nuestros propios hallazgos, e incluso cuando lo conseguimos somos reticentes a proclamar estos pensamientos abiertamente. En cambio, mi longeva implicación con muchos colegas científicos hace que no tenga ninguna duda de que, aun cuando trabajan con diligencia, muchos eligen al final censurar su propia investigación.” (35)
La censuran, ajustando parámetros, sin otro fin que el de entregar resultados que sean asumibles por el paradigma económico-social dominante, cuando lo que en buena lid deberían hacer es mostrar que el problema es precisamente ese paradigma, dentro del cual no hay solución posible.
Diagrama que muestra el riesgo de desestabilización (tipping points) de distintos subsistemas del sistema climático de la Tierra en función de su incremento temperatura media respecto al año 2000 (237). No le extrañe que una nueva revisión haga descender el rojo hacia abajo, y mucho más en el caso del permafrost.
Diagrama que muestra el riesgo de desestabilización (tipping points) de distintos subsistemas del sistema climático de la Tierra en función de su incremento de la temperatura media respecto al año 2000. Una nueva revisión hará sin duda descender el rojo hacia abajo, y mucho más en el caso del permafrost, que muchos dan ya por desestabilizado.
Por otra parte, recuerde siempre que los 2 °C no son 2 °C solamente. Este es el umbral a partir del cual se da ya por cierto que se activan, o se habrán activado, distintos bucles de realimentación positiva del sistema climático (36), algunos de los cuales sospechamos que en todo caso se han activado ya (37). Es decir, es la propia Tierra la que comienza a emitir CO2 y metano en cantidades comparables a las nuestras. Runaway climate change, le llaman, sin que se sepa bien cuándo se detendría el proceso o bien si acabaríamos como le sucedió a Venus hace algún tiempo.
Uno de los problemas del IPCC, si no el mayor, es que su Grupo III, el de la mitigación, ha sido cooptado por los economistas neoclásicos (38), incapaces estructuralmente de renunciar al crecimiento y condicionados, al parecer de forma irreparable, a considerar, en grados diversos, que el futuro vale menos que el presente. Y que imponen sus soluciones, que son pues de base ideológica, con una apariencia intolerable de ciencia rigurosa apantallada por un formalismo matemático de apariencia erudita.
Estos economistas, entre los que se encuentra el quintacolumnista del negacionismo organizado Richard Tol, famoso por sus duendes, pero donde hay que incluir también a economistas del cambio climático supuestamente confiables  como Nicholas Stern o William Nordhaus, hacen uso de unos modelos que, a estas alturas, incluso ellos deben saber ya lo fraudulentos que son. Los denominados modelos integrados económico-climáticos (IAM: Integrated Assessment Models), no sólo cuentan con todos los inconvenientes de los modelos clásicos de “equilibrio general” de los economistas del crecimiento, a saber, valoración sólo económica de las cosas, de la naturaleza y de la propia vida humana; inclusión de tasas de descuento del futuro, ahora a largo plazo, de modo que, por ejemplo, nuestros hijos valen menos que nosotros; además de fantasías tales como suponer que todos conocemos todos los precios del presente y del futuro de todas las cosas. Aparte de emplear por lo general versiones muy simples del sistema climático y no digamos del ciclo del carbono, a estos modelos integrados se les condiciona por la puerta de atrás, en silencio, con, entre otras fechorías, los denominados “pesos Negishi” (39). Esto consiste en impedir que el orden en la posición relativa actual de los países con respecto a su PIB se vea alterado como consecuencia de la política climática, excluyendo de los resultados posibles aquellas políticas que lo permitieran aún cuando fuesen más efectivas en términos climáticos o económicos globales. El poder, el status quo, se cuela así en las ecuaciones, cual espectro invisible que atraviesa los ya de por si endebles muros de protección de los colectivos preocupados por el bien común.
Así, bajo la benigna denominación de “análisis coste-beneficio” y apariencia técnicamente neutra se oculta una enorme cantidad de ideología limitante de la que nadie, o casi nadie, se entera. No es pues de extrañar que estos economistas acaben tuneando sus modelos con la inclusión de posibilidades meramente especulativas en forma de emisiones negativas imaginadas o de experimentos de alto voltaje – cuando no haciendo retroceder el tiempo (40) – cuando se encuentran con que, aún con toda esa parafernalia añadida que los separa de la realidad – siempre en el mismo sentido – los resultados de los modelos siguen sin ser vendibles al poder establecido. Bueno, ellos ya están acostumbrados a eso, no sienten inquietud espiritual ni vergüenza alguna por ello. Pues el mercado remunera adicionalmentre estas prácticas.
La última de las suposiciones a las que me refería no se le habrá escapado, querido lector, porque no es tal. Ya la he mencionado. Todo ese montaje megalómano – que, suponiendo que fuera de posible implementación, estaría condicionado a que esas suposiciones ocultas no aplicaran – presenta una probabilidad de no alcanzar el objetivo de los +2 °C, que sabemos ya que no es seguro, nada menos que de 1 sobre 3. Es como jugar a la ruleta rusa con dos balas en el cargador. Añádale si quiere otra bala y media o dos si quiere dar cuenta de todos los efectos y suposiciones reseñados hasta aquí. Este es el margen que nos queda y que, llegados a este punto, sólo podremos dejar al albur del azar. ¿Decide usted que vale la pena jugar?
Obviar todo esto, por conveniencia política o interés económico, o para no poner en peligro la financiación del departamento o la credibilidad frente al establishment es uno de los mayores crímenes imaginables, pues impide que la sociedad genere el momentum suficiente como para prepararse para el caso peor, que es lo que toda persona responsable y decente debería estar promoviendo ya.

Llegar hasta aquí

Nada de esto, en definitiva, debería extrañarnos demasiado. Una civilización que ha requerido de la violencia para iniciarse por la vía de los cercamientos y la desposesión generalizada de bienes comunales; una civilización que necesita, de forma inherente e inmanente, de la expansión geográfica continua y acelerada sólo para su mantenimiento, con o sin la aquiescencia de los invadidos; una civilización que ha decidido despreciar al resto de la biosfera y tiene la arrogancia de querer dominarla para sus exclusivos fines; una civilización así biocida, una civilización que permite todo esto, y que encima va de arrogante por la vida y no se quiere dar por enterada de este su lado oscuro, no debería extrañarse de que la realidad se revuelva contra ella y amenace con liquidarla o lo haya decidido ya.

Interpretación de Gail Tverberg de las dinámicas de evolución de las civilizaciones a partir de Turchin & Nefedov (2009) (42)
Finalmente, la insistencia mediática en el peligro climático nos podría estar ocultando un peligro mucho más inminente: la reducción de la energía neta a disposición, no tanto voluntaria, como forzada por la propia naturaleza al haberse superado ya los picos del petróleo, del carbón, probablemente del uranio y estar en ciernes el del gas. ¿Sería posible que esta situación permitiera una reducción de emisiones que evitara el cambio climático peligroso? No, insisten los especialistas. Las 550 ppm de CO2 están garantizadas con los combustibles extraíbles y los dos grados de más serían superados en cualquier caso, pues se alcanzará como mínimo esa concentración (41). Y  sería de extrañar que, cuando los fósiles escaseen un poco más que ahora, nos dedicáramos a quemarlo todo para poder seguir alimentando nuestra sedienta megamáquina.
Estimación de la evolución de la producción energética según Gail Tverberg (108)
Evolución de la producción de energía según Gail Tverberg (2014). El efecto de la deuda provoca un colapso abrupto a partir de 2015 (42).
Bueno, todavía queda la esperanza de que el sistema económico se vaya al garete a corto plazo por insostenibilidad de la deuda y no quede, como si la hubo en 2008, disponibilidad económica suficiente como para mantener no ya el sistema financiero, sino ni tan sólo la propia red eléctrica, y no digamos la mayoría del transporte. El colapso en su máxima expresión. Esta es la situación sobre la que la economista estadounidense de análisis del riesgo Gail Tverberg nos alerta repetidamente en sus textos, y que dan lugar a los gráficos de la figura (42). En este caso sí, (sólo) tal vez, la reducción de emisiones sería la necesaria… y ya se imagina usted a qué precio.

Conclusión: no se puede

Estamos pues frente a un objetivo, los endiablados dos grados de más, no sólo inapropiado sino también irrealizable, y París 2015 debería ser el momento en que ya no sea posible disimular este hecho públicamente por más tiempo. Pero cuidado con los nuevos eufemismos. Una de las posibles salidas por la tangente de la convención parisina consistiría en establecer un objetivo menor pero más próximo, por ejemplo “1,8 °C en 2050”, aún a sabiendas de que los retardos del sistema climático harían que, inexorablemente, la temperatura siguiera aumentando – e incluso a sabiendas de que difícilmente se cumpliría. O permitir un overshoot, una extralimitación, haciendo ver esta vez que se podría volver la temperatura hacia atrás (40), en una nueva oleada de engaño masivo: recordemos que el cambio climático es virtualmente irreversible (44). La verdad es que las agencias de relaciones públicas y los nuevos think tanks contratados para la ocasión (45) lo tienen esta vez bastante más crudo que en Copenhague para penetrarnos con nuevas vaselinas comunicativas. Ya les vamos viendo el plumero.
El caso es que una vez se ha llegado a un punto como este no tiene ningún sentido seguir haciendo como que no pasa nada. Fiarlo todo a que el ingenio humano, el mercado, los ricos, Dios, todos a la vez, o quizás alguien más, proveerá, no es más que una forma de regresión a la infancia desde nuestra adolescencia presente henchida de todopoder.
Lo siento muchísimo, pero nada de esto va a ocurrir. El Titanic ha chocado ya, y no vamos a evitar el hundimiento sustituyendo los motores de carbón por quijotescos molinos de viento. Hemos llegado tarde para eso, si es que alguna vez fue posible. Ahora no queda otra posibilidad que reunir a toda prisa el máximo número de botes salvavidas, optimizar su capacidad y adelgazar todos un poco para que quepan cuantos más mejor.
De modo que hay que reconocer el estropicio, sus consecuencias y nuestra responsabilidad en él (si bien claramente en distintos grados) y disponernos, ahora si, a hacernos mayores de una vez. Asumiendo nuestra obligación.
Nuestra obligación no es otra que decirnos la verdad, esta verdad, toda la verdad. Seguir con los eufemismos y con el optimismo de la voluntad no sirve en este caso y menos a estas alturas, y no tiene otra consecuencia que continuar con el aturdimiento colectivo y con el derroche de energías ya escasas en tareas o reivindicaciones imposibles, inútiles en el mejor de los casos. Ignorar, disfrazar o dulcificar el problema para mantener el navío a flote, solo un rato más, comprando tiempo para que unas élites se reunan confortablemente buscando una “solución” es ignorar, disfrazar o dulcificar la realidad, y el precio de hacer esto es siempre elevado. Y tiene consecuencias singularmente desastrosas en este caso, pues hay que recordar que no son sino estas élites las que nos han conducido por la trayectoria del impacto. Si algo van a intentar hacer es salvarse ellas, y sólo ellas[1].
Convendrá pues conmigo, a la vista de todo lo anterior, en que el único margen que en realidad nos queda es la declaración a corto plazo del estado de emergencia mundial. Revulsivo condicionado, desde luego, al establecimiento previo de un programa de suficiencia nutricional y sanitaria para todos los habitantes de la Tierra, de modo que el sistema económico se oriente a estas dos funciones como las prioritarias y virtualmente únicas, al tiempo que se establece algún mecanismo que garantice la confiabilidad de la información en los medios que queden, sin presiones corporativas ni elitistas, ni posmodernismos disolutores. Basta de progreso, que tenemos ya bastante y no lo hemos sabido emplear responsablemente. Dispongámonos a salvar a cuantos podamos, y salvemos todo lo que podamos, singularmente el conocimiento alcanzado y la belleza. Organicemos un Arca de Noé en la que quepamos todos. El progreso ya lo retomarán otros, cuando se pueda: ahora lo que toca es digerir el atracón.
Deseemos pues que la convención de París constituya por lo menos una toma de conciencia de cara a la búsqueda de un camino transitable hacia el menor malestar posible para todos, o por lo menos para aquellos dispuestos a adelgazar y a compartir. Y sobretodo para nuestros descendientes.
Tal vez entonces hasta las armas callarían. Parafraseando a Manuel Azaña, podría producirse un gran silencio, que aprovecharíamos para analizar serenamente cómo es posible que hayamos llegado hasta aquí. Para no volver a repetirlo nunca más.
Notas
[1]Hay cierto establishment, menguante, que no se cree todo esto o que cruza los dedos confiando en que no sea tan grave. Pero hay otro, creciente, que tiene suficiente acceso al conocimiento integrado como para saber que nos encontramos en un callejón sin salida, y que también a ellos se les han acabado los conejos en la chistera, aunque cobren por simular lo contrario. ¿Quiere usted un búnker? Los hay baratos, por sólo un millón de dólares. También los hay de lujo, que las diferencias hay que marcarlas hasta en el más allá, como los faraones egipcios. Pero yo, y probablemente usted, querido lector, no estaremos entre los elegidos que durarán vivos, ahí enterrados, sólo unas pocas semanas o meses más que el resto de los mortales.
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dijous, 25 de febrer de 2016

Cinco años para evitar la debacle de 'El Planeta de los simios'

Article publicat a El Confidencial

Emilio Santiago Muiño nos saca los colores

El libro 'Rutas sin mapa', premio Catarata de Ensayo, contiene un potente programa para afrontar el desastre ecológico

Foto: Fotograma de 'El amanecer del planeta de los simios'
Fotograma de 'El amanecer del planeta de los simios'
Un libro corto y contundente está sacudiendo el activismo en España. Se presentó la semana pasada, desbordando las expectativas. “Mi novia llegó diez minutos tarde y no pudo entrar”, explica el joven antropólogo Emilio Santiago Muiño, con un gesto de rubor. El texto ha ganado el premio Catarata de Ensayo. Su tesis planta cara al delirio consumista y al deterioro ecológico (válgamos la redundancia). El título completo es 'Rutas sin mapa: Horizontes de la transición ecosocial'. Huyendo del tono catastrófico, con ánimo cálido y constructivo, nos ofrece una útil composición de lugar. Debajo de su estilo mesurado, aparece un bofetón a nuestro modo de vida, además de una denuncia del sonambulismo de la izquierda y la derecha en cuestiones ecológicas.


Rutas sin mapa
Rutas sin mapa
La portada del libro reproduce la escena más famosa de ‘El planeta de los simios’, donde Charlton Heston va caminando por la playa y se encuentra enterrada la Estatua de la Libertad. En la página veintitrés dices lo siguiente: “Podemos contar con aproximadamente un lustro para efectuar una gran intervención pedagógica con vistas a crear un estado de opinión pública capaz de conformar una mayoría mayoría social en pos del cambio”.
Pregunta. ¿Solo nos quedan cinco años? 
Respuesta. Me parece importante poner una fecha. Lo que intento decir es que ya no se puede organizar una transición ordenada. Cinco años es una fecha manejable a nivel mental. La oportunidad de hacer las cosas bien ya la hemos perdido. En nuestro escenario, ya nadie nos libra de unos niveles de sufrimiento social alto. Eso lo tengo claro. Lo que quiere decir “cinco años” es que hay que actuar ya porque el panorama es muy sombrío. Ya no podemos tomar tierra de manera normal, solo intentar un aterrizaje de emergencia.
P. ¿De qué tipo de sufrimiento social hablamos?
R. A todos los niveles. Los sistemas políticos tienen inercias: aunque mañana se pusiera en marcha un programa de transición serio, esas inercias harían que los efectos del cambio climático que ya están en marcha tuvieran sus costes. Hay efectos que no podemos parar, desde los refugiados climáticos hasta el colapso social que ha creado esta oleada creciente de protestas. Ya estamos a los mayores niveles desde hace cincuenta años y una crisis climática lo multiplicaría exponencialmente. Nos enfrentamos a un naufragio antropológico importante. Lo que está en juego es la misma modernidad de nuestra civilización. Quizá tengamos que renunciar a ella. En 2015 y 2016 hemos visto las oleadas de refugiados que vienen a Europa, que en gran parte tienen que ver con cuestiones climáticas. El calentamiento global inunda las costas y muchas ciudades se vuelven inhabitables.
P. Señala dos caminos para salir de nuestra apatía. El primero, tomado del intelectual marxista Manuel Sacristán, dice que necesitamos algo parecido a una conversión religiosa. El segundo, inspirado en la Historia reciente, sugiere que deberíamos comportarnos con la misma unidad y entrega que los países europeos durante de la Segunda Guerra Mundial.  
R. Los menciono como equivalentes funcionales, no como propuestas de inspiración directa. El nudo gordiano del problema es el marco de nuestros deseos, que está socialmente construido. Tenemos que ser capaces  de proponer un horizonte en que el decrecimiento de consumo sea algo vitalmente excitante. Hay que modificar por completo nuestros patrones vitales. Por eso Sacristán pensaba en las conversiones religiosas, que son procesos que nos cambian por completo. Es lo que necesitamos. O ese furor bélico de la Segunda Guerra Mundial que hizo que la población fuera muy proclive a embarcarse en tareas colectivas.
P. Describe de manera contundente nuestra debilidad consumista: “Una sociedad que considera un derecho adquirido comer langostinos en Navidad o irse un fin de semana a Londres a ver un concierto, una sociedad que protesta porque se reduce en diez kilómetros por hora el límite de velocidad en autopistas es una sociedad muy poco preparada humanamente para la escasez que se nos viene encima”.  
R. Diría que parecemos condenados al ecofascismo. Puede ser que estemos dispuestos a cualquier cosa para no renunciar a esos pequeños privilegios. Quizá vamos a un escenario de élites encerradas en chalés, que para pagar sus caprichos condenan al resto del mundo a una especie de favelización. Afrontar la crisis ecológica es un tabú político, ya que los partidos de izquierda y derecha saben que este asunto les hace perder votos. Nadie quiere hablar de decrecimiento, ni de austeridad de consumo, que no tiene nada que ver con la austeridad que impone la Troika, sino con ser capaces de autorestringir nuestros impulsos y deseos. Es muy significativo que en el encuentro “Un Plan B para Europa”, que se acaba de celebrar en Madrid, no se hablase en ningún momento de límites de crecimiento económico o del deterioro ecológico. La idea de la izquierda y de muchos movimientos sociales es seguir creciendo para redistribuir. El problema del neokeynesianismo es que se topa con un freno, que son los límites biofísicos de nuestro planeta, que ya están aquí. El reto es convencer a los votantes de que una vida más austera puede ser una vida mejor.
P. ¿Cómo se consigue eso?
R. Me parece crucial entender que la abundancia no es una sustancia. Nadie puede decir “esto es la abundancia”. La abundancia es una relación de medios y de fines. Si tú cambias de fines, encuentras otro tipos de riqueza, desde la mejora de las relaciones personales, hasta la riqueza poética, pasando por otra que todos entendemos que es la riqueza de tiempo. La escasez de días libres es endémica en nuestras sociedades. Ahí tenemos mimbres para construir un concepto de “vida buena” que no gravite alrededor de la sociedad de consumo. Podemos mantener niveles de vida similares a los de sociedades industriales de perfil bajo o a la antigua vida de los pueblos. En principio, a muchos puede sonarles como un horror, pero es algo que estamos demandando ahora, cuando el fin de semana planeamos la escapadita en coche para irnos a una casa rural. Antes de que este país se volviera gilipollas, la gente pasaba las vacaciones en el pueblo, ahora tenemos que pagar un dineral para ir a un caserío con spa. Lo que debemos buscar, lo que necesitamos, son mimbres que ya estaban aquí.
P. Hablas del peligro del ecofascismo. ¿Cómo lo describirías?
R. Es un término ambiguo que alude a muchas cosas. Puede ser una agudización de las tendencias neoliberales. Por ejemplo: establecer estados de excepción que protejan y fomenten el aumento de la desigualdad. Eso está empezando a pasar con giros tan tenebrosos como la Ley Mordaza. También es posible que las élites opten por dar un verdadero golpe en la mesa y encaminarnos a economías intervenidas, donde el estado controle los recursos básicos y se pelee con los vecinos por los últimos recursos del planeta. Creo que no es un horizonte descabellado. Esto último sería ecofascismo en sentido estricto.
P. Me reí bastante con la frase en que describes al ser humano como un “primate arrogante y venido arriba en el clímax de su borrachera antropocéntrica”.
R. Quería cuestionar la noción del ser humano como alguien racional, capaz de autoconstruirse, como cuando Marx hablaba de la realización de la filosofía. Creo que sobreestimamos nuestra capacidad de diseñar sociedades de la manera que imaginamos. Siempre hay un grado fuerte de problemas y sorpresas. Quien crea que puede trazar un plan y cumplirlo sin más se está engañando. La ingeniería social tiene mucho de mito.
P. ¿Qué opinas de documentales como “Una verdad incómoda” (2006), de Al Gore, que fue una referencia para millones de personas?
R. Sirven como primer paso, como toma de conciencia, pero no son suficientes. Falla en puntos esenciales. El gran tabú, a derecha y a izquierda, es reconocer de una vez por todas que no es posible un cambio sin cuestionar el crecimiento económico. Conceptos como “capitalismo verde” o “desarrollo sostenible” son simples eufemismos de los que nos tenemos que librar. No van al núcleo del problema. Ni siquiera el 15M quería un cambio de civilización, sino un simple retorno a las condiciones económicas previas a la crisis. El bando que se tiene que hacer cargo de la emancipación, del que yo me siento parte, se sigue moviendo en unas coordenadas que dicen que este modelo puede continuar. Y eso no es verdad. No solo tenemos en contra un sistema que es mucho más poderoso que nosotros, sino que ni siquiera hemos tomado conciencia de la profundidad de los cambios que debemos abordar.
P. ¿A qué cosas concretas habría que renunciar para acercarnos a un cambio sensato?
R. No lo tengo claro, ni creo que lo tenga nadie. Lo único que circulan son algunos estudios. Parece ser que un nivel aceptable sería el de las clases medias europeas de los años treinta o cuarenta, antes de la explosión fuerte de la sociedad de consumo. No se trata de volver a la Edad Media. Sospecho que el límite puede pasar por prohibir el automóvil, me refiero a la movilidad privada. El coche ha generado un modelo de vida asocial. Eso no significa renunciar a alguna flota colectiva pública para emergencias, momentos concretos etcétera. Pero, usado como hoy, es un lujo que una sociedad razonable no se debe permitir.  En cuestiones tecnológicas, habría que renunciar a un uso individualizado de móviles y ordenadores. Percibimos las nuevas tecnologías como algo inmaterial, pero tienen un impacto ecológico tremendo, tanto en explotación de recursos minerales como en uso de energía. Nuestras vidas no pueden ser hiperconectadas, pero eso no tiene que vivirse como algo malo. A muchos nos gustaría bajarnos de este frenesí, que tantas veces resulta agobiante.
P. Define a las élites como analfabetas en cuestiones de ecología y energía. 
R. Las élites sufren de tecnolatría: piensan que ya aparecerá una solución tecnológica que limpiará todos nuestros problemas. También estamos padeciendo una sobredosis de datos, que nos impiden pensar con claridad, hacer síntesis, superar la hiperespecialización que descarta visiones de conjunto. Básicamente, las soluciones que manejan las élites tienen que ver con apropiación de los recursos ajenos, como hemos visto en las guerras del Golfo Pérsico. O quedarse con dinero de los trabajadores por medios como el TTIP o la reforma laboral. Ellos apuestan por arañar cualquier cosa para mantener su tasa de beneficio y seguir su loca huida hacia adelante. No tenemos élites con una mirada amplia ni con un proyecto claro de civilización. Me sorprende el nivel de rechazo a Podemos, ya que son un partido socialdemócrata moderado, que está cargando con el peso de una reforma necesaria para el capitalismo actual. No entiendo que salten las alarmas ni que le vean como bolcheviques que vienen a comer niños. Esta percepción ata a Podemos y le impide ser un actor de cambio potente. El neokeynesianismo no es una solución ecológica realista. Seguimos embrujados por fetichismos. La escenificación de esto es la cumbre de París de hace unos meses. Pretender frenar el cambio climático sin descarbonizar es como querer inventar el agua seca. La cumbre fue una condena a muerte en diferido para millones de personas. Ese enfoque significa desplazamientos, guerras por los recursos y hambrunas.
P.Otra cosa que destacas es que el sistema actual tampoco hace felices a las élites. Pones el ejemplo extremo de Moritz Erhardt, el becario de Merrill Lynch que falleció en 2013 después de trabajar 72 horas seguidas.
R. El problema no es solo la desigualdad, que también, sino la profunda alienación de la sociedad. Es una crítica que se hace muy visible a partir de mayo del 68 y que podemos formular así: ¿Para qué trabajamos diez, doce o catorce horas diarias? ¿Para tener dos semanas o un mes al año en el que podemos ir a cualquier lugar del mundo y entregarnos a un consumo desaforado? ¿Merece la pena destruir el planeta para fingir un estatus social efímero y luego volver al estrés de la oficina? Pero, vamos, no creo que de repente las élites se vayan a convencer de que están llevando unas vidas miserables. Hace falta una intervención política desde abajo.

dimarts, 23 de febrer de 2016

Necesitamos un Plan B al crecimiento

Article publicat a El Diario.es

Este fin de semana se han celebrado en Madrid las jornadas por el Plan B para Europa. Uno de los hilos conductores de varias de las participaciones ha sido el de la búsqueda del crecimiento. En tales participaciones se desconocía que el sistema económico depende de la biosfera y que la naturaleza no es un recurso, sino la matriz donde actuamos.
La búsqueda del crecimiento está en el trasfondo del primer lema de las jornadas (“contra la austeridad”). El lema se refiere al desigual reparto de la riqueza y hubiera sido mejor usar una fórmula de ese tipo, ya que la austeridad no solo es necesaria, sino que, en los tiempos en los que estamos, con recursos cada vez más difíciles de conseguir, es inevitable. Por supuesto, me refiero a la austeridad justa, con reparto de la riqueza.
En las jornadas pudimos oír a Kostas Lapavistas, profesor universitario de economía y referente de la izquierda griega y europea, decir que el petróleo ya no es un problema para Europa porque está barato. Es preocupante que una persona de su categoría no exprese la importancia central del petróleo para el funcionamiento de la economía, ni sea capaz de analizar el precio del petróleo con una mirada más amplia.
Por su parte, Nacho Álvarez, una de las cabezas económicas de Podemos, nos hizo una apología del crecimiento, y puso el ejemplo de cómo Argentina lo consiguió gracias a una expansión monetaria y un precio alto de la soja (entre otros factores). Sin embargo, obvió dar un paso fundamental más en el análisis. La soja crece en Argentina en monocultivos transgénicos dependientes de abonos y pesticidas de síntesis (por cierto, todo ello gracias al petróleo) y es un modelo que no tiene mucho recorrido por delante, fruto del agotamiento del suelo, de los acuíferos y del petróleo barato. No podemos entender el crecimiento sin entender la base material sobre la que se sostiene (lo que no quiere decir que sea el único requisito).
Se acabó el tiempo de los recursos fácilmente disponibles
Actualmente, estamos viviendo la Gran Recesión económica y la crisis terminal de hegemonía estadounidense. También el momento de la historia de la humanidad en la que las desigualdades en el reparto de la riqueza y el poder están siendo mayores. Pero los elementos que están marcando un punto de total quiebra histórica son el fin de la energía abundante, versátil y barata; la dificultad creciente de acceso a muchos materiales; el cambio climático; la quiebra de las bases de la reproducción social causada por la crisis de los cuidados (dejar desatendidos elementos básicos para el sostén de la vida como la alimentación saludable, la higiene o el apoyo emocional), y la pérdida masiva de biodiversidad.
¿Por qué estamos viviendo el final de la energía abundante, versátil y barata? Básicamente, porque los combustibles fósiles más fáciles de extraer y de mejores prestaciones se están agotando. Estamos viviendo ya el principio del descenso en la capacidad de extracción de petróleo “bueno” (petróleo convencional) y, en breve, del petróleo en su totalidad. Los que van quedando son los crudos no convencionales: los más caros, difíciles y de peor calidad (los que se extraen mediante fracking, las arenas bituminosas, los de aguas ultraprofundas o del ártico). Y lo mismo le ocurrirá en los próximos lustros al gas, al carbón y al uranio.
Pero, ¿no hay mix energético alternativo equivalente a los combustibles fósiles? Que el petróleo, acompañado por el gas y el carbón, sea la fuente energética básica no es casualidad. El petróleo se caracteriza (en algunos casos se caracterizaba) por: tener una disponibilidad independiente de los ritmos naturales; ser almacenable de forma sencilla; ser fácilmente transportable; tener una alta densidad energética; estar disponible en grandes cantidades; ser muy versátil en sus usos (combustibles de distintas categorías y multitud de productos no energéticos); tener una alta rentabilidad energética (con poca energía invertida se consigue una gran cantidad de energía); y ser barato. Una fuente que quiera sustituir al petróleo debería cumplir todos esos requisitos, pero también tener un reducido impacto ambiental para ser factible en un entorno fuertemente degradado. Ni las renovables, ni la nuclear, ni los hidrocarburos no convencionales, ni la combinación de todas ellas, es capaz de sustituir a los fósiles.
El mito del crecimiento
En un contexto de recursos limitados, la propuesta de volver al crecimiento se sostiene sobre varios mitos.
El primero es el de la eficiencia. Propone que el aumento de la eficiencia es parte de la solución (o incluso la solución) a los problemas energéticos y materiales, y que, por lo tanto, puede sostener una fase expansiva de crecimiento. Sin embargo, tiene límites insuperables e incluso efectos secundarios adversos.
En primer lugar, una parte de las supuestas mejoras en la eficiencia en las regiones centrales no son tales, sino deslocalizaciones de los procesos más consumidores de materia y energía a las zonas periféricas. Por ejemplo, el grueso de la industria pesada ya no está en Europa, sino en lugares como China o India.
En segundo lugar, las medidas basadas en la eficiencia tienen poco recorrido si se persigue el sostenimiento del crecimiento exponencial. Hace falta una reducción del uso de energía y materiales del orden del 90% en las regiones centrales para entrar dentro de los límites de la sostenibilidad. Para alcanzar esta meta con medidas de ecoeficiencia sería necesario que los materiales y la energía imprescindibles por unidad del PIB disminuyesen 10 veces. Pero si la economía sigue creciendo al 2%, sería necesario que lo hiciesen 27 veces, y si crece al 3%, 45. De modo que, obviamente, no es posible continuar la mejora de la eficiencia indefinidamente.
Por otra parte, la eficiencia no siempre conlleva una reducción en el consumo de materia y energía. Por ejemplo, a pesar de la mejora en las emisiones de CO2 de los vehículos en la UE (Volkswagen y Reanault mediante), la reducción de emisiones por kilómetro recorrido se ha visto desbordada por el impresionante aumento del parque automovilístico y de los kilómetros recorridos en coche. El resultado es un incremento del consumo global de petróleo por parte de los vehículos europeos. Esto es lo que llamamos “efecto rebote”. La eficiencia sin reducción no sirve. Este ejemplo dista de ser una excepción, ya que cuando los aparatos son más eficientes salen más baratos al bolsillo y a la conciencia (parece que se contamina menos), con lo que se incrementa su uso. Y a esto hay que añadir la construcción de nuevas infraestructuras que, en ocasiones, lleva acoplada la mejora tecnológica.
Además, no hay que considerar solo el efecto rebote directo, sino también el indirecto. Este consiste en que los ahorros se desvían a otros sectores donde se incrementa el consumo. El fundamento último del “efecto rebote” es que el aumento de la eficiencia libera recursos que permiten aumentar la producción y el consumo. En realidad, es una consecuencia intrínseca del capitalismo y de su necesidad de crecimiento continuo.
El segundo mito es el de la desmaterialización, es decir, la afirmación de que la economía capitalista puede seguir creciendo reduciendo su consumo de energía y materiales. Sin embargo, el consumo energético y material desde la Revolución Industrial tiene forma de curva exponencial, como la tiene el PIB. Y, en todos los periodos en los que ha bajado el consumo de materia se han debido a una recesión económica. Además, la correlación entre el PIB y el consumo energético mundial a lo largo del tiempo es casi lineal.
El centro la la propuesta de la desmaterialización está en una economía basada en los servicios. Pero este tipo de actividad no es menos consumidora de materia y energía: una cantidad equivalente de riqueza monetaria procedente del sector servicios privado, incluido hoteles, comercios y transporte, demanda casi la misma intensidad energética que el sector industrial, y además requiere de este para existir.
En realidad, la desmaterialización es físicamente imposible. No es factible el reciclaje de todo, en primer lugar por la Segunda Ley de la Termodinámica, que marca que la utilización de energía implica inexorablemente su degradación. Muchos elementos básicos se dispersan en su uso: desde el fósforo utilizado en la fertilización, hasta los óxidos de zinc presentes en los neumáticos que se van esparciendo por las carreteras con el desgaste. Solo podrían ser reciclables si fuesen biodegradables y ese trabajo lo hiciesen los ecosistemas con tiempo y energía solar, y aun así este proceso no sería 100% eficiente. La falsedad del mito de la desmaterialización lo ejemplifica el aparato por antonomasia de la sociedad virtual, el ordenador, que tiene detrás altos requerimientos materiales y energéticos.
En realidad, estos dos mitos son hijos del mito de la ciencia y la tecnología, que reza que nuestro intelecto podrá superar cualquier obstáculo. Pero el sistema tecno-científico tiene límites. El primero es que ya se ha inventado lo que era “fácil” de inventar, los descubrimientos actuales requieren de inversiones temporales, materiales, energéticas, económicas y humanas cada vez mayores. Contra lo que podría parecer, el ritmo de innovaciones reales es cada vez menor. Un segundo problema es que la tecnología la podemos definir como conocimiento, materia y energía condensados, y los tres factores son limitados. Además, lo que se espera no es que haya un avance en genérico, sino que se descubra justo lo que haga falta en el momento preciso y que se pueda implantar de forma inmediata a nivel mundial. Esto está mucho más cerca del término “milagro” que de la palabra “descubrimiento”.
Necesitamos un Plan B al crecimiento
Por todo ello, necesitamos un Plan B para Europa que luche contra el desigual reparto de la riqueza, que busque una democracia real (incompatible con la UE) y que entienda que esto no se puede conseguir con más crecimiento, sino con un nuevo modelo socioeconómico que no necesite crecer.
Afortunadamente, aunque en menor medida, esto también estuvo presente en las jornadas del Plan B. Así, escuchamos a personas como Marga Mediavilla, Florent Marcellesi, Yayo Herrero o incluso Amaral abogar por un Plan B para las personas y para el entorno, entendiendo que no son elementos desligados. Un Plan B al crecimiento.

diumenge, 21 de febrer de 2016

L'agricultura orgànica produeix suficientment i és més sostenible

Publicat al web del  Consell Català de la Producció Agrària Ecológica
L'agricultura orgànica produeix suficientment i és més sostenible
Una revisió de centenars d'estudis sobre agricultura orgànica mostra que proporciona una producció suficient, encara que menor que la de l'agricultura convencional, i que és més sostenible, en aspectes com l'ambiental, la rendibilitat per a l'agricultor, i les condicions dels treballadors.

Investigadors de la Universitat Estatal de Washington (Estats Units d'Amèrica) han arribat a la conclusió que alimentar la creixent població mundial amb objectius de sostenibilitat en ment és possible.
La seva revisió de centenars d'estudis publicats proporciona evidència que l'agricultura orgànica pot produir rendiments suficients, ser rendible per als agricultors, protegir i millorar el medi ambient i ser més segura per als treballadors agrícoles.
L'estudi de revisió, Agricultura Orgànica al segle XXI, es presenta com el tema de portada de l'edició de febrer de la revista Nature Plants i va ser escrit per John Reganold, professor de ciència del sòl i agroecologia, i el doctorand Jonathan Wachter.
És el primer estudi que analitza 40 anys de ciència comparativa de l'agricultura ecològica i la convencional en relació amb els quatre objectius de sostenibilitat identificats per l'Acadèmia Nacional de Ciències nord-americana: la productivitat, l'economia, el medi ambient i el benestar de la comunitat.
"Centenars d'estudis científics mostren que l'agricultura orgànica ha d'exercir un paper en l'alimentació del món", diu l'autor principal, Reganold. "Fa trenta anys, hi havia només un parell de grapats d'estudis comparant l'agricultura orgànica amb la convencional. En els últims 15 anys, s'han disparat".
La producció orgànica suposa l'u per cent de la superfície agrícola mundial, tot i el ràpid creixement de les darreres dues dècades.
Els crítics han sostingut durant molt de temps que l'agricultura orgànica és ineficient, i requereix més terra per produir la mateixa quantitat d'aliment. L'article de revisió descriu els casos en què els rendiments orgànics poden ser més alts que els de mètodes de cultiu convencionals.
"En condicions de sequera severa, que s'espera que augmentin amb el canvi climàtic, les granges orgàniques tenen el potencial de produir alts rendiments causa de la major capacitat de retenció d'aigua dels sòls de cultiu ecològic", assenyala Reganold.
No obstant això, tot i que els rendiments poden ser més baixos, l'agricultura orgànica és més rendible per als agricultors ja que els consumidors estan disposats a pagar més. Els preus més alts poden justificar-se com una forma de compensar els agricultors per evitar danys al medi ambient o costos externs.
Beneficis ambientals
Nombrosos estudis revisats demostren també els beneficis ambientals de la producció orgànica. En general, les granges orgàniques tendeixen a emmagatzemar més carboni a terra, tenen millor qualitat de sòl i redueixen l'erosió del sòl. L'agricultura orgànica crea menys contaminació del sòl i l'aigua i menors emissions de gasos d'efecte hivernacle. I és més eficient energèticament, ja que no es basa en fertilitzants o pesticides sintètics.
També s'associa amb una major biodiversitat de plantes, animals, insectes i microbis, així com amb la diversitat genètica. La biodiversitat augmenta els serveis que ofereix la natura, com la pol·linització, i millora la capacitat dels sistemes agrícoles per adaptar-se a les condicions canviants.
Reganold diu que l'alimentació del món no és només una qüestió de rendiment, sinó que també requereix examinar els residus d'aliments i la distribució d'aliments.
"Si ens fixem en la producció de calories per càpita, estem produint menjar més que suficient per a 7 mil milions de persones, però perdem el 30 i el 40 per cent d'ella", diu. "No és només és una qüestió de produir suficient, sinó d'aconseguir una agricultura respectuosa amb el medi ambient i garantir que els aliments arribin a aquells que ho necessiten."
Reganold i Wachter suggereixen que no hi ha un tipus de cultiu que per si sol pugui alimentar al món. Més aviat, el que es necessita és un equilibri de sistemes, "una barreja de sistemes orgànics i altres sistemes agrícoles innovadors, com la agroforesteria, l'agricultura integrada, l'agricultura de conservació, la barreja cultius / ramaderia i sistemes encara no descoberts."
Reganold i Wachter recomanen canvis regulatoris per fer front a les barreres que dificulten l'expansió de l'agricultura orgànica. Tals obstacles inclouen els costos de transició a la certificació orgànica, la falta d'accés a la mà d'obra i els mercats i la manca d'una infraestructura adequada per a l'emmagatzematge i transport d'aliments. Calen eines legals i financeres per fomentar l'adopció de pràctiques agrícoles innovadores i sostenibles.
Precedent
Una altra revisió similar de més de 100 estudis, publicada el 2014 per investigadors de la Universitat de Califòrnia a Berkeley, assenyalava al seu torn que els rendiments dels cultius d'agricultura orgànica són més alts del que es pensava.
A més, l'estudi revelava que certes pràctiques agrícoles podrien reduir encara més la bretxa de productivitat entre els cultius orgànics i els tradicionals. En concret, destacaven dos: els cultius múltiples (oposats als monocultius), i la rotació de cultius. El primer terme fa referència al cultiu de diverses espècies sobre una mateixa superfície agrícola. Això es pot fer de manera simultània (sembrant aquestes espècies alhora en cultius mixtes) o de manera consecutiva (primer unes espècies i després altres).
La rotació de cultius, per la seva banda, consisteix a alternar plantes de diferents famílies i amb necessitats nutritives diferents en un mateix lloc durant diferents cicles, evitant que el sòl s'esgoti i que les malalties que afecten a un tipus de plantes es perpetuïn en un temps determinat.

Font: tendencias21.net (05/02/2016)

dissabte, 20 de febrer de 2016

No habrá plan B para Europa si no hay plan B al petróleo

Post publicat a  Grupo de Energía, Economía y Dinámica de Sistemas

Este fin de semana movimientos sociales y políticos de la izquierda europea con figuras como Yanis Varoufakis, Ada Colau  o Marina Albiol a la cabeza se reúnen en Madrid para buscar la manera de  “construir un espacio de convergencia europeo contra la austeridad y para la construcción de una verdadera democracia en Europa”.
Es una iniciativa muy interesante, sobre todo por su carácter trasnacional y por esas alianzas entre movimientos sociales y partidos políticos de los países que más estamos sufriendo las políticas de la Troika, pero  me temo que pueda quedar en agua de borrajas si sus promotores no saben entender todo lo que hay detrás de esta crisis.
Hace años que el petróleo barato y fácil de extraer nos empezó a abandonar y su producción lleva diez años estancada: es muy difícil no ver en ese petróleo que interviene en absolutamente todos los procesos productivos y en todos los sectores de la economía una de las causas más importantes de esta larga y extraña crisis económica.
El hecho de que el precio del barril haya bajado abruptamente  no debe distraernos e impedir que veamos algo muy evidente. Los años de petróleo caro han pasado factura a todas las economías europeas (cuyo consumo ha caído un  14% desde 2006, sin incluir a Rusia),  y ahora están pasándosela a China y Brasil.  La economía española está pudiendo respirar este año, no sólo porque los salarios y el gasto social se han reducido, sino porque  la factura petrolífera, que entre 2010 y 2014 rondaba el 4% de nuestro PIB, en 2015 se ha reducido a prácticamente un 1%.
En este contexto de petróleo escaso y difícil de extraer es vital para los países asegurarse un cacho en el reparto de esa tarta que cada día se hace  más pequeña. No es de extrañar que Europa se aferre a su banca, intentando mantener este estatus privilegiado que nos permite, siendo países pobres en recursos naturales, mantener consumos energéticos elevados, industrias competitivas por su alta automatización  y estilos de vida derrochadores.
Es muy desalentador ver cómo las previsiones de personas como Pedro Prieto,  Antonio Turiel o Ramón Fernández Duran  se van cumpliendo año a año sin que, todavía, estos autores sean conocidos ampliamente. Los altibajos  en el precio del petróleo debidas a la interacción petróleo-economía, las guerras por el control de Oriente Medio, el fracaso del coche eléctrico, el poco éxito de las renovables a la hora de sustituir al petróleo, el desastre de los biocombustibles y la burbuja del fracking que ahora estamos viendo ya fueron predichas hace años. Sin embargo, el grado de conciencia de este problema, incluso entre quellos partidos políticos y movimientos sociales más abiertos a nuevas ideas, como los que organizan estas jornadas, sigue siendo muy pequeño.
Si queremos buscar una nueva Europa que no ponga los intereses de la banca por encima de los derechos de las personas, que no sacrifique a los más débiles y que no vea sus fronteras abarrotadas de refugiados que huyen de la guerra por los recursos,  debemos, primero, construir una Europa que no tenga que luchar por las últimas gotas fósiles. Sólo si sabemos cambiar hacia un modelo productivo mucho más austero en el uso de recursos naturales y basado en energías renovables seremos capaces de ofrecer una alternativa a este desesperado intento de aferrarse a al caduco modelo consumista que, paradójicamente, llaman “austeridad”.
Marga Mediavilla

divendres, 19 de febrer de 2016

Otro mundo peor es probable (Carlos Taibo y Joan Martínez)




Informe de CCOO sobre “El Futur de les Ocupacions” elaborat pel World Economic Forum que es va presentar al Forum de Davos

Informe “El Futur de les Ocupacions” elaborat pel World Economic Forum que es va presentar al Forum de Davos (Gener de 2016): Resum Elaborat pel Centre d’Estudis i Recerca Sindicals de CCOO de Catalunya


La Quarta Revolució Industrial , que tot just està començant en l’actualitat, està afectant a les indústries globals i imposa transformacions que tindran un impacte decisiu en el futur de les ocupacions, a curt termini. Algunes estimacions apunten a que el 65% de la població jove que està cursant l’educació primària s’incorporarà al mercat laboral en tipus d’ocupacions que no existeixen avui en dia. Tot plegat, planteja una sèrie d’interrogants i desafiaments:
  • Quins seran els factors claus d’aquestes transformacions?
  • Com serà la situació del mercat laboral en el context de la Quarta Revolució Industrial?
  • Els sectors empresarials, els governs i les persones treballadores hauran de ser capaços d’anticipar i donar respostes als futurs requeriments d’habilitats professionals i als nous perfils d’ocupacions. També, a les repercussions de les noves exigències en el mercat laboral, a fi d’aprofitar les oportunitats generades i evitar conseqüències negatives.
L’Informe  “The Futur of Jobs” , presentat el gener de 2016 pel Forum Econòmic Mundial a la reunió anual que organitza a Davos (Suïssa), intenta donar algunes respostes sobre el futur de les ocupacions.
L’Informe s’ha dissenyat i desenvolupat en col·laboració amb la Global Agenda Council on the Future of Jobs i la Global Agenda Council on Gender Parity. Inclou experts capdavanters provinents d’universitats, organitzacions internacionals, caps de recursos humans de les principals organitzacions i firmes de serveis professionals.
El conjunt de dades sobre la base del qual s’ha elaborat l’Informe és producte d’una extensa enquesta que ha implicat a 371 empreses de rellevància mundial, que donen feina a mes de 13 milions de treballadors/es enquadrats en 9 grans sectors d’activitat industrial i 15 països emergent o desenvolupats (Alemanya, Austràlia, Brasil, Estats Units, França, India, Itàlia, Japó, Mèxic, Turquia, Regne Unit, Xina, etc.). S’ha preguntat als directors de recursos humans de les principals empreses mundials sobre com s’imaginen ells les ocupacions en els seus sectors a l’any 2020.
Aquestes són algunes de les conclusions recollides al Resum Executiu de l’Informe:

Factors Claus de Transformació
Els camps més associats a la revolució tecnològica (la Intel·ligència artificial, la Robòtica, la Nanotecnologia, el sector de la Impressió en 3-D, la Genètica o la Biotecnologia) tindran un paper clau, i a curt termini, en l’ocupació. El factor tecnològic serà una força concorrent amb la d’altres desenvolupaments de tipus socioeconòmic (treball flexible, classes mitjanes en mercats emergents, etc.), geopolític (volatilitat geopolítica, etc.) i demogràfic (envelliment de la població, poblacions joves en mercats emergents, ràpida urbanització, etc.).

Tendències en l’Ocupació
Es podria generar, en els països inclosos a l’Informe, una pèrdua global de 5,1 milions de treball com a conseqüència de rotacions laborals entre 2015-2020. Això és el resultat de la pèrdua de 7,1 milions de llocs de treballs, 2 terceres parts de la qual es donarà en sectors administratius, i la creació de 2 milions en camps d’ocupació relacionats amb les matemàtiques, la informàtica, les enginyeries i l’arquitectura.
Rols nous i emergents
Els enquestats creuen que la creació de noves categories professionals i la consolidació d’emergents tindran un paper crític en tots els sectors d’activitat cap a l’any 2020. Hi ha un acord força unànime sobre la rellevància que assoliran les persones dedicades a:
  • L’anàlisi de dades, en tant que gestores, i intèrprets de l’ingent volum d’informació i dades generat per les disrupcions tecnològiques.
  • La representació comercial, com a especialistes en oferir i explicar productes a clients (empreses o governs) i, també, com a coneixedors de nous productes o nínxols de mercat amb els quals les companyies encara no estan familiaritzades.
  • En diverses industries (Sector energètic; Mitjans de Comunicació, Entreteniment i Informació), també es subratlla el paper que jugaran els senior managers que siguin capaços de guiar a les companyies en el imminent context de canvi i disrupció (ruptura brusca).
Canvis en la Facilitat de Contractació
Augmentarà la competència entre els empresaris per fer-se amb els serveis de les persones que millor responguin a les noves capacitacions professionals demandades (professionals de la informàtica, enginyeries, matemàtiques i arquitectura). En tots els sectors d’activitat, garantir-se un subministrament de persones treballadores talentoses serà prioritari.

Estabilitat en les Habilitats Professionals
Les dràstiques i ràpides transformacions en els sectors d’activitat i en els models de negoci es traslladen amb celeritat al camp de les habilitats professionals requerides a les persones treballadores. A quasi totes les indústries, l’impacte dels canvis, no només tecnològics, està escurçant la vida útil dels perfils professionals de les persones treballadores.
Un exemple és l’impacte de la robòtica o de l’aprenentatge automàtic , que, en molts sectors, estan a punt de substituir tasques concretes que duien a terme determinats col·lectius de persones treballadores. Aquest factor, evident fins i tot en sectors d’activitat menys afectats pel canvi tecnològic, farà que, en pocs anys, es requereixin del treballadors/es habilitats professionals molt diferents de les què estan emprant en l’actualitat. De mitjana, s’estima que l’any 2020 més d’una tercera part de les habilitats professionals claus desitjades seran habilitats que no es consideren crucials en les ocupacions actuals. També augmentarà la demanda de destreses socials (persuasió, intel·ligència emocional o capacitat per formar a altres persones). Les habilitats “tecnològiques” hauran de ser complementades amb d’altres socials o col·laboratives.
En alguns sectors industrials, hi ha l’expectativa que hi hagi un increment d’ocupació al mateix temps que es doni una situació de dèficit de perfils professionals adequats, en el sentit que les habilitats que es requeriran no són habilitats clau en els perfils professionals existents en l’actualitat en aquests sectors industrials.
Les persones treballadores amb perfils professionals baixos, especialment en sectors administratius i manufacturers podrien veure’s immersos en un cercle viciós: haver d’afrontar acomiadaments i, alhora, no disposar de gaire opcions de reciclatge professional, ja que, les mateixes revolucions tecnològiques, podrien desincentivar als empresaris a invertir en programes de reciclatge professional adreçats a aquests perfils de persones treballadores.

Estratègies de Futur per la Mà d’Obra
L’impacte de les transformacions tecnològiques, demogràfiques i socioeconòmiques impliquen nous desafiaments en la selecció, formació i gestió del talent. Cal ser capaços d’anticipar i gestionar aquests reptes en els proper anys si es volen evitar costos econòmics i socials enormes per als sectors productius, les persones i les economies i societats, en conjunt.
No obstant això, tot i que els líders empresarials són conscients d’aquesta realitat, la seva resposta als reptes associats a la gestió futura de la força de treball és lenta: només el 53% dels directors de recursos humans enquestats està raonablement confiat o molt confiat en l’adequació de la seva estratègia empresarial sobre el futur en matèria de recursos humans. La majoria dels enquestats detecta obstacles, com són:
  • Incertesa i desconeixement sobre els canvis productius que vindran.
  • Limitacions de recursos i pressió per obtenir resultats a curt termini.
  • Dèficit de sintonia entre estratègia sobre mà d’obra i estratègia en matèria d’innovació.
En tots els sectors industrials, aproximadament dos terceres part dels enquestats informen de la seva intenció d’invertir en reciclatge professional com a element clau dels seus plans sobre la mà d’obra futura a les seves empreses. Les empreses mes confiades en la idoneïtat de la seva estratègia de recursos humans i que, a més a més, disposen d’una alta direcció conscient del caràcter prioritari de la gestió dels recursos humans futurs, tenen:
  • Major probabilitat en invertir en plans de reciclatge professional. 
  • Major predisposició en buscar talent femení. 
  • Major predisposició a recolzar la mobilitat i la rotació laboral del personal de l’empresa.
Només el 20% dels enquestats pensa en la col·laboració amb institucions públiques o amb el sector educatiu en les seves estratègies de gestió de la mà d’obra.

Recomanacions d’Actuacions
En anteriors revolucions industrials, freqüentment, es trigaren dècades en construir el sistema de formació de persones treballadores i les institucions necessàries per desenvolupar les habilitats professionals requerides pel sistema econòmic. Atès el ritme i la profunditat dels canvis implícits en l’actual Quarta Revolució Industrial, els temps de resposta propis de les anteriors revolucions no són una opció vàlida. Sense
una actuació ràpida orientada per gestionar els canvis, els governs hauran d’afrontar un atur creixent i un augment de les desigualtats. Cal una actuació decidida que sigui capaç de capitalitzar les oportunitats que presenta la Quarta Revolució Industrial.
Les empreses no poden ser consumidores passives de capital humà. Al contrari, han de situar el desenvolupament del talent i les estratègies de gestió de la futura mà d’obra com a factor capdavanter del seu creixement.
Els governs han de reconsiderar fonamentalment els models de formació actuals. Els canvis amplis i a llarg termini en els sistemes d’educació bàsica i continuada s’han de complementar amb esforços de reaprenentatge i reciclatge professionals específics a cada sector industrial. L’Informe The Future of Jobs Report troba que hi ha 4 àrees amb implicacions a curt termini i 3 que són crítiques des del punt de vista del llarg termini:

Àrees on actuar a Curt Termini
  • Reinventant la Funció dels Recursos Humans: Les funcions dels recursos humans han d’esdevenir més estratègiques i ser capaces de proporcionar a les seves organitzacions coneixement que els permeti equilibrar estratègies de gestió en matèria d’innovació, de negoci i de talent.
  • Fent ús de l’anàlisi de dades: Les empreses i els governs han de dissenyar noves aproximacions a la planificació de la força de treball i a la gestió del talent. En aquestes, és fonamental l’ús de mètriques i programes de gestió de dades predictives.
  • La Diversitat del talent: no més excuses:La diversitat de la força de treball és un benefici per a les empreses. La tecnologia i l’anàlisi de dades s’ha d’emprar per avançar en la paritat de la força de treball.
  • Fent ús del treball flexible i de les plataformes en línia per captar talent: Les barreres físiques i organitzatives esdevenen cada cop més borroses en les organitzacions. Les empreses cada vegada estan més connectades i col·laboren remotament amb treballadors autònoms i professionals independents mitjançant plataformes virtuals de professionals. Aquests nous models es veuen complementats per noves formes d’associacions i regulacions laborals actualitzades.
Àrees on actuar a Llarg Termini
  • Repensant els sistemes educatius/formatius
La majoria del sistemes formatius existents estan ancorats en pràctiques pròpies del segle XX, les quals dificulten el progrés en el context de l’actual mercat laboral i de talent. 2 problemes heretats en els sistemes educatius formals, en aquest sentit, són:
  1. La dicotomia existent entre humanitats i ciència per una banda i ciències aplicades i experiència per l’altra.
  2. El prestigi vinculat a les titulacions de tercer grau en els sistemes educatius.
  3. Caldrà que tots els agents es plantegin quina formació adaptada als requeriments del segle XXI cal promoure.
  • Incentivant la formació continuada
La formació continuada esdevindrà fonamental en els països amb poblacions envellides, atès els minvants volums de població jove que s’incorporaran als mercats laborals. Governs i empreses han de col·laborar més per garantir que les persones disposin del temps, la motivació i els mitjans per buscar oportunitats de reaprenentatge.
  • Col·laboració pública-privada i entre sectors industrials
Atesa la complexitat dels canvis necessaris en la gestió futura del mercat laboral, la col·laboració –més que la competència amb altres actors (entre ells, institucions públiques i el sector de l’educació- esdevé una estratègia necessària. Una col·laboració de diversos actors per tal d’implementar solucions escalables als desafiaments que presenten les ocupacions i els perfils professionals.
Tots aquest esforços s’hauran de complementar amb una política de reformes per part dels governs.

Document elaborat pel Centre d’Estudis i Recerca Sindicals
Aquest Document forma part del Butlletí d’Actualitat Econòmica i Social
(Elaboració:  Secretaria de Socioeconomia i    Centre d’Estudis i Recerca Sindicals (CERES), CCOO de Catalunya)

dimecres, 17 de febrer de 2016

Zygmunt Bauman: “Hay que desligar el empleo de la supervivencia”

Article publicat a La vanguardia

  • El pensador presenta en Barcelona ‘In the same boat’, un documental sobre el fin del trabajo producido por Pere Portabella



Zygmunt Bauman nunca para. El nonagenario sociólogo polaco que desde hace décadas –desde que sufrió la persecución antisemita del gobierno comunista de su Polonia natal– vive en el Reino Unido, muestra una vitalidad inagotable convertido en lo más cercano a una estrella del rock del pensamiento contemporáneo. Con nueve décadas a las espaldas, Bauman da conferencias por todo el mundo y hoy y mañana está en Barcelona para presentar esta vez no un libro sino un documental: In the same boat (En el mismo barco), un filme del italiano Rudy Gnutti que reúne a grandes nombres de la política y el pensamiento actuales. Junto a Bauman intervienen en él desde José Mújica, ex presidente de Uruguay, a Erik Brynjolfsson, del MIT, o Serge Latocuhe, teórico del decrecimiento, para hablar de la sociedad que se nos viene encima debido al fin del trabajo, a la falta de empleo para todos en una época de computarización acelerada. Bauman, creador de la popular metáfora de la actual sociedad líquida –una sociedad en la que los valores sólidos de la primera modernidad, la religión, la familia, una pareja o un trabajo para toda la vida, se han desintegrado–, ha intervenido hoy ante la prensa explicando que el mayor peligro del mundo hoy, de entre los muchos que nos llevan a la destrucción, es que seguimos abordando los problemas globales desde instancias locales incapaces de afrontarlos. Y ha dicho que necesariamente habrá que desligar empleo de supervivencia en una sociedad donde no hay ni habrá suficiente trabajo para todos. Cada vez menos. Este miércoles presentará junto a Gnutti el documental -producido por Pere Portabella- en el Auditori del Macba (19 horas; la charla, a partir del as 20.30 horas, se puede ver en streaming).
Bauman, que hace escasas fechas publicó en España el ensayo Estado de crisis (Paidós), en el que aborda muchas de las ideas de In the same boat, ha explicado a la prensa barcelonesa que por primera vez en la historia la idea de la humanidad es real, pero que hacen falta los remos y motores para llevar el bote en la dirección correcta. Para lo cuál hay que revisar los fundamentos de nuestra sociedad, enfrentada a problemas ecológicos, económicos y sociales. De modelo. “Este documental es una afirmación poderosa de que estamos todos en el mismo barco, interconectados, interdependientes, de que lo que incumbe a Barcelona también le incumbe a Nueva York y Bangladesh. Pero sobre todo es una afirmación de lo que nos va a suceder a todos nosotros, ciudadanos del mismo barco, si remamos en la misma dirección que hasta ahora. No es una profecía, no tengo la calificación de profeta, es la conclusión de mirar muy de cerca cómo vivimos hoy. Y no es una profecía porque aún tenemos elección, pero si seguimos así llegado un punto podemos acabar destruyéndonos. No sé cuánto hace que leen ustedes la Biblia o si la han leído nunca, pero en ella están los profetas hebreos, gente muy interesante. No son profesores de universidad que diseñan predicciones para ser confirmadas para su mayor gloria. ¡Qué listos son! Por el contrario, querían que sus profecías fallaran, fueran negadas, intentaban preocupar a la gente, y es lo que Gnutti hace en este documental. No es una profecía sino un aviso”.
“En la base de los problemas de hoy es que somos interdependientes pero hoy todas las instituciones de acción colectiva fueron hechas por nuestros ancestros para servir a la tarea de ser independientes, son ineptos para condiciones de interdependencia. Hoy los problemas más importantes superan el marco de los Estados y las decisiones que se toman no pueden enfrentar su gravedad. Esto es lo más peligroso. O intentamos adecuar nuestra política, local, con los problemas, globales, o no podremos actuar con éxito”, subraya. Además, dice, “no quiero espantar a nadie pero el mundo está cambiando de cara”. “Antes los medios de subsistencia estaban ligados a tener un empleo. De hecho hace 30 o 40 años en los países llamados desarrollados se prometía el empleo total. La palabra ‘desempleado’ subrayaba que eso estaba fuera de la norma, que la norma era el empleo. El desempleo era anormal. Hoy en los países anglosajones ya se utiliza la palabra ‘redundant’, redundante, para hablar de los desempleados. La palabra ya no precisa que la norma sea el empleo, sino que es un veredicto en el mercado laboral, de que es gente inútil, un problema de ley y orden más que un problema social”, subraya, para remarcar que hoy las finanzas se mueven libremente por el mundo pero los trabajadores no. “Los que tiene el capital son sabios, están orientados al beneficio, y piensan que si en África pueden encontrar a alguien que trabaje por un dólar al día por qué deberían pagar más a los mimados occidentales”.
A lo que se añade, concluye, un último factor para el futuro del trabajo: la computarización de todo. “Las habilidades de muchos trabajadores manuales han sido transferidas a ordenadores y estos hechos redundantes. Si no se ha extendido más es porque hay países pobres donde el trabajo es aún más barato que fabricar el producto sólo con máquinas. Cuando sea más caro, la computarización del trabajo será completada. También la del trabajo intelectual, la de periodistas o profesores universitarios. Seguro que hay gente en Silicon Valley, en las grandes corporaciones, trabajando en eso ya. Saben cómo hacerlo. Así que estamos a punto de conocer un mundo nuevo y la única posibilidad que nos queda en él es cortar la conexión entre empleo y medios de subsistencia. Que el ingreso de toda la sociedad se divida para que todos sean mantenidos con vida, que los medios de subsistencia sean independientes de la compañía para la que trabajas. Que conste que la robotización del trabajo duro es una bendición. Es algo con lo que soñamos. Y es un bonito sueño aún. Pero hay que hacer algo con los actuales mecanismos de la sociedad para hacerlo vivible”.