dilluns, 31 d’octubre de 2016

La fi de l'autònom tal com se'l coneix

Article publicat a  La Vanguardia


Posdemocracia tecnocrática en Europa

Article publicat aEl periódico

Posdemocracia tecnocrática en Europa

La desregulación y la liberalización financiera han recortado el control democrático sobre la economía

La UE, seducida por la tecnocracia, se pliega a una globalización descontrolada, lamenta Habermas

VIERNES, 28 DE OCTUBRE DEL 2016 - 19:29 CEST
Las medidas adoptadas para afrontar la crisis financiera y las dos recesiones que siguieron en Europa, los duros ajustes impuestos desde Bruselas y las promesas electorales incumplidas muestran que la democracia se ha convertido en más aparente que real, subrayan destacados sociólogos y politólogos, como Colin Crouch, Wolfgang Streeck, Henry Farrell, Wolfgang Merkel y Jürgen Habermas.
Los elementos formales de la democracia se mantienen y los ciudadanos votan regularmente. Pero al final las decisiones son cocinadas por una elite estrechamente vinculada a las grandes corporaciones y al sector financiero y la política socioeconómica que se aplica es la misma agenda neoliberal, independientemente de quien gane las elecciones, señala Colin Crouch, profesor de la Universidad de Warwick y autor de'Post-Democracy'.
Wolfgand Streeck, director del Instituto Max Planck para el Estudio de las Sociedades de Colonia, suele referirse a la "democracia fachada", "una cáscara vacía, un ritual formal", donde los votos no sirven para modificar la política económica, mientras que Habermas en su reciente libro 'The Lure of The Technocracy' enfatiza el aspecto tecnocrático de la toma de decisiones económicas en la UE, que se sustrae a la participación política ciudadana.
En la posdemocracia, la política está controlada por unas élites que explotan las técnicas de marketing y que eluden tener que responder por sus decisiones, mientras que los ciudadanos son meros sujetos pasivos, precisa Crouch. Desde el poder se afirma que las decisiones son por el bien de todos, porque todos tienen los mismos intereses, "pero eso es falso", destacaba el historiador británico Tony Judt. "Los ricos no quieren lo mismo que los pobres. Quien depende de su trabajo para vivir, no quiere lo mismo que quien vive de los dividendos y las inversiones. Quien no necesita servicios públicos, porque puede comprar transporte, educación y protección privada, no busca los mismo que quien depende exclusivamente el sector público", explicaba Judt.

PÉRDIDA DE INFLUENCIA CIUDADANA

La pérdida de influencia política ciudadana se ha visto favorecida por la destrucción del empleo industrial en Europa desde la segunda mitad de los 70, el debilitamiento sindical y el mayor empleo en los servicios, con una población menos cohesionada, con menos identidad y menos capacidad de plantear demandas políticas, explica Crouch.
La sucesiva supresión de las regulaciones económicas y financieras, las privatizaciones de empresas y servicios públicos y el abrazo de una globalización sin cortapisas por parte de los gobiernos a partir de los 80 han debilitado la democracia en Europa, señalan Crouch y Steeck. Esto ha impulsado al desarrollo de grandes corporaciones, operadores financieros y una élite transnacional, que gracias a la liberalización financiera pueden mover sus riquezas a paraísos fiscales. Debido a la globalización y desnacionalización, las grandes empresas y los operadores financieros han dejado de estar subordinados a las decisiones políticas democráticas nacionales y gracias a la riqueza acumulada y a su poder de presión son ahora quienes imponen sus reglas a los gobiernos y a la UE, añaden Crouch y Streeck.
Ante el debilitamiento de la capacidad de actuación de los gobiernos nacionales, la Unión Europea (UE) como estructura continental podría haber actuado para contrarrestar los excesos de la globalización y desnacionalización empresarial para devolver un control democrático sobre la economía y las decisiones económicas, indica Habermas.

A COSTA DE LA MAYORÍA

Por el contrario, la UE desempeña un liderazgo en socavar la democracia mediante la imposición tecnocrática de la política económica, el abandono de su dimensión social, las cláusulas en los acuerdos comerciales que negocia, la política de competencia que impide una inversión pública empresarial, la jurisprudencia mayoritariamente neoliberal que dicta el Tribunal de Justicia Europeo y la eliminación del control democrático sobre instituciones clave declaradas independientes, como el Banco Central Europeo (BCE), que ni siquiera tiene como prioridad velar por el crecimiento y el empleo, a diferencia de la Reserva Federal de EEUU, coinciden Crouch, Streeck y Douglas Voigt.
En esta posdemocracia no es de extrañar, por tanto, que "el salvamento de los bancos de sus propias fechorías se haya realizado a costa del resto de los ciudadanos", que han tenido que sufrir los recortes de gasto público asociados a la crisis y las contrapartidas impuestas en los rescates, recuerdan Crouch y Streeck.

Barcelona saca a concurso siete solares para impulsar vivienda cooperativa

Article publicat a El Periódico



IDA JA
El terreno de las futuras viviendas colaborativas de La Borda, en Can Batlló, en Sants-Montjuïc.

Los terrenos, de propiedad municipal, tienen capacidad para construir 133 pisos en seis distritos

La propiedad del suelo nunca dejará de ser pública y se fomentará la gestión comunitaria de los inmuebles

EL PERIÓDICO / BARCELONA
SÁBADO, 29 DE OCTUBRE DEL 2016 - 18:58 CEST
El Ayuntamiento de Barcelona ha sacado a concurso público siete solares municipales para impulsar la vivienda cooperativa, informa este sábado el consistorio. Se trata de terrenos situados en Sants-Montjuïc, Ciutat Vella, Horta-Guinardó, Nou Barris, Sant Martí y Sarrià-Sant Gervasi, con un potencial para construir 133 pisos en total.
El equipo de gobierno impulsa así nuevas formas de acceso y de relación con la vivienda protegida que no son ni el alquiler ni la propiedad, fórmulas que evitan la especulación, garantizan la estabilidad en el tiempo de los usuarios y fomentan la gestión comunitaria de los inmuebles, según el Ayuntamiento de Barcelona. El acceso a este concurso quedará restringido a cooperativas y promotoras sociales de vivienda, la propiedad del suelo nunca dejará de ser pública y se ofrecerá en derecho de superficie. Las bases del concurso se publicarán en los próximos días, momento a partir del cual las cooperativas interesadas podrán presentar sus propuestas.

CRITERIOS AMBIENTALES

La valoración de los proyectos tendrá especialmente en cuenta criterios ambientales, como el uso de sistemas constructivos de bajo impacto ambiental, y sociales, como la imbricación con el territorio y la participación de los cooperativistas.
Igualmente, los proyectos deben prever una cantidad significativa de espacios comunitarios que promuevan la vida en comunidad, el uso compartido de infraestructuras básicas y la corresponsabilidad de los usuarios en la gestión. En los próximos meses, a la vez que se sigue el procedimiento de puja, se ampliará con nuevos espacios que se pondrán a disposición de este proyecto, y también con la posibilidad de incorporar edificios que se deben rehabilitar y que volverían al mercado también con esta modalidad de tenencia en cooperativa.
El gobierno municipal se plantea el objetivo de aportar a lo largo de los próximos años al menos más de 400 viviendas cooperativas en la ciudad.

DOS PROYECTOS EN MARCHA

En estos momentos hay dos proyectos de covivienda que ya se encuentran en desarrollo: Can Batlló, que proporcionará 28 viviendas, y cuyas obras empezarán este otoño, y un edificio en la calle de Princesa, en Ciutat Vella, que acogerá 5 nuevos pisos.
Además de poner a disposición solares municipales, el ayuntamiento está en conversaciones con la banca ética y cooperativa para facilitar la financiación de estos proyectos
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Enric Durán "Estamos compartiendo la práctica cooperativista con la práctica comunal"

Article publicat a Diagonal Periódico

22/10/16
El activista Enric Durán. / DAVID FERNÁNDEZ

Encontramos amplias resonancias en la Marcha por el Decrecimiento, organizada en Catalunya por Temps de Re-Voltes, de La Otra Campaña, organizada por el EZLN en México unos meses antes. Una década después, ¿qué aprendizajes extraes de los ciclos vividos en y por los movimientos sociales, en un momento en el que los tiempos electorales parecen haber canalizado energías y desactivado el potencial presente en las movilizaciones de estos años?

Efectivamente La Otra Campaña fue una de las inspiraciones de La Marxa pel Decreixement que se hizo en el año 2008. La idea era utilizar una metodología que se ha comprobado que puede funcionar para construir red, para construir movimiento social, y así fue como en esos tiempos se trabajó para construir la red por el decrecimiento. Eso fue, de alguna forma, la antesala de la construcción de la Cooperativa Integral Catalana. Como dices eran otros tiempos... El foco en la construcción alternativa era mucho más transversal a muchos movimientos sociales, mientras que ahora algunos de ellos tienen la mirada muy hacia lo institucional. Por eso lo que ha pasado en estos últimos años. No es nuestro caso, desde mi punto de vista estos atajos no llevan en el fondo a ningún lado. Puedes conseguir algunas pequeñas victorias, pero también tiene muchos peligros y te llevas muchas derrotas.
Nosotros seguimos construyendo esta otra política, esta otra economía, esta otra sociedad, y creemos que tarde o temprano nos vamos a ir encontrando con muchos que, aunque algunos hayan hecho otros pactos, por la experiencia se van a dar cuenta de que allí es donde podemos construir una transformación más real de la sociedad. Y no sólo porque esos pactos sean necios, sino que también podemos construir algún que otro atajo, pero no de ese estilo. Podemos construir herramientas más potentes, podemos tener un impacto más grande, podemos tener unas consecuencias de las formas de organización social, económica, etcétera, y por tanto ahí seguiremos trabajando duro para que puedan servir a toda la sociedad.

Recientemente en el libro de A nuestros amigos, del Comité Invisible, se hacía una fuerte crítica de la economía social y solidaria, hasta el punto en el que era considerada como un arma contra-insurreccional en manos del Estado y del capital, una especie de parche en el sistema que no discutiría realmente su mantenimiento. ¿Cómo valorarías esta crítica a la luz del debate público y puesta en marcha en Europa y en otras geografías de ecoredes, monedas alternativas, préstamos e inversiones cooperativistas, mecanismos de financiamiento colectivo y demandas como la de una renta básica?

En nuestro caso no siento que nos afecte esa crítica porque nuestra forma de construir otra economía es no sólo oponiéndonos al modelo capitalista, sino también oponiéndonos al Estado. Por tanto, nuestra propia actividad es difícil de integrar por este sistema que está criticando el Comité Invisible. Esto lo hacemos a través de la desobediencia económica. No compartimos la visión legalista de constituir con los impuestos al Estado, que no nos representa y, por tanto, promovemos la autotasación, promovemos generar herramientas para generar otros beneficios que serían para los encuentros que se quieren organizar en ámbitos locales y políticos de abajo, y de ahí construir otras instituciones que sí que sean las populares, las de lo común, y que se diferencien tanto del Estado como del capitalismo.
 
"Estamos compartiendo la práctica cooperativista con la práctica comunal"
Es importante que ese tipo de movimientos busquen más los detalles de nosotros sobre los que poder trabajar y se den cuenta de que hay movimientos que trabajan también por una economía solidaria, pero lo hacen desde un punto de vista totalmente antagonista al Estado y al capitalismo y, por tanto, son firmes aliados para construir esa autonomía y esa posición desde abajo. También sentimos que podemos influenciar esa economía social y solidaria para desde el diálogo, desde la colaboración también, poder demostrar que no hace falta entrar dentro de la legalidad del Estado para generar sociedades sostenibles que puedan ofrecer alternativas económicas de mayor calado a largo plano. Entendemos que el marco legal es muy limitado y contradictorio para construir transformaciones sociales de calado profundo y, por tanto, hay que ir más allá y atreverse a construirlas fuera, sin por ello tener miedo a perder una centralidad en el campo social.

A la luz de la experiencia, ¿crees que las monedas alternativas como formas de valorar los intercambios rompen las lógicas de calculabilidad presentes en la moneda formal?

Desde mi punto de vista las monedas alternativas no pueden producir un importante cambio por sí solas, sino que tienen que ser parte de ecosistemas muy ricos y muy completos que construyan otra economía y transformen completamente las reglas del juego. La moneda social puede ser una herramienta para generar más abundancia en la capacidad adquisitiva dentro de una comunidad, para acceder con más facilidad al crédito, para generar identidad, para generar comunidad y compromiso entre distintos sujetos que participan en la construcción de otra economía.
En ese marco es útil en distintos sentidos, sobre todo para recuperar la soberanía monetaria y financiera que los bancos centrales y el sistema euro aquí en Europa nos han quitado. Por tanto, es parte importante en el cambio pero no parte suficiente, y este es un error que muchos colectivos que trabajan con monedas sociales suelen cometer. Por eso, en nuestra experiencia la moneda social es parte de un ecosistema más amplio, como es el caso de la Cooperativa Integral Catalana, o como es el caso de FairCoop, del uso que hacemos de herramientas como FairCoin o la colaboración con monedas sociales a nivel local.

A partir de una posible reflexión en torno a la precariedad y el papel de la economía informal, ¿sería posible decir adiós al capitalismo y abolir el trabajo y sus lógicas, o necesitamos pensar estrategias como parte de una reflexión más profunda respecto al papel del trabajo en nuestras sociedades?

Los objetivos que comentas son ambiciosos, pensados para multitudes, pero pueden ser bastante factibles para grupos pequeños que ya están autoorganizados. Y de lo que se trata es que estos grupos no se contenten con salvarse a sí mismos, sino que realmente ofrezcan herramientas abiertas para facilitar que la gente que trata de sobrevivir fuera de las herramientas del sistema pueda tener una dignidad vital en comunidades y ecosistemas más amplios.
Se trata de facilitar desde el activismo cada vez más, en hacer esos pasos, en construir opciones de vida, tanto personal como colectiva, fuera del ámbito del trabajo convencional y, por tanto, generar oficinas de autoempleo, proyectos de escuelas cooperativas, iniciativas dirigidas a todo el mundo que desde el apoyo mutuo, desde la solidaridad, desde el ejemplo hagan ver que realmente es más factible de lo que mucha gente cree construir esa iniciativa autogestionada.

¿Qué planos organizativos y dimensiones vitales crees que nos hace falta todavía fortalecer en esta revolución integral?

Yo creo que la mayoría de estos planos están en marcha en un lugar u otro, y lo que hace falta es ser capaces de conectarlos y de juntar subjetividades para hacer planes conjuntos. A veces hay la tendencia de pensar que lo nuestro es lo mejor y no mirar lo que están haciendo otros, y es fundamental mirar más allá de lo que uno está haciendo y no irnos por la crítica superficial o ese conocimiento no profundo, sino tratar de conectar y ver cómo estas piezas se pueden conectar.
Esa transversalidad, ese trabajo de red de redes es vital y elemento fundamental para pasar de algunos archipiélagos, de algunas redes, de algún pequeño ecosistema a un planteamiento mucho más amplio, mucho más rico, partiendo de mucho la presencia. Por ejemplo, tenemos ya cooperativas en el Estado español en muchos ámbitos de la vida. Hay cooperativas en telecomunicaciones, en energía, bancarias, proyectos monetarios, proyectos de autoempleo, naturalmente en cuidados, en educación, y en muchos otros ámbitos. Pero pocos de estos proyectos están juntos en un mismo plano. Hace falta ser capaces de encontrarlas y de ser capaces de hacer estrategias ambiciosas para realmente que estas piezas constituyan una alternativa completa al capitalismo.

FairCoop parece representar uno de los primeros pasos para crear una logística contrahegemónica, una contralogística que permita una vinculación entre diferentes cooperativas y nodos. Sin embargo, resulta difícil transmitir lo que significa FairCoop o FairCoin a gente que tiene un proyecto productivo, por ejemplo de cabras y que está en la montaña. La distancia que hay entre sus problemas cotidianos y las soluciones que representa Faircoop es amplia. ¿Cómo ves la conciliación entre las problemáticas específicas y las soluciones que ofrece Faircoop-Faircoin?

Es una cuestión de tiempo, un proceso de construcción de un ecosistema como en el que está trabajando FairCoop necesita tiempo. Llevamos dos años construyendo herramientas, generando redes de grupos locales que ya tienen algo de capacidad para comunicarse. Por ejemplo, el tema del FairCoin, para que sea accesible a gente que no tiene fácil el uso de la tecnología tiene que seguir algunos pasos, pero en breve queremos sacar tarjetas de plástico con las que el usuario no necesita tener un móvil o internet en el momento del pago para poder utilizar una moneda alternativa. Es un paso importante para ese tipo de situaciones y como ése hay distintos elementos en los que hay que ir paso a paso. Primero, esa red de nodos, de grupos de personas que en lo local tienen la capacidad de estar observando el proceso global, participar de él, y al mismo tiempo comunicarse con proyectos productivos concretos. Son los enlaces que estamos confiriendo y que son completamente necesarios para que esa capacidad de participar en el proyecto del que está trabajando con cabras en la montaña realmente llegue el momento de que se pueda dar. Y por eso seguramente hará falta trabajar mucho más la capacitación y la formación de esos grupos que están haciendo de enlace.
 
"En relación a los municipios grandes, no entendemos que sea una estrategia que nos haga avanzar de forma importante el hecho de presentarse a elecciones y tomar el poder"
Hará falta que algunas herramientas estén más avanzadas y que tengamos mejores materiales, impresos y de distinto tipo, para apoyar a las personas que se puedan implicar. Es un proceso que se va construyendo continuamente tanto en el ámbito global, que es muy rico, muy dinámico, como en los distintos ámbitos locales, más dinámicos incluso, aunque más difícil al encontrarte con personas, lo que requiere un proceso de inmersión y de aprendizaje importante. Pero ahí estamos, se seguirá trabajando y creo que el próximo año se va a ver de alguna forma toda la dimensión de lo que se está haciendo.

¿De qué manera podría beneficiar a una cooperativa formar parte de FairCoop e introducirse en términos laborales de intercambio de bienes de capital o bienes que tuvieran que comprar? ¿Cómo podrían ellos beneficiar al resto?

FairCoop está incluyendo todo el aprendizaje de las cooperativas integrales en cuanto a dar una cobertura colectiva legal que permita a los proyectos locales y autogestionados desconectar de la relación directa con el Estado. Eso está incluido, por ejemplo, con el proyecto de la cooperativa europea de Freedom Coop. Al mismo tiempo estamos añadiendo toda una serie de herramientas y tecnologías para desconectarse también de la parte bancaria, de la parte monetaria, incluso de la parte de telecomunicaciones. Distintos ámbitos que el Estado y el sistema económico controlan con sus actividades y nos hace dependientes de ellos. Estamos preparando romper distintos lazos para que colectivos que deseen ser completamente autónomos puedan hacerlo sin ningún riesgo ni ninguna dificultad que tengan que asumir solos, sino como parte de una agregación de redes, de grupos, de un ecosistema que colectivamente ya está trabajando en todo ello.
En ese sentido, la parte de autonomía con relación al sistema bancario conjuntamente con cualquier tema legal, ya genera un punto de inflexión bastante importante que en un par de meses seguramente haremos más público y explicaremos más en detalle todo eso que se ha hecho para poderlo practicar. Aún nos queda tener algunas herramientas preparadas para ello. Pero, por tanto, esa gente que trabaja sólo en efectivo, con las dificultades que eso tiene –que se puede perder, que se puede robar, es muy difícil de localizar, etcétera– puede también trabajar con herramientas digitales, pero sin que esas herramientas sean controladas por el Estado. Y poder trabajar y acceder a ellas aun sin disponer de soportes digitales a través de tarjetas de plástico y poder tener una cobertura legal, por ejemplo, si necesita proveedores que te van a pedir factura y que no saben cómo acceder a ello sin pagar los impuestos y que se los come porque es consumidor final. Ahí se puede agarrar mucho dinero que se puede revertir en la construcción de esos proyectos que luego hacen falta.
Algo que me dejaba es la relación entre colectivos productivos y colectivos de consumo, que quizás algunos movimientos sociales han trabajado en un ámbito muy local –como por ejemplo las cestas de productos frescos– pero que en otros muchos ámbitos en los que no hay esa relación directa y forman parte de lo que consideramos durante nuestra vida no existe esta relación.
Hemos de conseguir herramientas para que se den relaciones sin intermediarios entre redes consumidoras y redes productoras de una forma que sea fácil de organizar, que sea eficiente y que además no sea mediada por el sistema en la parte legal ni en la bancaria. Desde generar compras colectivas a una fábrica autogestionada, a otras compras a una cooperativa de los kurdos o el café cooperativo de Chiapas, distintos colectivos combativos que comparten fines pero con los que a veces es difícil relacionarse pues estamos trabajando para que todo eso pueda construirse desde lo local hasta lo global en un espacio colaborativo complejo.

¿Entonces, el intento que estáis haciendo sería desplazar, destruir, destituir lo que sería la estructura capitalista (en términos marxistas; economía bancaria, aparataje legal...) por una estructura comunitaria pronunciada en nuevos términos?

Estamos compartiendo la práctica cooperativista con la práctica comunal. Es decir, todo lo interesante a nivel de economía solidaria y cooperativista pero añadiendo la parte comunal de alternativa a la visión estatista desde arriba, sino desde abajo, desde lo común, aprendiendo de Chiapas, aprendiendo de Rojava, de iniciativas de este tipo y tratándolas de extender a distintos lugares del mundo donde nosotros podemos aportar también esa parte de otra economía. Otra moneda, otro sistema bancario que muchos sistemas comunales no tienen porque no tienen acceso a esa tecnología. Juntando nuevas tecnologías descentralizadas, como el blockchain, con lo cooperativista, con lo comunal, se genera un kit de herramientas y de infraestructura que permite construir muchos elementos de esa otra sociedad.

Para ir cerrando con la situación actual, ¿desde el plano municipal contempláis de alguna manera a nivel individual, de colectivos o de cooperativas la relación con determinados municipalismos, toma de control de determinados municipios? ¿Cómo lo experimentáis o cómo lo vivís? ¿Habéis tenido algunas discusiones a este respecto o no?

"Para nosotros, la asamblea abierta es un elemento clave en el proceso colectivo, cooperativo y comunal que estamos desarrollando"En relación a los municipios grandes no entendemos que sea una estrategia que nos haga avanzar de forma importante el hecho de presentarse a elecciones y tomar el poder como se ha dado en distintos municipios grandes y con lo que eso genera. Generaciones de activistas que están entrando en lo institucional y están perdiendo todas las capacidades de transformación desobediente que habían aprendido y generado en muchos años.
Cuando se trata de municipios tan pequeños donde prácticamente es que no se trata de si entrar en lo institucional, sino que se trata de que la asamblea sea decisoria realmente, una asamblea popular, y que no se dé el caso de alguien que esté en el ayuntamiento y pueda decidir algo que no decida la asamblea popular, en esos ámbitos sí creo que es más fácil establecer sinergias y establecer colaboraciones directas.
Aunque esas asambleas populares no es algo que actualmente y a corto plazo FairCoop esté promoviendo directamente –pues estamos trabajando más en generar las infraestructuras económicas que luego esas iniciativas desde abajo puedan obtener como herramientas, como dispositivos– sí que en algún momento y quizás más desde la discusión política, será importante facilitar ese encuentro entre iniciativas asamblearias populares, pequeños pueblos quizás, con una parte importante en las decisiones o estableciendo un contrapoder en lugares más grandes para completar ese ámbito más pleno de juntar lo social, con lo económico, con lo cultural y lo político.

Lo integral...

Sí, digamos que para nosotros la asamblea abierta es un elemento clave en el proceso colectivo, cooperativo y comunal que estamos desarrollando como oportunidad de integrar todos los ámbitos. Como FairCoop trabajamos con las comunidades abiertas, pero nuestros ámbitos de participación todavía no tienen la capacidad de agregar suficientes vecinos de un barrio, de un pueblo, como para entender qué es una asamblea de barrio. Tienen que haber muchos más colectivos y subjetividades que participen en espacios así, y si eso se crea, pues ahí vamos a estar también.

Para ir terminando, ¿estáis trabajando en el diseño político de las herramientas de toma de decisión a nivel barrial, en el que se sume lo barrial, lo productivo, lo cultural, y que todas esas interseccionalidades se puedan trabajar en la toma de decisiones sin que simplemente aplique la decisión de la mayoría?

En niveles amplios donde participe mucha gente de un ámbito local, por ejemplo en el Estado español, creo que no tenemos aún muchas experiencias de este tipo, porque digamos que está un poco disgregado el ámbito vecinal del ámbito cooperativista o del ámbito más politizado. Sí que tenemos experiencias, por ejemplo tanto en Bakur como en Rojava, de gente con la que estamos en contacto y de la que intentamos aprender cómo relacionan esa parte comunal, política con esa parte cooperativista.
Digamos que ellos están en una situación diferente a la nuestra, tienen mucho más desarrollada la parte política y en la parte cooperativista están empezando, en la parte de construcción de una economía productiva más colectivista. Y nosotros estamos un poco al revés, tenemos más trabajo hecho en la parte económica pero menos en la parte política, entonces ahí hay un intercambio de experiencias que puede ser bastante interesante para aprender unos de otros y tratar de generar a largo plazo cambio social e inclusivo a todos los niveles.

Pensábamos en la ZAD (Zona a Defender) en Francia como un ejemplo de escenario europeo en el que se vinculan de forma exitosa la parte comunal y de defensa del territorio, la parte cooperativa y de proyectos productivos y la parte política. Coincidiendo con la llamada de solidaridad internacional emitida por agricultores locales y colectivos activistas de Notre-Dame-des-Landes para el 8 y 9 de octubre frente a la amenaza de desalojo, queríamos saber si habéis estado familiarizados con el proceso y habéis tenido comunicación durante el mismo.

Con las ZAD y especialmente con la de Notre-Dame-des-Landes (Nantes), hemos tenido comunicación de forma intermitente estos últimos años. Los compañeros de la ecoreseau Nantesa, que se pusieron en marcha con la referencia del proceso en Catalunya, han estado haciendo de contacto entre ambos movimientos estos años y en el momento de mi viaje a la clandestinidad la ZAD emitió una carta de solidaridad que respondí con agradecimiento y mostrando la afinidad con su lucha. Ellos demuestran cómo una situación de resistencia puede tener capacidad para crear un espacio de autonomía y construcción de alternativas.

dissabte, 29 d’octubre de 2016

Cinco lecciones para la ciudad del futuro

Article publicat a El País

Las urbes acogerán a 2.000 millones de personas más en 2036. El premio Pritzker 2016 ofrece una guía para afrontar el desafío


Viviendas sociales del proyecto Villa Verde de Elemental, de Alejandro Aravena, en Constitución (Chile).
La semana pasada en Quito (Ecuador) unas 45.000 personas se dieron cita en UN Habitat III, la cumbre global en la que cada 20 años se fija la agenda urbana del planeta. ¿Por qué tendría que importarnos? Porque en las próximas dos décadas más de dos mil millones de personas se moverán hacia las ciudades, lo que en principio son buenas noticias; las ciudades ofrecen más oportunidades tanto a los pobres como a la clase media y las élites.
Pero hay un problema: la amenaza de lo que en inglés llamamos las 3S: la escala (scale), velocidad (speed) y escasez de recursos (scarcity) con la que deberemos responder a la urbanización no tiene precedentes en la historia de la humanidad. De los 3.000 millones de personas que viven hoy en ciudades, 1.000 millones están bajo el umbral de la pobreza; de los 5.000 millones que habrá en las próximas décadas, 2.000 millones estarán en esa situación. Eso significa que deberíamos construir una ciudad de un millón de habitantes por semana con 10.000 dólares por familia. Si no resolvemos esta ecuación, vivirán en condiciones inaceptables, la inequidad será una realidad y el resentimiento y la rabia se instalarán como una bomba de tiempo social en las periferias urbanas.

Y, además, si por alguna feliz circunstancia encontráramos la forma de construir esa ciudad de un millón de habitantes, nos enfrentaríamos a una crisis ambiental y de seguridad de grandes proporciones. Según el Departamento de Defensa norteamericano, los próximos conflictos, guerras y amenazas terroristas van a ser gatillados por el cambio climático (hay por ejemplo una correlación entre las zonas de conflicto bélico y el mapa de sequía y escasez de agua en el mundo).
Esta encrucijada es la que se debatió en Quito. Afortunadamente, la convocatoria hecha por Joan Clos, director ejecutivo de UN Habitat, ha ordenado el debate en una dirección esperanzadora: necesitamos invertir la manera de ver la relación entre buenas ciudades y desarrollo. Su desafío es convencer a alcaldes, expertos y ministros de Finanzas y Economía que buenas ciudades pueden ser el detonante de la creación de valor y no el resultado pasivo del crecimiento económico.
Lección 1. Buenas ciudades pueden ser la causa y no la consecuencia del desarrollo.
Para que esto ocurra, se debe seguir una triple aproximación: un buen Estado de derecho, un buen plan de financiamiento y un buen diseño. Imaginemos al alcalde de Ciudad X, en un país pobre que desde su oficina ve cómo los asentamientos informales se multiplican a una velocidad vertiginosa. Las chabolas no tienen derechos de propiedad claros, por tanto, no pueden tener una vida paralela como capital (como plantea Hernando de Soto). Están financiadas, además, por una sola fuente: las familias. Tampoco tienen acceso a servicios sanitarios básicos. No hay creación de valor; sólo gasto. En un asentamiento informal, la proporción entre espacio público y espacio privado es inferior a 1:10. La evidencia muestra que sólo cuando tal relación es cercana a 1:1 se puede esperar aumento de valor, siendo Manhattan la prueba arquetípica. Sólo en casos así, cada acción individual aporta valor al bien común.
Lección 2. El recurso más escaso no es el dinero, sino la coordinación.
Sin embargo, hay un aspecto positivo en la informalidad. Dado que no hay regulación, en el espacio urbano se mezclan usos residenciales, con comercio, talleres productivos y servicios.
Lección 3. Más que densidad, lo deseable es una cierta “intensidad”.
Nuestro alcalde se dirá: me gustaría hacer algo, pero ¿qué hacer con un presupuesto de seis dólares por habitante al año? Lo más probable es que se vea obligado a transformar suelo agrícola en urbano —aumentando aún más la periferia sin servicios— y que dedique la menor área posible a espacio público para resolver la enorme demanda de vivienda. Si bien tanto el derecho de propiedad como el acceso a saneamiento básico quedarán garantizados, la fuente de financiación única, la estatal, no será capaz de entregar viviendas estándar de clase media. Por otro lado, las regulaciones típicas de segregación de usos generarán una zona de baja intensidad urbana.
Es probable entonces que un desarrollador inmobiliario se acerque a ese alcalde y le proponga hacerse cargo. Solicitará, digamos, 20 hectáreas de terreno. El alcalde, anticipando algunos ingresos para las arcas municipales y viendo, además, la oportunidad de deshacerse de un problema, aceptará con la condición de que asuma 40. Los resultados no serán tan distintos a los de la operación estatal: los derechos de propiedad y el saneamiento estarán garantizados, la zonificación llevará a una baja intensidad urbana y el plan de financiamiento, al tener una sola fuente, hará imposible entregar a cada familia una vivienda de tipo residencial de clase media. El inmobiliario buscará maximizar el beneficio en el menor plazo posible, pero buscará ocultar su mezquindad por medio del diseño: las calles se curvarán para “animar” el barrio y se llamará a un arquitecto para aportar color a las casas. Dado el tamaño de las unidades, la autoconstrucción, que llegará a un 50% de área total, hará desaparecer al poco tal “aporte” estético.


chabolas de la favela Rocinha de Río de Janeiro.

¿Qué hacer entonces? Sería deseable que UN Habitat III aportara algunas ideas: por ejemplo, asociar al Estado y al mercado, tal que el plan de financiamiento contara con dos fuentes. En vez de entregar las 20 hectáreas de tierra como paquete cerrado, el alcalde podría dejar unas reservas de espacio público como si se tratara de “corredores cívicos”. Los lotes resultantes los podría abordar el privado siguiendo incluso la lógica convencional. Tendrá una intensidad urbana baja y mucha autoconstrucción, pero la mayor proporción de espacio público podría sumar valor en el futuro.
Lección 4. Más importante que lo que construyamos va a ser lo que no construyamos.
La verdadera innovación ocurriría si tanto el Estado como el mercado unieran fuerzas con los recursos de las propias personas. El punto de partida serían también reservas de espacio público donde el mercado opere de manera convencional. Al desarrollador, eso sí, se le deberá pedir que deje un 50% del espacio sin construir. Un sistema abierto, “poroso”, sería la manera de canalizar la iniciativa individual y los recursos de cada familia. Los derechos de propiedad estarían garantizados y resultaría una zona de mayor intensidad. Al haber tres fuentes de financiamiento y dos de ellas dedicadas exclusivamente al espacio privado, el alcance de la operación residencial al menos se duplicaría. Y se alcanzaría el estándar de clase media gracias y no a pesar del diseño.

La amenaza es la escala, velocidad y escasez de recursos con la que deberemos responder a una urbanización sin precedentes

Lección 5. La autoconstrucción es parte de la solución, no del problema.
Será interesante ver en 2036, en UN Habitat IV, si los políticos habrán entendido que las buenas ciudades pueden ser la fuente y no la consecuencia del desarrollo, si el mundo inmobiliario y el capital privado habrán entendido que en un buen negocio en el sentido amplio de la palabra se debe pasar de los dos dígitos a un dígito de retorno de la inversión, y si habremos sido capaces de movernos de las 3P (public-private-partnership) a las 4P (public-private-people-partnership).

Alejandro Aravena es premio Pritzker 2016 y comisario de la Bienal de Arquitectura de Venecia 2016.

divendres, 28 d’octubre de 2016

Soluciones a la movilidad inmovilista

Article publicat a El Periódico
Jueves, 27 de octubre del 2016

El debate sobre el tráfico rodado

Pau Noy Serrano
Pau Noy Serrano
Ingeniero industrial.

Barcelona tiene posibilidades de doblar el número de personas que viajan en transporte público

Soluciones a la movilidad inmovilista
ALBERT BERTRAN
Tráfico intenso en un acceso de la Ronda de Dalt de Barcelona.
 
El RACC calcula que los automovilistas pierden 52.000 horas diarias en los accesos a Barcelona. Cada día entran 400.000 vehículos que en algún momento del día vuelven a salir, 800.000 en total. Si suponemos razonablemente que la mitad de ellos sufren congestión, cada automovilista pierde cada día cuatro minutos, a veces ocho si sucede en los dos sentidos.
¿Pierden realmente los conductores en congestión cuatro minutos cada día? Ya dijo Einstein que el tiempo era una magnitud relativa. Soy de los que opinan que la mayor parte de personas que se desplazan en automóvil pierden, no solo esos cuatro minutos, sino todo el tiempo de su viaje porque no pueden hacer nada aparte de conducir. No pueden leer, ni hablar, ni relajarse o despistarse, ni nada de lo que podemos hacer los que vamos en transporte público.

Es preciso un plan para reducir a la mitad
la circulación y conseguir que apenas contamine

Y no solamente eso, sino que además perjudican seriamente la salud de la población y gastan mucho dinero, unos 4.000 euros por año. ¿Realmente la red de transporte está tan mal para que cada día 400.000 personas usen el coche para acceder a Barcelona? Es evidente que no. Es su elección y la ciudad les deja hacerlo, porque la idea de que el derecho individual prevalece sobre el interés general tiene aún bastantes apoyos.
El transporte público de Barcelona es uno de los mejores de Europa, lo dicen los estudios comparativos que organismos independientes realizan con periodicidad, lo dicen los turistas que nos visitan y lo decimos los que nos dedicamos a estas cosas cuando visitamos otros países. Es cierto que cuanto más se aleja uno de la ciudad, peor es la calidad del transporte público, pero esto se debe a la histórica y equivocada decisión de invertir exclusivamente en el metro de Barcelona. Por eso hoy, la capital catalana, es la ciudad con la más alta densidad de metro de Europa.

REDUCIR EL TRÁFICO A LA MITAD

A pesar que la movilidad barcelonesa es inmovilista -todo un oxímoron-, Barcelona deber reducir el tráfico a la mitad si quiere que sus ciudadanos dejen de morir por enfermedades respiratorias. La movilidad automovilística mata a 3.500 personas cada año, consume una enorme cantidad de energía, llena la ciudad de un ruido ensordecedor y tiene una inaceptable accidentalidad. Declaraciones de Ada Colau, diciendo que el coche es como el tabaco en espacios cerrados y que tenemos que ir dejando el hábito de coger el auto, van en la buena dirección, pero hay que llevarlas a la práctica. Por tanto, lo primero que tiene que hacer la ciudad es dotarse de una hoja de ruta para reducir el tráfico a la mitad en 2025, y para ello es necesario que cada año reducirlo en un 3%. En el 2015 aumentó un 1%. No vamos bien. Hay que dar alternativas aumentando la capacidad del transporte público.
Barcelona puede doblar el número de personas que viajan en transporte público. TMB ha de recibir el encargo de redactar el plan correspondiente, coordinando a Renfe, FGC, el tranvía y los autobuses urbanos y suburbanos. ¿Es difícil? Sí. ¿Es imposible? No. FGC está al límite pero Renfe, Metro y autobuses aún tienen mucho recorrido. En Metro la automatización de líneas permitiría doblar la oferta. En cuanto a los buses, tienen una de las más bajas velocidades de Europa, exactamente de 11,8 km/h, y eso hace que sean caros de explotar y poco atractivos. Habría que encargar a TMB un plan para que los autobuses aumenten su velocidad a 15 km/h y luego poner la gestión de la ciudad al servicio de este objetivo. En el 2025 toda la flota deberá será de emisiones cero y muy probablemente de conducción autónoma. París es el ejemplo. Por su parte, Renfe tiene una enorme capacidad de crecer en cuanto copie las políticas de regulación -lo que significa capacidad- de FGC.
Ya tenemos arreglado el transporte público, con emisiones cero, y dispuesto a doblar el número de pasajes con una tarifa basada en los abonos, como en toda Europa. La T-10 debe ir directa a la basura.

ARREGLAR EL TRÁFICO

Ahora falta arreglar el tráfico. Arreglarlo significa que se debe reducir a la mitad y conseguir que apenas contamine. Deberá aprobarse un plan de etapas. Pongo un ejemplo, en EL 2018 solo podrán circular, de 7 a 21 horas, los coches con motor Euro 5 y los ecológicos. De noche y en fines de semana podrán circular todos. En el 2022, en días laborables solo podrán circular los coches ecológicos. Y en el 2025 solo podrán circular los autos con vocación colaborativa. Es decir, todo vehículo privado que quiera circular deberá ser de conducción autónoma y por tanto, deberá aceptar a otros pasajeros si es requerido para ello. En festivos, como la etapa anterior.

dimecres, 26 d’octubre de 2016

La mitja jornada no significa relegar la dona a llocs sense responsabilitat

Dos enllaços  que ho demostren:

Home Civil Service Job share finder

Article publicat a El País

CONCILIACIÓN LABORAL

Yo comparto mi empleo y mi salario

Repartir un puesto de responsabilidad entre dos trabajadores gana adeptos en Europa

Caroline Pusey (izquierda) junto a Heather McNaughton, comparten su trabajo como directoras de personal del Ministerio de Defensa birtánico.  EL PAÍS



























Caroline Pusey dirige un departamento mastodóntico del Ministerio de Defensa británico y empieza su semana laboral como cualquier otro cargo directivo de su país, los lunes por la mañana. La diferencia es que cuando llega el miércoles, Pusey le cede el testigo a Heather McNaughton, la persona que dirigirá a sus 120 subordinados hasta el viernes. Desde hace cinco años, Pusey y McNaughton comparten su trabajo gracias a un modelo que permite ocupar puestos de responsabilidad a trabajadores que no quieren o no pueden trabajar una jornada completa. “Quiero avanzar en mi carrera profesional, pero también quiero dedicarle a mis hijos el tiempo que necesitan”, explica Pusey por teléfono desde Londres.

Esta nueva vuelta de tuerca de la economía colaborativa no deja de ganar adeptos en algunos países europeos, donde el trabajador exige cada vez más flexibilidad para poder compaginar el empleo con otras facetas de su vida o con otros trabajos. Las empresas que lo ofrecen son cada vez más conscientes de lo beneficioso que resulta contar con dos cabezas por el precio de una. Jueces, profesores de universidad, políticos, periodistas y hasta curas anglicanos son algunas de las profesiones que se han atrevido con el job sharing. Suiza, Reino Unido, Alemania o Australia son países en los que compartir el trabajo se ha convertido en una fórmula relativamente frecuente. En España, el sistema no está extendido ni etre las empresas, ni en la Administración.


“Tienen dos cabezas pensando por el precio de una. Cuando hay problemas difíciles, somos dos perfiles distintos para solucionarlos", dice una directiva

El sistema es el siguiente: dos personas se reparten las horas de un mismo puesto de trabajo en días o turnos consecutivos. Así por ejemplo un jefe como Pusey trabaja de lunes a miércoles y su compañera ocupa la misma jefatura de miércoles a viernes. La pareja de trabajadores pacta un sistema de organización y comunicaciones que se repite cada semana. En el caso de Pusey y McNaughton, los martes a última hora ambas mantienen una conversación telefónica fija de una hora. El miércoles es el día en que coinciden en la oficina y encadenan las reuniones de la semana. Y el jueves empieza el turno de McNaughton. Funcionan con una cuenta de correo conjunta, una sola mesa y un único número de teléfono fijo. Mantienen además un compromiso firme de respetar las decisiones de la otra mitad y nunca enviar órdenes contradictorias a los subordinados.
Pusey le ve muchas ventajas, también para su empleador. “Tiene dos cabezas pensando por el precio de una. Cuando hay problemas difíciles, somos dos perfiles distintos para solucionarlos. Además, cuando vuelvo el lunes a la oficina, estoy fresca y llena de energía para trabajar”. Evidentemente, su salario, de unos 95.400 euros al año se resiente de forma proporcional a las horas que deja de trabajar, pero Pusey asegura que le compensa, teniendo en cuenta lo que tendría que pagar a una persona que cuide de sus hijos esas horas sumado al precio de dejar de verlos.





No existen datos oficiales que registren esta fórmula de trabajo, que en las estadísticas se computa como empleos a tiempo parcial. Sí hay estimaciones, como las de un estudio de Robert Half, la gran multinacional de recursos humanos, que indica que un 25% de las empresas europeas ofrecen puestos para compartir. El porcentaje varía según los países. En Reino Unido alcanza el 48%, en Alemania 15%, en Holanda y en Bélgica el 23% y en Austria el 19%. España no figura en el estudio, para el que entrevistaron a 1.200 empresas de toda Europa y que se publicó en diciembre de 2014. Desde entonces, proliferan las plataformas de trabajo compartido.

La Administración británica promueve esta manera de trabajar y publica un manual en el que anima a los empleados del sector público a compartir puestos y les ayuda a presentar candidaturas conjuntas. Explica además cómo se llevan a cabo los procesos de selección, incluida la entrevista simultánea a los dos candidatos. “Compartir trabajo puede ser muy satisfactorio, pero requiere flexibilidad, confianza y buen trabajo en equipo”, concluye el manual. Tiene además una página web donde los candidatos pueden inscribirse para contactar con potenciales compañeros de puesto. El sistema también funciona en el sector privado y en profesiones con jornadas tan intensivas como el periodismo, donde por ejemplo Anushka Asthana y Heather Stewart comparten la jefatura de la sección de Política del diario británico The Guardian desde el año pasado.
Caroline Gatrell, profesora de gestión empresarial de la Universidad de Lancaster, matiza que en Reino Unido el sistema está más extendido en universidades y oficinas del Gobierno y algo menos en el sector privado. Y piensa que si no se extiende más es porque es difícil quebrar la inercia de la cultura laboral dominante. “A muchos empresarios les da miedo romper el patrón de trabajo de nueve a cinco, pero se puede trabajar de muchas maneras”.
En Alemania, el trabajo compartido también experimenta un cierto auge. “Compartir el empleo forma ya parte de la agenda política en Austria y en Alemania y no hay eventos de recursos humanos en los que no se dedique un espacio a este tema", explica por teléfono desde Berlín Jana Tepe, codirectora de Tandemploy, una empresa de recursos humanos dedicada al trabajo compartido. Asegura que en su plataforma digital hay 5.000 personas registradas en busca de pareja para trabajar, de las 40.000 que desfilan por su web cada mes.
Tepe trabajaba hace tres años en una agencia de empleo convencional cuando le llegó un currículum de dos personas que aspiraban a compartir un único puesto de trabajo. Aquello le pareció un poco marciano, pero despertó su interés, así que entrevistó a los candidatos. Para su sorpresa, tenían un plan muy detallado de cómo pensaban compartir el puesto. Aquella experiencia le animó a poner en pie Tandemploy.

Líder político a tiempo parcial

La política también ha sucumbido a los nuevos modelos laborales. Un ejemplo esJonathan Bartley, colíder del Partido Verde británico. Bartley tiene un hijo discapacitado al que quiere dedicar tiempo, pero no quiere renunciar al liderazgo del partido. “Así puedo hacer lo que me apasiona y ocuparme de mi hijo”, cuenta por teléfono. Algo parecido le sucede a Caroline Lucas, con quien comparte la dirección el partido, quien dedica la mitad de su tiempo a su distrito electoral.
Las motivaciones de Bartley son también filosóficas.“Este sistema permite a los políticos tener otras ocupaciones y estar en contacto con la vida real. Además, hace posible que gente con otras profesiones pueda participar en política”. Explica que el cambio cultural, sin embargo, lleva tiempo y que continuamente tiene que enfrentarse a la misma pregunta: ¿sí, sí, pero quién toma las decisiones en el partido? La respuesta siempre es la misma: “Los dos”. Las entrevistas las hacen juntos o por separado, según les cuadre en la agenda, e igual sucede con los mítines. “Mire, la gente necesita trabajar, pero también calidad de vida. Cuando te vayas a morir, no dirás: lamento no haber trabajado más y pasado menos tiempo con mi familia y amigos. Será más bien al revés”.
Suiza es después de Holanda, el país europeo con un mayor índice de trabajo a tiempo parcial, 36,5% de los empleos frente al 15,6% de España o el 26,85% de Alemania, según los datos que proporciona Eurostat. No es extraño que un suizo pregunte qué porcentaje trabajas, es decir, si haces la jornada completa (100%), un 80%, un 50%... Thomas Geiser, profesor de derecho laboral de la universidad de St. Gallen, en Suiza, defiende esa flexibilidad, pero no acaba de comulgar con las ventajas del job sharing, en parte porque la cultura laboral suiza ya tiene interiorizada esa manera de trabajar. “Aquí se puede tener un puesto de responsabilidad a tiempo parcial. Hay muchísima gente que trabaja al 80% o que no trabaja un día a la semana. Para un tribunal de 10 jueces, por ejemplo, elegimos 15, porque algunos de ellos trabajarán al 50%. Es algo muy frecuente”. Para Geiser, uno de los inconvenientes de compartir trabajo es que si un miembro de la pareja laboral se va, algo relativamente frecuente en contextos laborales tan fluidos, el otro tiene que buscar un nuevo compañero.
PTO, una agrupación suiza dedicada a la “optimización del tiempo parcial”, destaca en uno de sus estudios el llamado job sharing intergeneracional. Hay personas en edad de jubilarse a las que les gustaría seguir trabajando en lo suyo pero no necesariamente a jornada completa. Compartir trabajo les permite trabajar un 30%, por ejemplo, y ejercer a la vez de mentores para la persona menos veterana, que ocuparía el otro 70% del puesto.

En España, sin embargo, compartir el trabajo está muy lejos de ser una opción más del abanico laboral. La reducción de jornada relega a menudo a tareas menores a los trabajadores –mayoritariamente mujeres- que la eligen. Un portavoz del Ministerio de Trabajo explica que el trabajo compartido como tal no existe y que en cualquier caso aquí el debate es otro. “La prioridad en España es la estabilidad, que se asocia con una jornada de ocho horas. Hay que tener en cuenta que venimos de cinco años de crisis”.Apuntan sin embargo, que en 2013 salió adelante una reforma que facilita el acceso a las pensicomo consecuencia de una sentencia del Tribunal Constitucional del pasado mismo año, qu e consideraba el cómputo de horas trabajadas a tiempo parcial discriminatorio.En la CEOE no tienen constancia de que los empresarios españoles recurran al empleo compartido. La paulatina salida de la crisis podría alterar sin embargo las prioridades de buena parte de los trabajadores.
El 63,2% de los empleados a tiempo parcial en España lo son porque no encuentran un trabajo a tiempo completo, según recoge Eurostat. El resto decide voluntariamente no trabajar toda la jornada porque tiene otras necesidades o deseos. Ellos, como sus colegas del norte de Europa, probablemente también aspiran a mantener su categoría profesional y a seguir haciendo lo que saben y para lo que sirven.