diumenge, 29 de gener de 2017

El cambio climático nos hará un 23% más pobres a finales de siglo

Article publicat a  Público

Que el clima está cambiando ya pocos lo cuestionan. Aunque entre el ejército de negacionistas esté Donald Trump. Y pese a que el súbito aumento de la temperatura acabe con cosechas, amenace con la extinción de especies y ponga en riesgo a la economía global. El calentamiento reducirá las horas de trabajo, la productividad y hará más pobres a los países del sur.

El sol se pone detrás de las chimeneas de billowing de la central eléctrica en Berlín/REUTERS
MADRID.- La economía no estará inmunizada contra el cambio climático. Por mucho que el supuesto freno a la actividad y la manida pérdida de competitividad estén detrás de los numerosos argumentos económicos que emanan de los centros de análisis y de poder vinculados especialmente a movimientos neoliberales y que han configurado durante los dos últimos decenios la tesis ‘negacionista’ del calentamiento global del planeta.
Así, al menos, lo creen Solomon Hsiang, catedrático en la Goldman School of Public Policy de la Universidad de Berkeley, su colega en esta institución docente, Edward Miguel y su homólogo en la también californiana Stanford, Marshall Burke.
En un reciente estudio, publicado hace unos meses en la prestigiosa revista científica Nature, estos investigadores anticipan, a partir de las conclusiones de un modelo econométrico cuya base de datos es la compilación de la evolución y cambios del clima en 166 países desde 1960 hasta 2010, que los ciudadanos que habiten en la Tierra a finales de este siglo, en 2100, verán cómo su renta personal se reducirá, de promedio, un 23%.
Un informe de las universidades de Berkeley y Stanford avisa que los efectos
colaterales del calentamiento global podrían obligar a una reconversión en toda regla de la economía internacional
El planteamiento de su informe es rotundo. El calor extremo, al que nos dirige el cambio climático global, dañará seriamente las economías del mundo. Bajo tal escenario, los cultivos no fructificarán o, en el mejor de los casos, recortarán considerablemente -en función de las inclemencias meteorológicas-, sus actividades productivas. De igual forma que los súbitos incrementos de temperatura transformarán la cultura del trabajo, con menos horas laborales y, por ende, descensos paulatinos de las tasas de productividad.
Sin embargo, también en este aspecto, los efectos colaterales del calentamiento global no serán similares en todas las latitudes. Ni mucho menos. El sur, una vez más, pagará la mayor parte de la factura. Aunque, como alertan los investigadores del informe, “el incierto impacto” del viraje climático “podría significar una reestructuración masiva”, casi una reconversión en toda regla, de la economía internacional, explica Hsiang. De hecho, las naciones del norte -en especial, Rusia y las potencias más avanzadas de Europa-, obtendrán beneficios del aumento de las temperaturas. Es decir, que sus ciudadanos verán enriquecer sus ingresos per capita. En contraposición a los territorios de América del Sur y África, cuyos ritmos de crecimiento económico se verán alterados por el aumento de grados en sus termómetros.
Un grupo de hombres empuja un coche en una calle inundada a causa de las lluvias en Italia /REUTERS
También de media, el 60% de la población más pobre del planeta, la que se concentran en estas latitudes, terminarán la actual centuria con un 70% menos de rentas personales. Más exhaustivamente, el 40% de los ciudadanos con menores ingresos perderán el 75% de sus actuales ganancias, asegura en otro cálculo el mismo informe.
En otras palabras, la brecha de la desigualdad en el reparto de la riqueza irá ensanchándose, como dice el propio Hsiang con una frase lapidaria: “se producirá una fuerte redistribución de la prosperidad desde las zonas más pobres a las más ricas”.
Los cambios serán sustanciales. Y no sólo por el incremento del calor. También porque el alza térmica aumentará el número, la intensidad y la periodicidad de las precipitaciones, así como el de fenómenos catastróficos como los huracanes. O porque con temperaturas entre 20 y 30 grados ya se reduce de manera palpable la actividad laboral, la productividad y la rentabilidad de las cosechas en países como EEUU, advierte el estudio en sus conclusiones prospectivas. “En la cultura popular, los días de sol son malos para la agricultura”, incide Hsiang. “Incluso en territorios con altos niveles de vida y avanzados tecnológicamente”, que podrían paliar esos recesos productivos.
A tenor de lo que desvela su modelo econométrico, “jornadas por encima de los 30 grados acarrean un coste en estados agrícolas estadounidenses de 20 dólares por residente”. En términos de ingresos. “Y eso, es dinero real”, precisa, dentro de unas predicciones que hablan de que la repetición de días con temperaturas superiores a los 35 grados en gran parte de Estados Unidos “se elevará dramáticamente” en los años venideros si no se combate el cambio climático. Su diagnóstico, en caso contrario, es rotundo y nítido.
Si el efecto invernadero sigue su curso actual “obligará a los gobiernos a modificar sus políticas y a los mercados a adaptarse a la transformación de los ciclos financieros y de negocios”, avisan sus mediciones, realizadas mediante métodos de Big Data y con nuevas aplicaciones de precisión informática.
Imagen de un pingüino en la base argentina de Carlini en la Antártida/REUTERS
Burke, su colega de investigación, habla en términos más absolutos. Para 2100, hay un 63% de probabilidades, si no se corrigen las previsiones de aumento de temperatura global del planeta, de que el PIB mundial se contraiga un 10% respecto de su riqueza actual. Un retroceso económico que será superior al 20% si el calentamiento resulta más intenso. La proyección del estudio apunta a una posibilidad del 51%. De igual forma que señala hasta un 12% de opciones de que se recorte a la mitad del valor de la actividad económica global. “El coste de no hacer nada será desorbitado”, añade.
A su juicio, entre las iniciativas gubernamentales para paliar el efecto invernadero, destacan la imposición a las emisiones de CO2, el establecimiento de normas de eficiencia energética o los subsidios a las energías renovables. “Los análisis de costes y beneficios que hemos realizado sobre la implantación de medidas de desarrollo sostenible dentro de una agenda oficial de preservación del Medio Ambiente eran hace años mucho más caras en comparación con los precios actuales que, en muchos casos, resultan ser especialmente baratos”.
La temperatura global, entre tanto, sigue dando muestras inexorables de calentamiento. En EEUU el caluroso septiembre pasado se movió casi un grado centígrado (en concreto 0,9 equivalente a 1,62º F) por encima de la media de todo el siglo XX, el mes de septiembre con mayor calor en 136 años, según atestigua la Noaa (National Oceanic and Atmospheric Administration). A un ritmo más intenso que el previsto en las conferencias sobre cambio climático para la conclusión de la presente década.
2016 fue el más caluroso jamás registrado desde 1880, eleva a tres el número de años de subidas consecutivas de temperatura y deja en 16 el número de periodos anuales con récord de calentamiento en el siglo actual
También la NOAA, en cooperación con la Nasa y la UK Met Office, acaban de publicar otro informe demoledor. El pasado año fue el más caluroso jamás registrado -disponen de mediciones desde 1880- después de firmar el tercer periodo anual consecutivo de subidas de temperatura. Además, 16 de los 17 años más calurosos se han producido en el siglo actual. En paralelo, los científicos que suscriben el documento indican que la Tierra nunca había experimentado tanto calor en alrededor de 150.000 años ni jamás había tenido tantos niveles de CO2 en la atmósfera desde hace 4 millones de años. De manera que el impacto del cambio climático sobre la población se hará notar más pronto y con mayor ferocidad de lo previsto, alertan.
Antes de apuntar que “el 90% de los factores del calentamiento en 2016 fue por el incremento de las emisiones de gases de efecto invernadero”, señaló Gavin Schmidt, director del Instituto Goddard para Estudios del Espacio, inserto en la estructura de la Nasa. “Y 2017 también será muy caluroso”, presagió.
Sin embargo, ninguna de estas predicciones parece que vaya a modificar el pensamiento de Donald Trump al respecto. El presidente de EEUU, que acaba de asumir el cargo, siempre se ha mostrado jocoso e irónico ante tales augurios. Por muy científicos que sean.
Trump piensa que “el concepto de calentamiento global fue creado por las autoridades chinas con el único propósito de reducir la competitividad industrial de EEUU” y se ha rodeado de un gabinete de negacionistas climáticos
Su idea, lanzada en noviembre de 2012 en su cuenta de Twitter –“el concepto de calentamiento global fue creado por las autoridades chinas con el único propósito de reducir la competitividad industrial de EEUU”, escribió- parece que tiene continuidad ahora que se ha instalado en la Casa Blanca. No por casualidad, en su gabinete hay voces que han contribuido decididamente al negacionismo climático. Todos ellos, en puestos clave si cumplen su amenaza de interrumpir los avances en la protección ecológica. Scott Pruitt, al frente de la Agencia de Protección Ambiental (EPA, según sus siglas en inglés), escribió en mayo de 2016, siendo fiscal general de Oklahoma, que “los científicos siguen sin ponerse de acuerdo” ni con el calibre ni con la prolongación del cambio climático, y mucho menos con sus consecuencias sobre la humanidad, lo que hace estéril el debate.

La economía colaborativa choca contra el muro de la Administración

Article publicat a Bolsamania

Este nuevo sector ha logrado una importante expansión en los últimos años

  • La crisis económica ha sido el principal factor para la aceptación de los consumidores

  • Blablacar, Airbnb, Homeaway o Uber se han encontrado con dificultades administrativas para la expansión de su negocio en España

Bolsamania | 10 dic, 2016
economia colaborativa
La tecnología corre, la economía anda y la legislación está sentada. Una fórmula compleja para el sector del consumo colaborativo, que ha generado en los últimos tiempos un elevado número de sanciones por parte de la administración hacia este tipo de empresas.
No obstante, el éxito de esta tendencia entre los consumidores es evidente. Las compañías encargadas que operan en este sector han vivido un crecimiento exponencial, con un modelo de negocio sencillo, poner a disposición del usuario la compra o alquiler de algún producto de segunda mano, financiar proyectos, alojamiento en casas de particulares o, incluso, compartir trayectos en coche. Un listado de posibilidades que tiene dos objetivos: el ahorro, en el caso del demandante, y la rentabilidad de un bien o servicio, por parte del usuario oferente.
Plataformas como Blablacar, Uber, Airbnb o Homeaway unen a ambas partes y generan un escenario de confianza y seguridad para que se produzca esta transacción. Miguel Ferrer, experto en economía colaborativa y director de asuntos públicos de Kreab, define este concepto como “una tendencia económica que se caracteriza por una forma de consumo de bienes y servicios que, a través de plataformas digitales, redes de usuarios interaccionan entre ellos ofreciéndose bienes y servicios de una forma eficiente”.

UNA EXPANSIÓN GRACIAS A LA CRISIS ECONÓMICA Y LA FACILIDAD DE INTERNET

La dependencia de internet en nuestra vida y la crisis económica han ayudado a potenciar la economía colaborativa. La crisis ha llevado a plantear nuevas maneras de consumir por parte de la población. Es decir, nuevos hábitos de consumo.
Los datos que ofrece la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) apuntan que este fenómeno ha experimentado un crecimiento exponencial durante los últimos años y que desde 2000 a 2015 presenta, además, un "enorme potencial futuro". Su informe de marzo de 2016 apunta que las iniciativas relacionadas con la economía colaborativa acumularon una inversión de 25.972 millones de dólares a escala mundial.

La crisis económica ha llevado a plantear nuevas maneras de consumir por parte de la población

La evolución ha sido especialmente rápida en la última época, donde se ha pasado de los 1.820 millones de dólares de 2013 a 8.489 millones en 2014 y 12.890 millones entre enero y septiembre de 2015.
En esta misma línea, el Foro Europeo de Economía Colaborativa (Eucolab), celebrado en septiembre de 2016 en Bruselas, señaló que las plataformas del sector obtuvieron 28.000 millones de euros en ingresos brutos en 2015. Los expertos europeos indican que la economía colaborativa aumentará, en el próximo año, un tercio en el continente y serán más de 150 millones de europeos los que participarán de este modelo económico.
Un fenómeno que ha llegado para quedarse. El 5% de la población europea ya participa en la economía colaborativa y, como destaca Eucolab, los españoles se encuentran a la cabeza de este listado con un 6% de sus ciudadanos que hace uso de esta mutua cooperación.
Miguel Ferrer analiza este escenario apuntando que “la sociedad española cada vez tiene más asumida que dentro de las posibilidades de consumir bienes y servicios, existe la posibilidad de acceder a una oferta realizada por personas que puede ser más rápida y económica”, indica.

MÁS CRECES, MÁS TE VIGILAN

La fricción entre el nuevo modelo y los competidores tradicionales no ha tardado en producirse. Empresas y trabajadores anteriores a la economía colaborativa muestran su descontento al legislador, por los obstáculos burocráticos y obligaciones que las plataformas digitales poseen de una manera diferente o no existen directamente.
La administración española ha tenido que tomar cartas en el asunto porque, sobre todo, se han visto afectado dos sectores muy influentes en el país: el transporte y el hotelero. “En ambos casos se han producido medidas sancionadoras y normas que además de injustificadas resultan poco pragmáticas para el futuro”, apunta el experto en economía colaborativa. Casos recientes como lo ocurrido en Madrid y Barcelona lo demuestran.
COMUNIDAD DE MADRID VS BLABLACAR
Una de las claves para que la economía colaborativa no entre en conflicto directo con los modelos tradicionales es que no exista ánimo del lucro por parte del oferente. Una circunstancia que es vigilada con lupa por parte de la administración.
El caso de la Comunidad de Madrid y Blablacar ejemplifica este hecho. La compañía de coches compartidos y dos de sus usuarios fueron sancionados por la administración madrileña tras considerar que ambos conductores estaban generando un beneficio con esta actividad.

Para realizar una actividad de coche compartido no puede existir ánimo de lucro y debe realizarse de manera ocasional, apunta la Comunidad de Madrid

La sanción para la compañía asciende a 8.000 euros, mientras que la dirigida a sus conductores es de 4.000 euros, respectivamente. Una multa que para Jaime Rodríguez, country manager de BlaBlaCar en España, “sorprende en sí mismo, va en contra de la legislación europea y, por supuesto, está recurrida en España y ante la Comisión Europea”, porque apunta que “la Comunidad de Madrid entiende que nuestros usuarios están realizando un trabajo de transporte profesional, y en este aspecto se equivoca”.
Paralelamente, la Confederación de Transporte en Autobús (Confebus) demanda a Blablacar y reclama el cese de su actividad por competencia desleal. Ambos asuntos ponen en manos de la justicia la actividad de la plataforma digital. “Nosotros tenemos un equipo de más de 100 personas revisando comportamientos anómalos de nuestros usuarios”, asegura el country manager de BlaBlaCar en España. “El objetivo nuestra actividad es clara: compartir los gastos del viaje sin que exista beneficio”, recuerda Jaime Rodríguez.
Pero la Comunidad de Madrid difiere de estos argumentos. Como señala Pablo Rodríguez Sardinero, director general de Transportes de la Comunidad de Madrid, “tras analizar un muestreo de varios usuarios de la compañía, donde existió obstrucción a la inspección, se observaron dos casos donde se consideró que se estaba realizando un servicio de transporte público, porque existía lucro y se realizaba de manera habitual”, y por lo tanto, al no tener licencia para ello se considera vulneración los artículos 140.2 y 141.7 de la Ley de ordenación de los transportes de 1987.
Desde Blablacar apuntan que en ambos casos “no se superaban los 14 céntimos de euro por kilómetro. Lejos, por ejemplo, de los 28,02 céntimos que establece el Observatorio del Transporte y la Logística en España”, señala Jaime Rodríguez. La Comunidad de Madrid discrepa de esta cifra y apunta que los conductores cobraban un precio por encima de los 19 céntimos por kilómetro, el baremo establecido por Fomento, “además de realizar un trayecto más que sospechoso”, apunta Pablo Rodríguez Sardinero.
Un conflicto que, según reconocen ambas partes a Bolsamanía, tienen intención de solventar. “La Comunidad de Madrid no está en contra del transporte colaborativo y estamos preparando una normativa que se adapte a esta nueva tendencia”, señala el director general de Transportes haciendo referencia asimismo a 'la eterna batalla' entre Uber y el sector del taxi. Por su parte, el country manager de BlaBlaCar asegura que “trabajaremos junto a ellos para lograr que nuestra actividad se regularice”.

AYUNTAMIENTO DE BARCELONA VS HOMEAWAY/AIRBNB

Un aspecto que demuestra el problema con el que se encuentra el sector en España es la diferencia legislativa por comunidades. Y uno de los ejemplos más claros es la normativa existente sobre el alquiler de viviendas para uso turístico por parte de particulares. Desde la propia CNMC consideran que este escenario “limita la presión competitiva en el mercado y genera una pérdida de bienestar para la sociedad”.
Un contexto que ha generado sanciones. El Ayuntamiento de Barcelona anunció una multa el pasado 24 de noviembre a las plataformas Airbnb y Homeaway con 600.000 euros a cada una por seguir anunciando pisos turísticos sin licencia registrada en el Registro de Turismo de Cataluña (RTC).
Desde el consistorio explican a Bolsamanía a través de un comunicado que “ambas empresas ignoraron el primer requerimiento por incumplir la normativa y se les impuso una sanción de 30.000 euros a cada una. Atendida la reincidencia, la tipificación de la infracción pasa de ser de grave a muy grave, por lo tanto, son sancionados con el máximo previsto por la Ley de Turismo, teniendo en cuenta el número de anuncios publicados, 3.812 Airbnb y 1.744 Homeaway, además del beneficio económico que obtienen”.
Desde el Ayuntamiento de Barcelona destacan que se ha rastreado a ambos portales con un sistema conocido como 'araña-web para detectar la oferta de pisos turísticos ilegales
Desde Homeaway han mostrado su disconformidad con esta posición. Un portavoz de la compañía asegura a este medio que “esta ciudad ha sido la única que ha sancionado nuestras prácticas. La obligación legal como plataforma viene recogida en la directiva europea sobre el comercio electrónico y su transposición nacional”.
Desde la compañía de alquiler vacacional colaborativo se apunta que en esa normativa se establece que “somos un canal de comunicación entre demanda y oferta y nuestra labor no es de verificación previa de si los pisos que se anuncian cuentan con el número de RTC". "Por lo tanto, la multa del Ayuntamiento de Barcelona a Homeaway es injusta porque no tiene competencia sobre internet”, indica el representante de la compañía.
Además, desde la plataforma digital se reclama “una mayor implicación por parte del Gobierno central en esta temática, ya que existe un caos entre la diferencia de normativas autonómicas y que, asimismo, incentiva la continua campaña de desprestigio del lobby hotelero hacia nuestra actividad”, apunta el portavoz de Homeaway.
Un desencuentro que promete extenderse. “La primera multa de 30.000 euros fue recurrida y pagada. En esta ocasión, recurriremos al Contencioso-Administrativo”, apunta desde Homeaway. Añaden, eso sí, su “predisposición a sentarse en una mesa para solucionar este hecho”. Por su parte, desde el Ayuntamiento que dirige Ada Colau señalan que “este tipo de infracciones se detectaron con la herramienta informática araña-web para detectar la oferta de pisos turísticos ilegales y continuará operativo”.

¿REGULARIZACIÓN?

Ambos ejemplos muestran la necesidad de una revisión del sector. La creciente demanda por parte de los usuarios exige al Gobierno central y a los autonómicos a consensuar un escenario que sea capaz de satisfacer a las plataformas digitales y a los actores de los negocios tradicionales.
El futuro es la convivencia de ambos sistemas. Para ello, el proceso de regularización e igualdad de competencia se convierte en necesario, para que la batalla legal de paso a una batalla por el mercado que terminará por beneficiar a los consumidores.

Francia obliga a hacerse autónomos a los agentes de la economía colaborativa

Article publicat a  Tendencias 21

La mujer adquiere también un creciente protagonismo en este nuevo escenario

Francia obliga a los agentes de la economía colaborativa a cotizar a la seguridad social, según una nueva ley aprobada esta semana en la Asamblea Nacional. Los que ganen más de 23.000 euros por alquilar una vivienda o 7.720 euros por alquilar su coche, tendrán que hacerse autónomos. La mujer adquiere también un creciente protagonismo en ese nuevo escenario.


Francia se ha convertido en uno de los países europeos pioneros en poner un marco legal y fiscal a la economía colaborativa.

Esta semana, la Asamblea Nacional ha aprobado una ley según la cual a partir de un cierto nivel de ingresos obtenidos por el alquiler de una vivienda o de un coche, los particulares deberán darse de alta a la seguridad social y cotizar como cualquier otro trabajador.

La nueva ley constituye un paso más en el proceso francés de regular la economía colaborativa. Otras leyes anteriores regulan las estaciones del año destinadas al hábitat participativo, las obligaciones de informar de actividades relacionadas con las plataformas de internet, y establece el estatuto de los trabajadores colaborativos.

Lo que establece la nueva ley es que cuando una persona obtiene ingresos superiores a los 23.000 euros por el alquiler de un apartamento o vivienda, o más de 7.720 euros al año por alquilar cualquier bien como un coche, esta persona debe afiliarse a la seguridad social y pagar la cotización correspondiente. Las plataformas colaborativas deberán asimismo gravar las estancias.

Pero Francia no sólo grava, también impulsa. El Gobierno lanzará a principios de año un proyecto para seleccionar 30 territorios colaborativos. También suprimió en 2014 el monopolio bancario sobre los préstamos remunerados y un decreto aprobado hace ahora un año autoriza a cualquier colectivo a recurrir a la financiación colectiva para realizar proyectos culturales y educativos.

Al igual que en otros países, las autoridades pretenden controlar un fenómeno que en Francia se manifiesta con fuerza: 9 de cada 10 franceses recurren a la economía colaborativa al menos una vez al año (datos de 2014). El mercado de esta economía se estima actualmente em 3.500 millones de euros y podría triplicarse de aquí a 2018.

Francia alberga además un total de 276 plataformas colaborativas, el 70% de ellas genuinamente francesas. Airbnb supera ya los 10 millones de estancias. Uber tiene 1,5 millones de usuarios en el país. Más de 2,3 millones de franceses han obtenido financiación para sus proyectos mediante sistemas colaborativos.

Como fenómeno social, el auge de la economía colaborativa desempeña un papel importante como impulsor del consumo en un país afectado por la caída del poder adquisitivo. Al mismo tiempo potencia el empleo, aunque sea precario.

Y como señala Les Echos, la economía colaborativa responde a nuevas aspiraciones sociales, ya sean generacionales (difunde una forma de vida emergente), ecológica (racionaliza el consumo), dinamiza las zonas rurales facilitando la movilidad y por último erosiona los monopolios que contienen la innovación.

Más información sobre la comparativa España-Francia en economía colaborativa

El caso de las mujeres

Otro  factor de cambio es la creciente importancia de las mujeres en el marco de la economía colaborativa, según se puso de manifiesto esta semana en el Foro de Mujeres celebrado en Deauville, más conocido como el Davos de las Mujeres.

En este foro se destacó que el  auge de la economía colaborativa favorece la feminización del trabajo. A medida que la economía colaborativa evoluciona hay quienes dicen que las mujeres pueden estar mejor preparadas para los cambios que van a llegar: no sólo están más habituadas a compartir, sino también al empleo precario.

“Tradicionalmente las mujeres eran las únicas con esta clase de empleos que no tienen la misma seguridad, incluso en la empresa tradicional. Ahora, un sector mucho más amplio de la sociedad está en idéntica situación. Podría argumentarse que los hombres se enfrentan ahora a los mismos problemas que las mujeres tienen desde hace tiempo”, explica la profesora de marketing de la Universidad de Londres, Giana Eckhardt, citada por Euronews.

El futuro de la mujer en esta forma de nueva economía está por descubrir, en opinión de la presidenta del Foro de Mujeres para la Economía y la Sociedad, Clara Gaymard, ya que nadie sabe qué va a ocurrir, ni los hombres y ni las mujeres. Pero ambos son actores del proceso porque estamos en un mundo horizontal. “Es menos jerárquico, se pueden romper barreras.

Así que es una herramienta de la que disponen las mujeres para empoderarse, actuar de la manera que quieren y participar activamente en este escenario”, señala.

El resumen de la reflexión del Davos de las Mujeres sobre la economía colaborativa señala que  se abre un nuevo capítulo en el que las mujeres pueden redefinir el mercado laboral y quizás, incluso, ser los actores principales en este nuevo escenario.

dijous, 26 de gener de 2017

El espejismo de los adversarios de la igualdad

Article publicat a Viento Sur
 
19/01/2017 | Michel Lepesant
Publicamos a continuación una contribución crítica al artículo de Michel Husson titulado “El espejismo del ingreso universal” publicado en Al’encontre [ver http://www.vientosur.info/spip.php?article12082]. Michel Lepesant nos indica en su mensaje electrónico del 3 de febrero que su “respuesta está escrita desde un punto de vista decreciente”. Efectivamente, precisa que él es “uno de los animadores del decrecimiento en Francia -miembro del MOC – y que no se reconoce en las críticas demasiado generales realizadas por Michel Husson”. Este texto puede ser la ocasión para propiciar intercambios que sean útiles. (Red Al’encontre)

La renta básica universal no es ya una propuesta política, es fuego artificial: de derecha a izquierda o a la inversa, de la Francia de Arriba a la de Abajo o recíprocamente, ¿qué candidato no incluye en su cesta electoral la propuesta de una renta básica o un subsidio universal?
A la inversa, esta abundancia suscita un ramillete de críticas y rechazos. Y es ahí donde reside el problema pues ninguna crítica se toma la molestia de un análisis mínimamente honesto, empezando sencillamente por no confundir a propósito las diferentes propuestas. Sin embargo, en general, estos análisis se conforman con aparentar que en su esencia todas las propuestas de renta básica universal serían más o menos equivalentes, se basarían en el mismo “postulado”, completamente “erróneo”, y desembocarían en el mismo “impasse estratégico”.
Así que para no sufrir la misma crítica, para no mezclar en el mismo saco todas las críticas, cada cierto tiempo tenemos que contentarnos con leer una única crítica a la vez: y así nos hemos topado con la (enésima) crítica escrita por Michel Husson /1.
Ya respondimos a una crítica precedente /2, así que, ¿por qué no volver a empezar? para Partir de una base común, empecemos por el final de su artículo: “la construcción de una estrategia alternativa anclada en la realidad de las relaciones sociales”; muy bien. Pero no puede haber “relaciones sociales” si previamente no hay una “sociedad”.
La propuesta que nosotros, como “amigos del decrecimiento”, defendemos parte precisamente de ese previo que es la existencia de una sociedad como “suma de individuos” -no, no somos liberales que creemos que los individuos precederían lógicamente, políticamente o jurídicamente a la sociedad y por eso no imaginamos una génesis ficticia de la sociedad mediante un “contrato” sea social o por una “validación social”- ni de una sociedad como “resta de individuos”- por lo que nuestra reivindicación de una renta es la de una renta básica universal incondicional, dado que la mínima condición significaría ipso facto la justificación de la exclusión, ¡evidentemente de los “vagos”, de quienes rechazan “trabajar”!
Contra semejantes críticas, al mismo tiempo “obreristas” e implícitamente “individualistas”, planteamos la coherencia de nuestra propuesta de una renta incondicional suficiente en la clara afirmación de un presupuesto ideológico en cuanto a la naturaleza misma de lo que entendemos por sociedad: lo que hace “sociedad” no es la libertad de los individuos, es la vida en común en el seno de un mundo común, esa es nuestra traducción “comunista” o “radicalmente igualitarista” de la vieja demanda de “una vida buena en una sociedad justa”. Por eso, no dudamos en violar la libertad de los (más) ricos a obtener una parte indecente de la riqueza que, no obstante, es producida, de forma directa o indirecta, por todos y todas: por eso no es cuestión defender una renta incondicional si no es suficiente.
Doblemente suficiente. Suficiente por arriba: sí a una renta máxima incondicional. Como “socialistas”, no creemos que pueda existir la mínima sociedad común mientras que a algunos se les permita, políticamente y fiscalmente, rebasar todos los límites de la decencia en materia de ingresos; no a la secesión de los ricos, sí al fin de ese asistencialismo que consiste en dejar a los ricos saquear riquezas de las que se creen la fuente. Suficiente por abajo: sí a una renta mínima incondicional, pues no se trata de reclamarse de un objetivo formal ­“Que una sociedad garantice unos ingresos decentes a todos sus miembros evidentemente, es un objetivo legítimo”­ aún es necesario garantizar materialmente los medios, es decir, los ingresos.
Así que doblemente suficiente. Es necesario que el montante de la renta incondicional sea suficiente: esta es una frontera nítida entre las versiones de la derecha y la de la izquierda; también es necesario poner un techo a los ingresos máximos: ¡el máximo de una ratio de 1 a 4 o a 6 es suficiente! Por eso pensamos que cualquier reivindicación de “renta básica” está huérfana si se queda muda ante lo máximo: para luchar contra la miseria, hay que oponerse a la riqueza.
Doblemente suficiente porque es doblemente limitada; en el marco de los que llamamos “espacio ecológico”.
1. De entrada, una forma de sonreír cuando leemos la maldad gratuita adjudicada al “decrecimiento” reducido a “frugalidad”: sí estamos por la “pobreza” /3 personal, sí pretendemos articular esta sobriedad tanto con la cuestión de la recuperación de la soberanía eminentemente social como con la gestión inevitable de los excedentes; sí afirmamos que el “binomio sobriedad personal/gasto social debe reemplazar el binomio austeridad social/exceso individual” /4. Dicho de otra forma, verdaderamente, no justificamos nuestra reivindicación de una renta básica universal incondicional mediante el mito de las nuevas fuentes de producción de valor (incluso cognitivo/numérico, el capitalismo sigue siendo capitalismo; no nos engañamos respecto a una evaluación económica de los servicios rendidos por la naturaleza) o por hipotéticas ganancias de la productividad (no hacemos de la “ganancia" una motivación válida para una vida serena, tampoco nos alegraríamos lo más mínimo de su aceleración): nuestro problema no es el crecimiento sino más bien el del decrecimiento (definido solamente como este momento de transición, este paréntesis entre mundo en crecimiento y mundo liberado de la religión de la economía)
2. Después, una forma de insertar explícitamente nuestra reivindicación de una renta incondicional suficiente en la cuestión ecológica; no, no ponemos la ecología en el corazón de la política; sí pretendemos lo contrario: en el interior de los límites naturales de la sostenibilidad ecológica (bajo un mínimo ninguna vida es sostenible; por encima de un máximo tampoco ninguna es duradera) es donde hacemos política.
Recordado esto, podemos volver a dos críticas que Michel Husson hace a todas las variantes de renta socializada, por tanto, a nuestra propuesta de decrecimiento: la cuestión del empleo y del pleno empleo; la estrategia de transición.
No, los partidarios del decrecimiento, no afirmamos que el pleno empleo sea inaccesible. Por una razón muy simple: consideramos que en una sociedad, todas las actividades, al margen de las actividades ilícitas, contribuyen directa o indirectamente a la producción de la riqueza social común. Sin embargo, hoy no solo se remunera únicamente una parte de estas contribuciones –justamente, a causa de incondicionalidad en la remuneración acordada a cualquier contribución– sino que el reparto entre contribuyentes está totalmente falseado en beneficio del “Capital” y en detrimento del “Trabajo”: esto se llama “correlación de fuerzas” y por nuestra parte, seguimos soñando en una organización social donde las relaciones de fuerza sean abolidas. Esa es la razón por la que no nos contentamos con llamar a la abolición del Capital, llamamos también a la abolición del Trabajo. En la pareja Capital-Trabajo, no queremos hacer un fetiche ni del Capital ni del Trabajo: por eso, de repente, le damos la espalda tanto a los capitalistas como a los partidarios del trabajo. Qué le vamos a hacer si es el precio a pagar por un poco de coherencia política. Así que es falso afirmar que todos los proyectos de renta básica constituirían una “renuncia a la lucha contra el capital”: pero cuidado con que las críticas, incluso las torpes y las malintencionadas, no constituyan a su vez una renuncia a la lucha contra el Trabajo (Pues queremos abolir la mentira del Trabajo como factor de integración social, reducir la importancia del trabajo, reducir el tiempo de trabajo; nosotros no queremos reducir el trabajo para que todo el mundo pueda trabajar, queremos compartir el trabajo para que todo el mundo trabaje menos).
A partir de ahí, si destacamos que un “empleo” es solo una actividad remunerada por un sueldo entonces, en una sociedad donde cada persona recibiera incondicionalmente un sueldo en reconocimiento (social) de su contribución, el pleno empleo deja de ser un objetivo pues siempre está tautológicamente realizado. El objetivo efectivo es la remuneración social de cualquier contribución social: ¡un sueldo es lo merecido!
Llegamos ahora a la segunda crítica, la de la estrategia política de la transición: ¡el problema de saber verdaderamente quiénes son los “tontos útiles” de esta historia! /5.
Sí, anticipamos la crítica de que la propuesta de remunerar cualquier contribución social corre el riesgo de monetarizar, e incluso mercantilizar, todo lo que hoy constituye una riqueza inestimable de la vida social. Es la razón por la que los partidarios del decrecimiento favorables a la renta básica incondicional defienden desde hace tiempo que el pago de esta renta se debería hacer en tres partes: una parte en moneda corriente, una parte en moneda local complementaria ciudadana (MLCC) y una parte en gratuidades. En relación a la tercera parte, se trata de promover una extensión del ámbito de los servicios públicos (a condición de redefinir el organismo recaudador y redistribuidor no como el estado sino como una “mutua institucionalizada”). No somos favorables a que toda la renta incondicional sea distribuida solo en gratuidades (pues cualquier gratuidad debe anticiparse a tres “perjuicios” intrínsecos: riesgo de prioridades, de vigilancia y de despilfarro). El reparto entre estas tres partes debe pues tener a su vez en cuenta coyunturalmente de un proceso de transición y estructuralmente de encuadre en términos de suelo/techo salarial.
Pero la estrategia de transición, es también la cuestión de la revolución del reparto de la riqueza común. Problema ampliamente debatido por ejemplo, en el seno de una plataforma reivindicativa durante las elecciones legislativas de 2012, corriente entre los partidarios del decrecimiento, alternativos y anticapitalistas (por ejemplo, en las tres circunscripciones de Ardèche y Drôme). Sin duda, ya se pueden llevar luchas a favor sin esperar a descolonizar nuestros imaginarios prisioneros del fetiche del Trabajo: en 2012, ya eran explícitamente propuestas como “caminos hacia una renta incondicional suficiente”.1) Una, subsidio universal decente concedido de forma incondicional a los jóvenes entre 18 y 25 años; 2) Una, seguridad social profesional garantizada en caso de pérdida de lo que hoy se llama “empleo” financiado por una fiscalidad drástica sobre los “beneficios”; 3) Incluso íbamos un poco más lejos pues no habíamos olvidado a quienes tenían más de 60 años: para ellos, ¡teníamos que reivindicar ya una jubilación incondicional de una cuantía única garantizada para todos!
Un último punto sobre esta cuestión de la estrategia: se trata tanto de evitar las soluciones milagro (la ruptura por la ruptura) como las seudo-soluciones (no es porque los explotados han integrado la alienación laboral por lo que el Trabajo manifiesta un mínimo potencial emancipatorio), pues tanto las unas como las otras, antes de fracasar lamentablemente e históricamente, no habrían hecho más que reforzar el sistema que pretendían superar.
Por esto, la propuesta de una renta básica incondicional (doblemente) suficiente tal como es defendida por la mayor parte de los partidarios del decrecimiento merece algo más que críticas mediante caricaturas y amalgamas, fantasías y fantasmas: 1) por una parte, su radicalidad se basa en una drástica redistribución de la riqueza tanto de las rentas como del reconocimiento acordado a todas las actividades y también a los “tiempos de trabajo” (especialmente a los de las “tareas penosas y actividades “de género”; 2) por otra parte, su coherencia social y ecológica, la hace hoy, en el momento del colapso, la propuesta más fuerte para osar romper todos los tabúes ideológicos que encierran aún hoy los debates sobre la transición, es decir, sobre una salida definitiva no solamente del capitalismo sino también del productivismo y del individualismo generalizado: y es ahí donde volvemos a encontrar la exigencia de una vida en común en nombre del igualitarismo radical defendido por nuestra posición.

Conferència Degrowth Budapest. Ponències

Textos en anglès de 21 ponències de la 5ª Conferència de Budapest de 2016
 


You can find the English texts here. For now, we have translated 21 texts:
  1. Introduction by Corinna Burkhart, Dennis Eversberg, Matthias Schmelzer and Nina Treu 
  2. 15 M by Eduard Nus
  3. Artivism by John Jordan
  4. Buen Vivir by Alberto Acosta (with VIDEO)
  5. Care Revolution by Matthias Neumann and Gabriele Winker
  6. Climate Justice by Tadzio Müller
  7. Commons by Johannes Euler and Leslie Gauditz
  8. Degrowth by Corinna Burkhart, Dennis Eversberg, Matthias Schmelzer and Nina Treu 
  9. Demonetize by Andrea*s Exner, Justin Morgan, Franz Nahrada, Anitra Nelson, Christian Siefkes
  10. Environmental Movement (NGO) by Franziska Sperfeld, Kai Niebert, Theresa Klostermeyer and Hauke Ebert
  11. Food Sovereignty by Irmi Salzer and Julianna Fehlinger
  12. Free Software by Gualter Barbas Baptista
  13. Peoples Global Action by Friederike Habermann (VIDEO coming soon)
  14. Radical Ecological Democracy by Ashish Kothari
  15. Refugee Movement by Olaf Bernau (with VIDEO)
  16. Solidarity Economy by Dagmar Embshoff, Clarita Müller-Plantenberg and Giuliana Giorgi
  17. Transition Initiativesby Gesa Maschkowski, Stephanie Ristig-Bresser, Silvia Hable, Norbert Rost and Michael Schem
  18. Unconditional Basic Income by Ronald Blaschke
  19. Unions by Jana Flemming and Norbert Reuter
  20. Youth Environmental Movement by Janna Aljets and Katharina Ebinger
  21. Closing chapter by Corinna Burkhart, Matthias Schmelzer and Nina Treu

La renta que divide al feminismo

Article publicat per Sin Permiso
Firma:
La renta que divide al feminismo
En una época de amplio debate sobre la Renta Básica Universal (en adelante, RB), y habiendo algunos países dispuestos a realizar algunas aplicaciones prácticas de diferentes tipos de rentas llamadas “universales” con más o menos fortuna (Finlandia, Canadá, Holanda, Escocia …), las dudas e inquietudes se han disparado entre la población.
Pero no solo la ciudadanía se pregunta sobre las ventajas o desventajas de una posible renta universal, sino que existe también un encendido debate entre algunos de los ámbitos, académicos y/o políticos, relacionados con colectivos que podrían estar más afectados directamente por ella. El feminismo, un movimiento plural y con un elevado grado de compromiso social, es uno de ellos.
Mientras una parte del feminismo saluda efusivamente la implementación de una RB, porque beneficiaría especialmente a las mujeres (del mismo modo que lo haría con otros colectivos en situación de pobreza u opresión), otro sector teme que una medida así refuerce los estereotipos y el lugar de “no poder” que actualmente ocupan mayoritariamente las mujeres.
Trataré de abordar algunas de las cuestiones que suscitan controversia para intentar aportar más argumentos a la discusión. Vaya por delante que las feministas no tememos al debate, sino que lo consideramos fuente de aprendizaje y construcción colectiva. El debate ha sido consustancial al desarrollo del movimiento feminista (baste recordar el enfrentamiento entre dos grandes feministas por el acceso de las mujeres al voto en España en 1931, Clara Campoamor y Victoria Kent).
  1. Algunas feministas temen que una RB pueda ahondar la división sexual del trabajo existente. Se trata de la crítica más extendida, que lleva a unas feministas a rechazar la implantación de esta medida, y a otras a aceptarla sólo condicionadamente. Como sabemos, el mandato cultural según el cual las mujeres son destinadas al trabajo reproductivo sigue vigente ya que, como señalaba la filósofa Victoria Sau, las características asociadas a los géneros es lo que menos ha cambiado a lo largo de los siglos. No hay más que ver a quién se destinan la gran mayoría de contratos a tiempo parcial, cuántas horas más trabajan las mujeres en el hogar respecto a los varones, quién se ocupa del cuidado de niñ@s y ancianos… de manera que las mujeres sufren un alto grado de culpabilización por aceptar trabajos fuera de casa, más aún si comportan responsabilidades directivas, siendo acusadas de abandonar el hogar, del fracaso escolar, divorcios y desestructuración familiar en general. Como, al mismo tiempo, continúa la situación de discriminación laboral en el mercado, con menores sueldos para ellas y mayor nivel de temporalidad y parcialidad, el temor de una parte del feminismo es que la RB provoque una caída de la participación femenina en el ámbito mercantil y un incremento de su presencia en el ámbito doméstico.
  2. En relación con la situación descrita en el apartado anterior, existe el temor a que una RB incentive una cierta reclusión en el ámbito doméstico y refuerce, indirectamente, los estereotipos tradicionales del “ser mujer”. ¿Sería posible que, al disfrutar de una renta básica incondicional, las mujeres eligiesen libremente la reclusión en el hogar? ¿Abandonarían masivamente el mercado de trabajo (o permanecerían en él discontinuamente) y regresarían al trabajo reproductivo a tiempo completo? Según estas premisas, la RB desincentivaría la búsqueda del trabajo remunerado y devolvería a las mujeres a la invisibilidad del hogar, perdiendo el refuerzo que supone el reconocimiento social y la creación de redes sociales y profesionales. Se revertirían, por tanto, los logros en el estatus y reconocimiento del trabajo femenino y se produciría una devaluación del estilo de vida de cuidados (que a duras penas se está empezando a valorar en la actualidad).
  3. Una RB podría aumentar la situación de desprotección y vulnerabilidad de las mujeres ya que, en el supuesto de que se conformaran con ella y se dedicaran al trabajo reproductivo, el hogar continúa siendo constitucionalmente inviolable, no hay inspectores para valorar las condiciones de trabajo. Existiría también una mayor vulnerabilidad para la violencia de género ya que, como sabemos, el núcleo familiar es el ámbito donde más violencia machista se produce. Por último, mantendría a las mujeres en un estado de pobreza, siendo imposible erradicar la llamada “feminización de la pobreza”.
También desde el feminismo, se ha dado respuesta a cada una de las objeciones anteriores. Las prevenciones y críticas expuestas no tienen en cuenta la evolución cultural, los avances en los derechos de las mujeres y parten de algunos prejuicios respecto a los deseos femeninos.
De entrada, la RB supondría la erradicación de la pobreza femenina, ya que todas las mujeres, independientemente de su estado civil, origen, edad o nivel académico tendrían garantizado un ingreso mínimo para poder vivir. Esto ayudaría a disminuir las dobles e incluso triples discriminaciones que se producen en nuestra sociedad por el hecho de –por ejemplo– ser mujer, inmigrante y además tener alguna discapacidad.
Por otra parte, las críticas que consideran que las mujeres escogerían la reclusión en el hogar no tienen en cuenta la necesidad de realización profesional de las mujeres, también muy poderosa, ni su deseo de progreso social. Los estudios de la socióloga Catherine Hakim en 2012, preguntando cuál era el deseo de las mujeres, dieron como resultado una intensa motivación para el desarrollo profesional, empresarial o artístico, y más del 60% optaban por poder combinar la vida familiar con la profesional, incluso disponiendo de una renta. Sólo un 10% accedería a no trabajar fuera de casa si tuviera suficientes ingresos económicos. En ese caso, puede ser una opción tan válida como otra cualquiera.
Es cierto que la RB es una medida que no garantiza la corresponsabilidad entre hombres y mujeres, en las tareas domésticas ni de cuidados, pero el solo hecho de disminuir la dependencia del mercado, así como la dependencia económica de las mujeres respecto a los hombres, posibilita unas bases más justas para la negociación de los tiempos de trabajo (doméstico, remunerado o voluntario), formación y ocio. Contribuye, por tanto, a una menor situación de subordinación femenina tanto en el ámbito mercantil como en el doméstico- familiar.
Por otra parte, la RB interviene en el mutuo condicionamiento de la esfera doméstica y la mercantil ya que convierte el trabajo remunerado en una forma más (no la única) de existencia material, desposeyendo así de la omnipresente centralidad al trabajo remunerado versus el doméstico no remunerado.
En todo caso, como cualquier otra medida que intenta disminuir la desigualdad (incluida la de género), la RB posee limitaciones. No puede, por sí sola, cambiar radicalmente todo un contexto cultural e ideológico de estereotipos patriarcales incorporado, mediante la socialización, en todos los ámbitos de nuestra vida.
Por eso es preciso combinarla con otras políticas públicas orientadas a la igualdad de género, a la superación de estereotipos y reconocimiento de la valía de las mujeres en la educación, los medios de comunicación, la política y la economía. Ambos tipos de políticas, la material y la cultural, pueden ser la clave del cambio social que el feminismo, sin división, propone.

Fuente: www.sinpermiso.info

Transformando los territorios desde la economía solidaria. Herramientas para el impulso de políticas públicas locales

divendres, 20 de gener de 2017

Por qué los ricos de Davos se interesan por la renta básica universal

Article publicat a El Diario

El foro discute por segundo año consecutivo sobre la necesidad de implantar una renta básica universal

La pérdida de empleos y el auge del descontento de las clases medias comienzan a convencer a los líderes mundiales de la necesidad de implantar esta medida




Nacen los primeros certámenes de belleza juzgados por robots
Davos se enfrenta a las consecuencias de la fala de redistribución en el capitalismo.



Desde hace ya un año, una preocupación sobrevuela el Foro de Davos (en Suiza). La digitalización de la economía, la automatización de los trabajos (creen que para 2020 se habrán destruido cinco millones de puestos de trabajo en el mundo sustituidos por robots), y el descontento social han sido un caldo de cultivo explosivo para que los supuestamente influyentes líderes que se encuentran en Suiza hayan decidido abordar la posibilidad de crear una renta básica universal.
El debate de implantar una renta básica llegó a España de la mano de algunos sectores de Izquierda Unida y luego de Podemos. Pero en otros países, grupos de interés que difícilmente coincidirán con Pablo Iglesias han sido los que han puesto sobre el debate la posibilidad de dar una renta mínima a los ciudadanos. En Estados Unidos ha sido el lobby de Silicon Valley el primero en analizar esta opción de forma más académica, con un grupo de trabajo propio que estudia el efecto en un determinado grupo de población.

Ya se reparte en Ontario, en Alaska, y en Finlandia acaba de comenzar. La idea de que no habrá trabajo para todos ni de la calidad suficiente para garantizar la supervivencia va cogiendo terreno. El precariado avanza en todo el mundo y Trump o el Brexit son las señales más claras de que ese descontento de las clases medias (occidentales) puede desembocar en una ruptura con el orden económico establecido, algo que preocupa a las élites económicas.
Por eso en Davos se habló en la cita del año pasado y  se habló de nuevo el martes de los riesgos y ventajas de implantar la renta básica universal. El Foro atrae a algunos de los principales gurús en la materia, que exponen ante este selecto auditorio lo que de alguna forma se respira en los pasillos como irrefrenable: solo un colchón soportará la caída de la clase media del primer mundo, desplazada por los robots y por el empuje de los países en desarrollo. Por eso también en el Foro se habla de otras fórmulas para edulcorar el capitalismo: "capitalismo responsable" o "capitalismo ético".
El experto de la universidad de Londres Guy Standing, que  acuñó el término precariado para referirse a una nueva clase de trabajadores con condiciones precarias, defiende la renta básica como forma de dar seguridad y una verdadera libertad de elección a estas personas.
Standing fue uno de los ponentes estrella en Davos. "Una seguridad económica y social básica es esencial para una toma de decisiones racional. Ya hoy, con mercados laborales flexibles y economías abiertas, millones de personas se enfrentan a salarios bajos e inestables y a una probabilidad cada vez más baja de escapar de la pobreza de ingresos, por muy duro que trabajen", defiende Standing.
En el Foro están participando también integrantes de los movimientos internacionales que impulsa la renta básica. Es el caso de Scott Santens, miembro de la red por una renta básica de EEUU y asesor del proyecto Renta Básica. Santens se pregunta qué haría una persona si supiera que cada mes va a ingresar mil dólares por el mero hecho de ser ciudadano. "O, posiblemente más importante, ¿qué no haría?", dice.
Santens lanza un desafío para los que lamentan amargamente la desaparición de los trabajos manufactureros o industriales. "Los trabajos manufactureros son para las máquinas. No lamentes su desaparición. Reclama a cambio una renta básica", suele decir este experto.
Uno de los desafíos de Davos, que nació como un club de innovación e ideas pero que se ha ido quedando hueco por su espectacularización (este año una de las asistentes estrella fue Shakira), es imaginar el mundo en 2030. Y las personas en las que Davos buscan inspiración se lo imaginan sin apenas trabajo, o no trabajo a tiempo completo, sin posesiones, ni casa, ni coche, con una renta universal y trabajos que complementen esos ingresos. Esta es la idea de la diputada danesa Ida Auken, que se ha imaginado un mundo hiperconectado, limpio y muy barato.

Corrientes enfrentadas

Pero el panel de expertos del martes dejó ver que las dudas en el establishment político persisten. La excomisaria europea Neelie Kroes, a la que se ha descubierto recientemente una sociedad offshore no declarada en Bahamas, no ve la opción de dar dinero a cambio de "nada", ya que la gente dejaría de trabajar, en lo que es la crítica más recurrente a esta medida.
El político indio Amitabh Kant imagina la renta básica universal como una especie de préstamo que nivelen en los inicios y los ciudadanos puedan devolver al Estado de varias formas. Esta idea choca con lo expuesto por los defensores de la renta básica, que creen que siempre habrá colectivos que no serán capaces de devolver el dinero prestado.
Pero sí concuerdan con Kant en que la renta básica no debe ser en ningún caso un sustituto al trabajo. "Las personas deben seguir colaborando por el bien común de la comunidad", defiende el profesor de Harvard Michael Sandels.
Lo que aún levanta más ampollas es la forma de financiarlo. Standing defiende que los subsidios a la energía fósil o "el capitalismo rentista" (las rentas que obtiene una minoría por propiedades), serían suficientes para financiar parte de esta renta. Hay quién habla de poner un impuesto a los robots, como Pepe Álvarez, secretario general de UGT y cuya opinión ha sido reflejada por la revista de Wharton, la escuela de negocios de Penn, una de las universidades más prestigiosas de Estados Unidos y que la web del foro de Davos se ha encargado de replicar.

Dudas sobre el altruismo de la medida

¿Por qué la renta básica es ahora foco de interés para Davos e incluso para la cuna de la tecnología, Silicon Valley? Los nuevos modelos de trabajo, la robotización y la probable desaparición de miles de puestos de trabajo en los próximos años están detrás de su interés por buscar fórmulas que mitiguen los cambios.
Silicon Valley está llevando a cabo un proyecto piloto para comprobar los efectos de la renta básica. "La motivación que hay detrás es empezar a explorar alternativas a la red de seguridad social que existe. Si la tecnología destruye empleos o los empleos siguen convirtiéndose en cada vez menos seguros, un número cada vez mayor de personas serán incapaces de vivir con las ganancias de sus empleos", explica la investigadora Elizabeth Rhodes, directora del proyecto.
Sin embargo, las críticas a este modelo también son muchas y señalan los intereses que hay detrás. "Las compañías tecnológicas se llevan a casa los beneficios y afrontan cada vez menos presión para pagar un salario que dé para vivir a sus empleados que no consideran como tal", dice el experto en ética de la tecnología Jathan Sadowski en The Guardian.
Guy Standing reconoce que algunos de los defensores de la renta básica la ven como un sustitutivo de la mayoría de prestaciones y servicios del Estado, mientras que otros la conciben como una especie de "dividendo social".